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Ernesto Villegas: “O hacemos que América sea nuestra, o será para los americanos del Norte”

Por: Enrique Ubieta

Periodista de profesión, o “reportero” como gusta de calificarse, Ernesto Villegas Poljak (Caracas, 1970), ha sido presidente de Venezolana de Televisión y Ministro de Comunicación e Información de los gobiernos revolucionarios de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro. En la actualidad es el Ministro de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela. Sostuvimos esta conversación durante la celebración del Foro de San Pablo en La Habana, en julio de 2018.

¿Cómo se define a sí mismo?

Bueno, es un periodista prestado a estas labores, que las asume como una tarea revolucionaria. Yo soy un reportero que ha escrito algunos libros. Nací en el seno de un hogar de izquierda, mi padre y mi madre fueron militantes del Partido Comunista de Venezuela, mi papá fue un dirigente sindical comunista. Mi mamá fue una croata que huyó de los nazis, de los hustachis, esos que reivindica por cierto la presidenta actual de Croacia. Y bueno, nací en el seno de esa familia, con valores, principios y sueños que veo realizables solo por la vía de una Revolución y esta que está en curso en Venezuela y con implicaciones continentales, es la concreción del único camino posible para que los seres humanos no terminemos siendo una simple mercancía o un número más en la contabilidad de los dueños del planeta. Fui el último ministro de información y comunicación del Presidente Chávez, lo entrevisté en varias ocasiones siendo periodista, pero no lo conocía antes del 4 de febrero de 1992 –tenía 22 años cuando el comandante apareció en la escena política venezolana–, pero tuve la suerte, el privilegio inmerecido, de ser llamado a formar parte de su gobierno y de acompañarlo durante algunos meses. Mi último libro, por cierto, es de entrevistas al comandante Chávez, se llama Buen día, Presidente y son catorce entrevistas, porque yo hacía un programa de televisión en las mañanas, y él después de regresar de Cuba tras las operaciones que le practicaron, tomó por costumbre levantarse más temprano, y eso le permitió ver el programa que yo hacía y empezar a comunicarse durante su trasmisión vía telefónica. Sus “interrupciones” terminaban siendo el plato fuerte de ese programa y se producían diálogos, interacciones muy interesantes entre Chávez, vía telefónica, y los invitados que tenía en el estudio, y las preguntas que yo lograba hacerle. Todo ese intercambio terminó siendo parte de este libro, en el cual el lector encontrará a un Chávez muy reflexivo, muy autocrítico de su modo de vida y de cómo había asumido su apostolado revolucionario, y con Nietzche bajo el brazo hacía balance de sus errores fundamentales, cantaba, mostraba su extraordinaria personalidad. Ahora estoy leyendo un libro que se titula La política de los afectos de un señor de apellido Lordom que escribía en Le Monde diplomatique y me interesa mucho ese ángulo, porque Chávez y Fidel, esos dos liderazgos descomunales, por supuesto que apelaban a la racionalidad, a lo racional de una propuesta política, que es indispensable, pero también desarrollaron una línea de relación con sus pueblos basada en el afecto, y eso es sumamente importante en la política revolucionaria, creo que es un aporte que debemos estudiar aquellos que pretendemos levantar las banderas de la Revolución.

Se ha discutido la importancia de la cultura para la política revolucionaria, entendida esta última también como un ejercicio cultural, ¿cómo concibe esa relación?

Bueno, cultura es toda intervención del ser humano sobre la naturaleza, y a veces tendemos a confundir cultura con artes. En realidad, el sentido más amplio que cabe en ese término es el que debe ser considerado en su relación con la política. Las artes son una parte muy importante y hermosa de la expresión cultural, pero la cultura está implícita también en el modo en que nos organizamos como sociedad, para transformar la naturaleza, para relacionarnos entre nosotros. De modo que se reafirma la necesidad de que los procesos revolucionarios incluyan una revolución de y en la cultura. No hay Revolución sin revolución cultural. Ya es prácticamente un lugar común, pero hay que repetirlo, y sobre todo, aterrizarlo en las propuestas para la construcción de sociedades alternativas, diferentes a la “fatalidad” del capitalismo neoliberal, cuyos valores penetran y están incrustados en la superestructura, incluso de las sociedades que pretenden avanzar en la construcción del hombre y la mujer nuevos.

Muchos cubanos hemos pasado por Venezuela, en estadías cortas o largas, lo que es una manera también de reciclarnos como revolucionarios, sobre todo para quienes no vivimos los años iníciales de nuestra Revolución, y allí pude observar lo que suele constituir un equívoco: la reproducción de los valores capitalistas no se produce en los artículos de fondo de la prensa que sirve esos intereses y que ataca a la Revolución; se produce en una zona “menos politizada”, en las páginas “sociales”, donde se construyen los modelos de éxito individual, y se narra la vida de los millonarios y de la nobleza europea…

