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Quemar las naves. Por Karima Oliva Bello y Vibani Baruni Jiménez Hidalgo.

Introducción

El esfuerzo por hacer un socialismo próspero y sostenible en Cuba se sigue enfrentando hoy a un constante asedio que tiene como finalidad la restauración del capitalismo. Esto no puede ser comprendido al margen de la sofisticación de las armas de dominación económica e ideológica del capitalismo a escala global, cuyo alcance ha aumentado con el auge de los medios masivos de comunicación en las sociedades contemporáneas.
En nuestra región, el intento por construir sociedades más equitativas y justas, sin realizar cambios estructurales capaces de desmantelar el capitalismo, demostró la imposibilidad de sostener en el tiempo un cambio social verdadero a favor de las mayorías históricamente explotadas. Hoy podemos comprender que el carácter radical que ha tenido la Revolución Cubana en su ruptura con las estructuras de dominación capitalistas ha sido uno de los factores determinantes, no el único, que creó las condiciones de posibilidad para que se dieran las hondas transformaciones sociales que han favorecido por seis décadas de forma continuada a varias generaciones de cubanas y cubanos, mientras se han estado agudizando las problemáticas sociales a
escala global por el avance del neoliberalismo. La Revolución Cubana es un proceso histórico inacabado que se ha defendido en las condiciones más críticas y adversas, sin sacrificar los principios fundamentales que han estado, desde siempre, en el centro de su razón de ser. En ese sentido, la claridad frente a lo que representa el capitalismo hoy y cuáles son algunos aspectos importantes desde donde pensar la continuidad del socialismo resultan fundamentales.

Capitalismo y guerra

No es posible entender la dinámica del capitalismo sin el concepto de guerra, como señala Marcos SCI (2007), en la actualidad el capitalismo hace la guerra a la humanidad entera. La reproducción del sistema se sostiene en la permanente reconquista de territorios1 a partir de dos procesos que se dan de forma simultánea: destrucción-despoblamiento y reconstrucción-reordenamiento (Marcos SCI, 2011). La explotación ilimitada del trabajo a los fines de acumulación del capital implica necesariamente medidas radicales para la ocupación de nuevos territorios, la devastación del entorno natural y social, la exclusión sistemática de millones de seres humanos y el sometimiento de las resistencias.

Los resultados de esta guerra de despojo y explotación a escala global, instaurada en beneficio de las élites económicas del mundo, son aprovechados por el capitalismo del desastre, ampliamente descrito por Naomi Klein en su libro La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre (2007). De la permanente crisis humanitaria y ecológica producida por el sistema capitalista se desprenden duras realidades, como el agotamiento de los recursos naturales junto con niveles de contaminación incontenibles; y fuertes contrastes, como la producción ilimitada de nuevas mercancías para grupos cada vez más reducidos, junto con la imposibilidad de acceder a la satisfacción de sus necesidades básicas para sectores cada vez más amplios de la población. Dentro de los países subordinados a los intereses de las potencias capitalistas se aplican reformas neoliberales desde donde se desmantela la función social del Estado y se profundizan las desigualdades. El poder económico y político se concentra en oligarquías nacionales y/o extranjeras, generándose una patente descomposición social expresada en altos índices de violencia y miseria.

Resulta pertinente señalar que las armas económicas, políticas y mediáticas diseñadas para mantener ese estado de guerra en contra de la población mundial, son acordes a la estrategia militar con la que el imperialismo estadounidense busca imponer su hegemonía, incluso más allá de un elemental sentido de supervivencia, en tanto su política expansionista incrementa continuamente el riesgo de una guerra de aniquilación de la especie, tal como lo ha señalado Noam Chomsky (véase Noam Chomsky, Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos).

