Ha transcurrido poco más de medio siglo de aquel momento memorable en el que Fidel y demás miembros del Gobierno Revolucionario dieron fuerza legal ejecutiva, con su firma en la Comandancia de La Plata, a un histórico pliego que consolidó definitivamente en nuestra Patria la alianza obrero-campesina y determinó a los imperialistas a llevar a cabo el plan de agresiones contra Cuba: la Ley de Reforma Agraria.
El 14 de mayo del 2012, la Corte Suprema de los Estados Unidos denegó a la compañía cubana Cubaexport la posibilidad de defender su derecho de renovar el registro de la prestigiosa marca Havana Club, ante la Oficina de Marcas y Patentes de los Estados Unidos (USPTO), obstaculizado por la negativa de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), adscrita al Departamento del Tesoro, a otorgar a la entidad comercializadora cubana la licencia que le hubiese permitido renovar la marca registrada en ese país desde 1976 hasta el 2006.
Un despacho de la principal agencia de noticias norteamericana AP, fechado hoy en Monterrey, México, lo explica con irrefutable claridad. No es el primero, ni será sin duda el último, sobre una realidad que echa por tierra la montaña de mentiras con que Estados Unidos pretende justificar el destino inhumano que reserva a los pueblos de Nuestra América.