Así es. Y eso responde además a una super individualización de las aspiraciones en la sociedad capitalista, que prácticamente execra las aspiraciones colectivas para inculcar en los niños incluso, la visión individualista, egoísta, personal, como único motor de la vida humana. Nosotros debemos reafirmar nuestra necesidad gregaria como seres humanos. Y establecer un equilibrio entre la satisfacción de las necesidades individuales con la noción colectiva de todo proceso histórico. Hoy mismo vivimos en Venezuela una tensión entre esos dos modelos. Hay una situación de agresión económica contra nuestro pueblo, un bloqueo, una persecución, una maquinaria de destrucción de la capacidad adquisitiva del bolívar, que ha causado muchos dolores y heridas en la sociedad venezolana y ha hecho que resurjan expresiones especulativas groseras, la búsqueda de la máxima ganancia a costa de la necesidad ajena, y al mismo tiempo se ha producido el florecimiento de muy reconfortantes experiencias de organización y de solidaridad entre las comunidades. Estamos en la búsqueda de soluciones colectivas mediante las organizaciones populares, frente a problemas que son comunes. Tenemos instancias organizativas en las comunas, consejos comunales, comité locales de abastecimiento y producción, comunidades que buscan reivindicar la organización popular como la vía para la satisfacción de las necesidades colectivas. Nuestro pueblo ha sorprendido a propios y extraños con sus altos niveles de conciencia, y con su capacidad para salirle al paso a la arremetida imperial. Hemos tenido unos éxitos electorales impresionantes, impensables en una coyuntura como esta. Es más, yo diría que la Revolución bolivariana ha contado con un acompañamiento popular, que nunca ofreció a ningún otro proceso o liderazgo político. Ha sido justamente el Presidente Nicolás Maduro, por y con el legado del comandante Chávez, el que ha podido obtener ese voto de confianza en medio de estas circunstancias. Otro gobierno no hubiese podido sobrevivir a una situación tan ruda y exigente. El pueblo ha reafirmado su confianza en que ese camino es el único capaz de alcanzar los sueños de Chávez. Incluso personas que pueden tomar distancia o sentirse en una situación de disconformidad, si indagas en sus razones, encuentras que añoran o aspiran a la concreción de los sueños de Chávez, a la visión del mundo de Chávez, impregnada de los valores del socialismo o de la solidaridad de los primeros cristianos, de la noción soberanista de independencia. El proyecto colonizador explícito que agita la derecha, tiene muy poca aceptación en la sociedad venezolana. De hecho, si vamos a los votos, el candidato presidencial que enarboló la bandera de la dolarización obtuvo la peor votación que candidato opositor alguno haya obtenido. Ese proyecto de dolarización no solo era económico, una especie de zanahoria en la nariz del caballo, también era un proyecto cultural.

Hay dos procesos en marcha, uno es la Constituyente y el otro es el Congreso del Partido

Estamos en un proceso Constituyente en Venezuela que es la continuidad de aquel que inició el comandante Chávez con su convocatoria del año 1999. Y podríamos ir un poco más atrás: es un proceso constituyente que por la vía de los hechos el propio pueblo venezolano activó el 28 de febrero de 1989. El Presidente Nicolás Maduro apeló a ese proceso constituyente, cuando hace un año la derecha pro-estadounidense desplegó un aparato de violencia callejera terrible, que causó muchas muertes y destrucción al país y que nos puso en una confrontación interna de marca mayor y fue el pueblo venezolano con el poder constituyente quien logró apagar esa llamarada de destrucción que activó el imperialismo en Venezuela. Ahora mismo estamos en un proceso de nuevo comienzo, porque el poder constituyente convocó a elecciones presidenciales que fueron ganadas por el Presidente Nicolás Maduro Moros, y estamos a las puertas de una nueva etapa de la Revolución bolivariana, que él mismo ha denominado como un nuevo comienzo. El poder constituyente desde la Asamblea Nacional Constituyente, acompaña ese proceso y hay grandes expectativas, porque serán aplicadas las acciones necesarias para revertir los efectos del bloqueo y la persecución financiera contra Venezuela. Esa es en este momento la más urgente de las tareas, al tiempo que, por supuesto, se despliegan las siete líneas estratégicas que el Presidente Nicolás Maduro Moros ha trazado, algunas de las cuales pasan por iniciativas que deben ventilarse a través de la Asamblea Nacional Constituyente, está pendiente también la elaboración de un nuevo proyecto constitucional que debe significar un salto cualitativo en el articulado actual de la Constitución Bolivariana de Venezuela. Todo eso va en paralelo a la convocatoria al IV Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela, que debe poner a tono también al Partido con el momento político venezolano y mundial. Estamos asistiendo a un momento geopolítico mundial sui géneris, y Venezuela y sus instituciones políticas deben adaptarse y tomar las acciones necesarias para fortalecerse en medio de un mundo lleno de amenazas y también de grandes oportunidades para la unión latinoamericana por ejemplo, nosotros apostamos a un nuevo momento geopolítico en América Latina que ya va asomándose en el horizonte y tenemos razones para observar la desesperación en las fuerzas imperiales del continente, particularmente en los Estados Unidos porque ya pasó el tiempo en que bastaba un gesto en Washington para que sus órdenes se cumplieran de forma automática, gracias a Dios y gracias a los pueblos.

Una última pregunta, ¿qué espera de la izquierda latinoamericana?

Aspiro a que tengamos conciencia de conjunto, a que nadie pretenda conseguirse un rinconcito en el que refugiarse, para permanecer al margen de todos los procesos que vienen dándose en el continente. Siento que hoy es necesaria la solidaridad con todos nuestros pueblos, siento que no hay agendas individuales de la izquierda que puedan tener éxito en un país y hacerse los desentendidos de lo que ocurra en otros. Tenemos una necesidad de reconocimiento mutuo de todo cuanto acontece en nuestros países, hasta el gigante Brasil vivió y sigue sintiendo los efectos de la arremetida imperial, con la subordinación de las burguesías locales, que pretende imponer una agenda de recolonización. Entonces, hoy es imprescindible que la izquierda desarrolle la solidaridad, la única vía de que podamos llevar a la práctica el sueño de Bolívar, de Miranda, de Martí. O es nuestra América, o la hacemos nuestra, o será para los americanos del Norte. Eso tiene que traducirse en la práctica, no puede reducirse al saludo a la bandera. Hay que actuar en consecuencia con la concepción nuestro-americana.

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