La guerra capitalista es total y no reconoce fronteras. Se impone en el territorio de los países dominados utilizando mecanismos que varían en sus formas y niveles de violencia. Estos van, desde incursiones militares, golpes de Estado, terrorismo, tortura y exterminio; hasta guerras de baja intensidad, reformas económicas, desinformación y campañas mediáticas. Por otro lado, el interior mismo de los países dominantes también está en disputa, y la guerra incluye entre sus objetivos el desmantelamiento de las conquistas sociales alcanzadas por la lucha de los trabajadores durante décadas. Aunque varía la intensidad y los medios, la ofensiva capitalista para despojar a los pueblos se repite en el mundo con el mismo propósito: la conquista y reconquista de territorios, y la derrota física y/o moral de las resistencias para abrir paso a los negocios de las élites económicas. Las recetas neoliberales que consisten en la privatización de recursos naturales, medios de producción y servicios, desregulación del mercado y recortes del gasto social, tan sólo muestran la forma más evidente de la barbarie capitalista, imponiéndose de manera contundente en los países subordinados y en ocasiones de forma más acotada en los países económicamente desarrollados. Esto para proteger sectores estratégicos de la economía y evitar que se vean en desventaja respecto a otras potencias que son competencia en el mercado mundial, pero sus efectos destructivos no dejarán de sentirse en la clase trabajadora.

Destrucción- despoblamiento

Como señala Marcos SCI (2011) “(…) las guerras ahora no se conforman con conquistar un territorio y recibir tributo de la fuerza vencida. En la etapa actual del capitalismo es preciso destruir el territorio conquistado y despoblarlo, es decir, destruir su tejido social. Hablo de la aniquilación de todo lo que da cohesión a una sociedad.” En este sentido, el proceso de destrucción-despoblamiento en la guerra capitalista implica el desmantelamiento de una sociedad en sus aspectos económicos, políticos y socioculturales. La reducción del Estado moderno a un gestor de los intereses del capital conlleva la destrucción de la soberanía e independencia de una nación, así como el quiebre de cualquier pacto social, siempre en beneficio de los intereses del mercado capitalista como poder supremo. Los conceptos de libertad, justicia y democracia adquieren un carácter formal y son negados permanentemente en las condiciones reales de existencia para millones de seres humanos excluidos, despojados y explotados por el capital. Pero la reproducción de un sistema que niega en términos reales derechos fundamentales para las mayorías también requiere, desde una perspectiva cultural, borrar una parte central de la historia de los pueblos, que es en definitiva, su lucha por la justicia social como elemento fundamental desde donde definen su identidad. La ofensiva capitalista en contra de la diversidad social y cultural propia de cada pueblo expresada en sus valores, costumbres y formas singulares de sentir, pensar y organizar la vida social, consiste también en la infravaloración de la diversidad como un conjunto de elementos accesorios que deben subordinarse, en última instancia, a la cultura única del mercado y al “progreso” basado en el lucro.

Es así como la destrucción-despoblamiento, en la permanente guerra del capitalismo, se caracteriza por la usurpación de cada territorio y su población no sólo en términos materiales sino, sobre todo, culturales. Un territorio saqueado, con una población fragmentada y estratificada, sin un proyecto propio de organización social, despojado de independencia, historia e identidad, deja de existir como pueblo y es susceptible de ser dominado, es decir, reconstruido y reordenado en función de un modelo de sociedad capitalista.

Reconstrucción- reordenamiento

Siguiendo a Marcos SCI (2011) “(…) no se detiene ahí la guerra de arriba. De manera simultánea a la destrucción y el despoblamiento, se opera la reconstrucción de ese territorio y el reordenamiento de su tejido social, pero ahora con otra lógica, otro método, otros actores, otro objetivo. En suma: las guerras imponen una nueva geografía.” La reconstrucción-reordenamiento consiste en imponer y reproducir el modelo de sistema único en cada territorio ocupado por los intereses del capital. Así, la privatización del entorno social y su reconstrucción en un sentido lucrativo, se basa en la ocupación y dominación por parte de nuevos actores que imponen su propia agenda para defender sus intereses económicos. De esta manera, el afianzamiento de una clase empresarial en la sociedad, opera al mismo tiempo la reconversión de la economía y la política para que se correspondan de manera cada vez más eficaz al funcionamiento del capitalismo como sistema.

En muchos lugares, el proceso de reconstrucción-reordenamiento capitalista ha requerido la reducción del Estado principalmente a sus mecanismos de coerción y control social, para contener el descontento popular que implica la relegación de amplios sectores de la población a una condición marginal en términos económicos, políticos y sociales. Es así como la destrucción del tejido social, y su reordenamiento, se acompaña también por mecanismos de control mediático, que manipulan los hechos en función de los intereses de las élites económicas emergentes, desacreditando cualquier signo de rebeldía y normalizando una cultura de la resignación a ser excluidos y del conformismo con el sistema de dominación.

Para garantizar el funcionamiento adecuado de la máquina capitalista es necesaria la supresión de las resistencias, que se realiza especialmente a partir de la producción de una cultura de dominación, acorde al sistema hegemónico en términos ideológicos, que suscite el renunciamiento a cualquier alternativa. En este sentido, el sistema no solo necesita una tierra arrasada sino, sobre todo, una tierra susceptible de ser controlada y rentable, para este fin, la imposición de una cultura burguesa resulta imprescindible. El reordenamiento capitalista implica la imposición de la ideología que responda a las necesidades de reproducción del sistema, naturalizando las profundas desigualdades sociales, legitimando la explotación del trabajo y la superioridad de los valores de la clase que domina económicamente la sociedad. Así, la imposición de una manera de entender e interpretar el mundo es una pieza clave en los mecanismos de reconstrucción-reordenamiento capitalista, que están indisolublemente ligados con la guerra cultural a escala mundial. En este aspecto, Martínez F. (2001) apunta:

El esfuerzo hegemonista principal del gran capitalismo actual está puesto en una guerra cultural mundial. Su objetivo es que todos aceptemos que la única manera posible de vida cotidiana es la que obedece las reglas del capitalismo, y que estas reglas constituyen el deber ser de la vida ciudadana. Sólo de ahí en adelante es que las diversidades son admitidas, y hasta estimuladas en ciertos casos, para controlarlas y manipularlas. (p.62)

La guerra cultural

Un aspecto fundamental de la dominación cultural es la imposición de los valores propios del sistema capitalista sobre la vida cotidiana de un pueblo, la hegemonía del valor de las cosas sobre el valor de las personas, a través de la estimulación del máximo lucro como meta fundamental y la acumulación económica individual como principio rector. Las metas de lucro y acumulación económica como principios de vida, serán inalcanzables para la inmensa mayoría de la población y beneficiarán sobre todo a una pequeña élite. Esto conlleva un costo social inmenso, ya que además de generar profundas desigualdades, implica el abandono de cualquier aspiración por crear un proyecto colectivo que tenga como principios la justicia social y el bien común. Es así como el reordenamiento capitalista no podría completarse sin la derrota moral de cualquier tipo de resistencia al modelo hegemónico, la desestimación y olvido de los objetivos, logros, esperanzas, principios y valores de cualquier otra forma de organización social. La reducción de las resistencias a la resignación es un objetivo fundamental de la guerra cultural, que en la época actual es global y tendrá como propósito general suprimir cualquier alternativa en el mundo que cuestione un destino impuesto por el capitalismo.
En el contexto de esta guerra cultural, la ofensiva ideológica se mantiene vigente y actuante, sus mecanismos cambian, pero el propósito sigue siendo el mismo: la derrota moral de las resistencias para el reordenamiento capitalista de los territorios ocupados. El sistema produce constantemente modos de subjetivación acordes con sus modos de producción y consumo, es decir, formas de aprehender la realidad que definen maneras de vivir, pensar y sentir propias de una cultura de dominación. “Nunca se insistirá demasiado en que la burguesía no gobierna por simple dominio de las condiciones de producción, sino sobre todo, a partir de su sistema político ideológico y de una formidable cultura de dominación que es consumida habitualmente por todos, de mil maneras.” (Martínez F. 2001. p.200).

El liberalismo como doctrina política será acorde a la moral burguesa desde donde se exalta el individualismo, que en realidad representa la alienación del individuo, produciendo una cultura de la cosificación donde las relaciones humanas se mercantilizan en correspondencia con el modo de producción capitalista. La expansión de valores y símbolos funcionales al capitalismo son un mecanismo necesario para la producción de identidades predefinidas y útiles al sistema. En este campo, los medios masivos de difusión y las tecnologías de la información y las comunicaciones son usados frecuentemente como armas al servicio de esos propósitos. El bombardeo publicitario permanente, y en ocasiones la más burda propaganda comercial, será también el modelo de la política y la cultura convertidas ahora en espectáculo de entretenimiento y consumo, donde los personajes más lóbregos pueden alcanzar las  mayores cuotas de poder mediático hasta convertirse en jefes de Estado o nuevos influencers a conveniencia de los intereses del mercado.

Sin embargo, en la producción de identidades útiles, el aparato ideológico de mercado tendrá otra tarea importante: imponer los marcos necesarios parainterpretar la realidad social. Para esto es imprescindible la producción de sus propios relatos, es decir, su manera de presentar la historia ocultando los hechos. Por su parte, los mecanismos de ocultamiento también estarán diversificados, como señala Martínez F. (2001): “El crecimiento impetuoso y desatado de las desigualdades en el mundo se hace público y se trivializa. Una nueva manera de ocultar consiste en mostrar “todo”, en realidad de manera controlada, con medios, modos y gentes controladas.” (p.277).

Los relatos mediáticos del capitalismo se caracterizan más por lo que ocultan que por lo que muestran, intentan borrar la historia, que es la memoria colectiva, para presentar una narrativa desde donde se pretende legitimar el permanente reordenamiento capitalista. En este sentido, los relatos tienden a justificar la reproducción de “lo mismo” y se fundan en el olvido y la negación de “lo otro” diferente. Mediante la presentación selectiva de los acontecimientos y la manipulación de los hechos, cargados con un fuerte contenido propagandístico, se muestra una imagen distorsionada de la realidad que sirve para presentar como éxitos los grandes crímenes propios del sistema. Así, las invasiones militares utilizadas para el acaparamiento y explotación de los recursos de los países vencidos son presentadas como heroicas gestas por la defensa de la democracia, los golpes militares fascistas en contra de gobiernos populares son contados como el restablecimiento del orden necesario, las crisis sociales generadas por la aplicación de las recetas neoliberales son descritas como “milagros económicos”, y la devastación de la naturaleza es presentada como el camino necesario del progreso y la civilización. Todos estos acontecimientos tienen como elemento común las grandes oportunidades de lucro que abren para las élites económicas a costa del despojo, explotación y sufrimiento para la inmensa mayoría de la población mundial.

Aunque formen parte intrínseca de la historia de los procesos de acumulación capitalista, los desastres actuales son presentados como hechos aislados y desconectados, eventos fortuitos y accidentales ajenos a la naturaleza del sistema. Los relatos mediáticos no estarían completos si faltaran las advertencias sobre lo indeseable de cualquier alternativa al sistema hegemónico, cualquier esfuerzo de organización de la vida social que represente una alternativa al capitalismo es retratado como peligroso, inviable e ineficaz. Si no puede ser desalentado antes de aparecer o destruido de manera inmediata, los logros de cualquier desafío serán desestimados y sus dificultades sobredimensionadas.

El mensaje es claro: nada puede ser distinto a lo que fue y no existe otro futuro posible más allá del capitalismo, cualquier proyecto diferente es peligroso y está destinado al fracaso. Si apareciera algún desafío a ese orden, será el blanco de todo el arsenal de guerra del sistema. Así, la negación de las capacidades humanas de creación y mejoramiento para imponer la resignación como destino, se basa en la presentación de un futuro cerrado, homogéneo, predefinido, inalterable e inapelable. Y quizá el riesgo más grande es que actualmente la resignación al capitalismo representa también la resignación a nuestra extinción como especie.

En este sentido, lo que caracteriza la guerra actual del capitalismo y sus procesos de reconstrucción-reordenamiento en el plano cultural, es la imposición de un continuismo paralizante a través del futuro negado para la inmensa mayoría de la población, la resignación a las formas de dominación del sistema, la producción de identidades ajustadas a las demandas del mercado, el olvido impuesto como relato mediático, el liberalismo como ideología y la liquidación de cualquier resistencia.

Martínez F. (2001) señala que “El capitalismo centralizado les ofrece hoy a todos los países —aunque en distintos grados y formas— una instancia decisiva de homogeneización.” (p.75). Acorde a la cultura de mercado característica del capitalismo, su continuismo se expresa en una homogeneidad diversificada, es decir, la reiterada presentación de lo mismo en múltiples formas, que muestran la “diversidad” controlada y tolerada por el sistema. La novedad en los diferentes ámbitos de la vida social será incluso incentivada, mientras no represente ningún riesgo para el statu quo, esto le dará una apariencia renovada y actual al viejo sistema de dominación para hacerlo parecer atractivo. Pero la apariencia se desgasta y resulta siempre insuficiente para tratar de ocultar la magnitud del desastre y el profundo desprecio a lo diferente que no renuncia a existir.
La dominación capitalista nunca ha sido absoluta ni definitiva, la defensa de la vida renace en el mundo con cada generación. Los pueblos oprimidos se organizan, resisten y combaten por subvertir el orden impuesto, reconstruyen su historia recuperando sus propios relatos, los relatos guardados en la memoria rebelde de abajo que no olvida, desmontan el designio impuesto por el poder y la historia contada por el poderoso, y reivindican su derecho a la autodeterminación. Las grietas del sistema se agrandan y en ocasiones, no muy frecuentes, los desafíos triunfan y se convierten en verdaderas rupturas contrahegemónicas.

Continuidad en Revolución

Digo que no hay mundo unipolar, porque por lo menos hay un pedazo de tierra, y no es el único, donde los yanquis no mandan y donde los yanquis no mandarán. Y si un día lo intentan, tendrá que ser sobre nuestras cenizas, sobre nuestros huesos, sobre nuestra sangre. (Fidel Castro Ruz, 1991).

Cuba se llama ese pedazo de tierra donde los representantes del sistema hegemónico mundial no mandan y Revolución Cubana es el desafío de un pueblo que ha hecho del socialismo su alternativa emancipadora.“(…) Cuba socialista niega una exigencia básica de la ideología dominante en el mundo actual: que es necesario resignarse al dominio del capitalismo sobre la existencia cotidiana, la organización social y la vida de los países en todo el mundo.” (Martínez F. 2001, p. 33). En este sentido, como ruptura con el continuismo capitalista, la alternativa del socialismo cubano es una rebeldía que se convierte en uno de los principales objetivos de la guerra militar, económica, política y mediática del sistema de dominación mundial. En el plano ideológico la campaña está enfocada en la derrota moral de la Revolución Cubana, en socavar los valores, logros y posibilidades del socialismo como alternativa propia y crear las condiciones necesarias para la restauración del capitalismo como destino impuesto.

Por su parte, el sistema político cubano defiende eficazmente la soberanía nacional y los logros sociales alcanzados por la Revolución y la transición socialista, esto es asumido por los intereses del imperialismo como una continua desobediencia, lo que ha sido desde un principio motivo suficiente para la ofensiva de la más grande maquinaria de guerra en contra del país. Como señala Chomsky N. (2016) “El terrorismo internacional y la guerra económica para provocar un cambio de régimen no se justifica por lo que hace Cuba, sino por su “mera existencia”, su “desafío triunfante” contra el verdadero amo del hemisferio.” (p.123).

La continuidad pensada desde ese desafío tiene un sentido profundamente transformador, ya que a pesar de las limitaciones materiales impuestas por el bloqueo económico estadounidense, la revolución ha sostenido una alternativa opuesta al capitalismo rectificando errores, venciendo obstáculos y aprendiendo a hacer las cosas sin subordinación a ningún otro modelo, lo que necesariamente ha requerido el despliegue de las capacidades humanas creadoras para hacer el socialismo en circunstancias adversas. Es por esto que resulta necesario garantizar las condiciones económicas fundamentales, pero desde el empeño colectivo por la emancipación y no desde el mandato y las fórmulas gastadas de quienes se pretenden amos del mundo.

La ruptura permanente con las inercias y automatismos, para abrir paso a la originalidad capaz de vencer los desafíos presentes y futuros propios de la transición socialista es también una cualidad necesaria de la continuidad. Como señala Martínez F. (2001) “La transición socialista solo puede existir y mantenerse si se desarrolla y profundiza sin descanso. Solo mediante la originalidad capaz de revolucionar las instituciones y relaciones una y otra vez, mediante un gigantesco trabajo de masas
motivadas y cada vez más conscientes, mediante un poder y un planeamiento muy fuertes puestos al servicio del proyecto socialista y comunista, mediante una participación masiva en el control de la economía, la política y la reproducción y producción de ideas, y en las decisiones de importancia.” (p. 270). Si la construcción del socialismo requiere el despliegue del potencial creador de la sociedad, el continuismo, es decir, hacer lo mismo de la misma forma, donde quiera que aparezca resulta una barrera que es necesario vencer con la misma determinación que cualquier otro obstáculo. Y esto no sólo por su carácter paralizante, sino por el riesgo que implica para la defensa misma de la alternativa cubana.
El capitalismo restablece sus mecanismos de dominación cultural de manera constante, por lo que resulta imprescindible también actualizar permanentemente los medios para enfrentar y vencer en esa batalla. Para eso es necesario actuar con creatividad y originalidad, innovando en las formas que permitan comunicar con claridad las realidades del mundo actual y sus contrastes, los intereses en pugna, las propias fortalezas, los logros alcanzados, las dificultades y desafíos, los valores defendidos así como los objetivos y principios fundamentales del socialismo. Esto implica reafirmar la propia historia como herramienta de análisis que permite desmontar los relatos mediáticos y las tendencias emergentes del pensamiento restaurador, la vieja ideología burguesa presentada desde discursos liberales o conservadores, y contrarrestar eficazmente la penetración de los valores del capitalismo en los diferentes espacios de la vida cotidiana.

En este sentido, la apropiación constante del socialismo es imprescindible para su profundización y continuidad, la participación colectiva en su recreación resulta esencial para continuar asumiéndolo como alternativa, considerando el reforzamiento de los valores socialistas en las prácticas organizativas y la lectura crítica de la realidad del mundo actual. El ejercicio del pensamiento crítico revolucionario puede contribuir mucho en esta tarea, ayudando también a reconocer con honestidad las dificultades y desafíos propios, para perfeccionar las herramientas necesarias que permitan
superarlos. “Los debates sin restricciones entre revolucionarios y la clarificación de problemas, conductas y líneas a seguir multiplicarían las fuerzas del trabajo intelectual, por el aumento de su eficiencia y su precisión ideológica, en un tiempo en que esta última es, a la vez que importante en sí misma, condición de la primera.” (Martínez F. 2001, p.126).

Los relatos mediáticos del capitalismo se basan en el olvido de la historia y están concebidas para responder en última instancia a los intereses del mercado, que requieren el permanente reordenamiento capitalista en la reconquista de territorios y conciencias, imponiendo la resignación y el conformismo como pensamiento único. La continuidad en revolución se sostiene en la historia, que es memoria colectiva, y reivindica la lucha por un mundo diferente y diverso en sus posibilidades de liberación. El socialismo cubano continuará en tanto se siga reafirmando como alternativa opuesta al capitalismo, y empeño permanente para garantizar derechos sociales, independencia, soberanía y democracia sostenida en la justicia social y la igualdad. Esta continuidad implica esfuerzos originales, que no deben dejar de promoverse desde las organizaciones creadas por la revolución para impulsar la transformación constante de la sociedad en un sentido socialista.

Desde una perspectiva histórica, al subvertir la matriz de dominación capitalista, la revolución abrió la posibilidad de una continuidad fundada en las raíces más profundas y valiosas de la historia del pueblo cubano, es decir, la lucha consecuente por la justicia social y la liberación nacional, cuyo corolario ha sido el empeño por hacer el socialismo. En este sentido González P. (1988) apunta:

(…) toda la historia revolucionaria de Cuba, a través de su pueblo y su líder, y sus líderes, asume la herencia moral, ideológica y política, la herencia revolucionaria de Martí, considerada como un todo en que para alcanzar los objetivos morales y revolucionarios se revela necesario hacer la revolución y también el socialismo. Para alcanzar los objetivos morales de Martí no sólo se necesita hacer la revolución, si se es coherente, sino que se tiene que hacer el socialismo. (p.15)

Como también señala Martínez F. (2001) “El socialismo cubano es la realización en América de la postulación martiana de la liberación nacional con justicia social, y la demostración palpable de que sólo uniendo ambas es posible triunfar, sostenerse y avanzar” (p.155). Así, la continuidad en revolución amplía el camino del socialismo e implica seguir haciéndolo desde las condiciones de independencia, justicia, libertades y derechos conseguidos, pero también desde lo que aún falta por lograr y es susceptible de alcanzarse por la vía del socialismo. El legado de la revolución se defiende también con la verdad de su relato de rebeldía, que se actualiza cada día desde la defensa ante las permanentes agresiones del imperialismo. A pesar de la guerra de desgaste, el pueblo de Cuba tiene armas políticas, morales y culturales excepcionales, forjadas en Revolución, para continuar venciendo. “Cuba no teme a la mentira ni se arrodilla ante presiones, condicionamientos o imposiciones, vengan de donde vengan, se defiende con la verdad, que siempre, más temprano que tarde, termina por imponerse”. (Raúl Castro Ruz).

REFERENCIAS

Benedetti, M. (1969) Cuaderno Cubano. ARCA: Uruguay.

Casanova, P. (1988, diciembre) Sobre el Marxismo en América Latina. Dialéctica. 20, 7-17.
Castro F. (1991) Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a los participantes en el Encuentro Sindical Latinoamericano por los Derechos y Libertades de los Trabajadores frente al neoliberalismo, en el palacio de la Revolución el 9 de noviembre de 1991. Accesible en: hhttp://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-los-participantes-en-el-encuentro-sindical-latinoamericano-por-los-derechos-y

Castro R. (2010) Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas. La Habana, 4 de abril de 2010, año 52 de la Revolución. Accesible en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/04/04/cuba-no-teme-a-la-mentira-ni-se-arrodilla-ante-presiones-fotos/#.Xtqlz2hKhPY

Chomsky, N. (2016) Hegemonía o supervivencia. La estrategias imperialista de Estados Unidos. Ediciones B: Barcelona.

Klein N. (2014) La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidos: México.

Marcos SCI. (2007) Ni el Centro ni la Periferia. PARTE I.- ARRIBA, PENSAR EL BLANCO, LA GEOGRAFÍA Y EL CALENDARIO DE LA TEORÍA. Accesible en: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2007/12/13/conferencia-del-dia-13-de-diciembre-a-las-900-am/

Marcos SCI. (2011) Carta primera del SCI Marcos a Don Luis Villoro. Las 4 partes del texto Apuntes sobre las guerras, inicio del intercambio epistolar sobre Ética y Política. Enero- Febrero de 2011. Accesible en: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2011/03/09/apuntes-sobre-las-guerras-carta-primera-completa-del-sci-marcos-a-don-luis-villoro-inicio-del-intercambio-epistolar-sobre-etica-y-politica-enero-febrero-de-2011/

Martínez, F. (2001) El corrimiento hacia el rojo. Editorial Letras Cubanas, La Habana.

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