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LA CAUSA, LA FUERZA Y LA
RESERVA QUE DERROTARÁN AL IMPERIALISMO.
Dr. Raúl Valdés Vivó. Rector de la Escuela Superior del
Partido Comunista de Cuba, “Ñico López”, miembro del Comité Central
del PCC.
Coro, 03.08.2006
Su extraña voz profética se escucha todavía,
más alta que los Andes, más sonora que el mar.
Cada vez que renace la conciencia del mundo,
su mensaje recobra fulgor de eternidad.
Lo que dijo el gran poeta Manuel
Felipe Rugeles, es el fulgor que destella en la profecía que preside
esta reunión bolivariana, organizada por ilustres estudiosos
venezolanos, con el dinámico Gobernador de Falcón, y motivo de honra
para todos sus participantes. Una profecía que es advertencia contra
la más terrible amenaza. La amenaza de
los Estados Unidos que parecen
destinados por la providencia a plagar la América de miseria en
nombre de la libertad.
¿Quién puede negar
que ese destino, calificado por el naciente imperio como evidente (Destino
Manifiesto) se cumplió y se sigue cumpliendo?
Desde la misma ciudad, Guayaquil, y el
mismo año, 1829, Bolívar le dice a Vergara, Ministro del Exterior,
esta exactísima definición:
Los Estados Unidos son los peores, y son los más fuertes al mismo
tiempo.
Pero la cuestión
es otra: ¿pueden los pueblos derrotar al imperio?
Una vez que las
premoniciones bolivarianas comenzaron a hacerse realidad, Martí
habló de la Roma americana. Para él, Roma fue el centro de la
opresión universal, llena de riquezas por saquear a Grecia y a
todos. Era su ruptura con el deslumbramiento de cualquiera, incluso
el suyo antes de meterse en sus entrañas, frente a los éxitos del
émulo de aquel primer imperio. También el anuncio de su destrucción.
Era cuestión de tiempo.
Ya ese tiempo ha
transcurrido, estamos en el ocaso del imperio del dólar. Pero Fidel
alerta sobre la fiera herida. Su propia sangre la empuja más a
continuar derramando la sangre de los pueblos.
Al defender a Nuestra América, acusada
de bárbara por la prensa norteamericana, con lenguaje bolivariano
Martí escribió que la guerra de Secesión, fue más para disputarse
entre el Norte y el Sur el predominio en la República que para
abolir la esclavitud. Y que siendo una sola esa guerra, los Estados
Unidos -a decir todavía en plural-, pese su centenaria práctica
republicana de un siglo, y un país de elementos menos hostiles que
otro alguno, perdieron más hombres que en tiempo igual, y con igual
número de habitantes, habían perdido juntas todas las repúblicas
españolas de América. En lenguaje desafiante afirmó:
Y es de justicia, y de legítima
ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del
uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha
descendido desde la independencia, y hoy es menos humano y viril,
mientras que el hispanoamericano, a todas luces, es superior hoy, a
pesar de sus confusiones y fatigas, a lo que era cuando empezó a
surgir de la masa revuelta de clérigos logreros, imperitos ideólogos
e ignorantes o silvestres indios.
Heredero inicial
de la dominación española y portuguesa en nuestro continente fue el
imperio británico, avasallante conquistador de la India y gran parte
de África. Francia y Holanda también pugnaban por aumentar su
penetración por doquier. Un siglo más tarde Alemania, bajo el
nazismo, buscó influir en Brasil y Argentina. Y Estados Unidos
mostraba cierto retraso respecto a los anteriores, sin dejar de
tener inauditos avances como nuevo poder conquistador, combinando
armas y dinero. Había comprado Louisiana a Francia y en esa
operación adquirió La Florida, que había sido española y entraba en
Nuestra América y, con el truco de que Texas quería ser libre,
arrebató por la fuerza a México la mitad de su inmenso territorio,
donde ahora levanta el muro de la infamia y asesina mexicanos.
Pronto el imperio comenzó las intervenciones más salvajes en las
islas caribeñas y América Central.
Desde 1830, cuando
con Bolívar murió la Gran Colombia, hubo luchas populares con los
Zamora y los Alfaro y los Sandino y los Farabundo Martí y los Mella
y los Aponte y los Guiteras, pero la oligarquía al servicio de amos
extranjeros frustró cada rebeldía, y uno de los resultados de la
Segunda Guerra Mundial fue que Estados Unidos pudo desplazar a Gran
Bretaña y hacerse el dueño casi absoluto de las riquezas de Nuestra
América, ahogando todo intento nacionalista. Su desarrollo económico
no tiene otra magia que la imposición del subdesarrollo que hemos
padecido. Ya concebía su hegemonía mundial. La mezcla de inversiones
de capital, soldadescas cada vez más brutales, hasta llegar al
horror de Guantánamo, y la ideología del panamericanismo, que no han
vacilado sus promotores en achacar a Bolívar, siendo él su primer
enemigo, impuso a Monroe: América para los americanos... del
Norte..., haciendo a Rubén Darío invocar desesperado la hazaña
de Colón... Cristóforo Colombo, pobre
Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste.
La plegaria
perdió sentido. Neruda cantó que Bolívar despierta cada cien años,
cuando despierta el pueblo para la independencia, y hoy lo hacen de
nuevo los pueblos nuestros, aunque deben superar la adversidad de la
caída de esa Gran Colombia gigantesca que fue la Unión Soviética.
Lo sucedido es
lección. Estados Unidos tenía mayor desarrollo de las fuerzas
productivas y, por tanto, superior potencial científico y
tecnológico, pero la URSS había logrado igualarlo en poderío
militar, anulando su chantaje de poseer el monopolio atómico, que
reveló pulverizando a Hiroshima y Nagasaki sin necesidad alguna. Es
más, la URSS se acercaba a su rival en crecimiento económico.
Alarmado Washington se volcó hacia la informática y otras ramas de
punta y adquirió otra vez decisiva ventaja, la que había perdido
pese a que durante la Segunda Guerra Mundial las bajas de sus
valientes tropas, entonces antifascistas, fueron relativamente
pocas, y en su territorio no cayó una sola bomba, mientras los
soviéticos perdieron 27 millones de sus mejores hijos y 3 000
ciudades y pueblos. En el conflicto, vendiendo armas y alimentos,
Estados Unidos acaparó el 80% del oro del planeta y dominó el
comercio mundial. Repletos de riquezas los imperialistas
norteamericanos, al tiempo de penetrarla, pusieron en pie la Europa
Occidental, organizaron la OTAN y decretaron el dólar única moneda
universal. En cambio, la Europa Oriental yacía en ruinas que los
soviéticos debieron reconstruir, en medio de conflictos muy graves,
complicados por errores. Hubo rusificación de un lado y estrecho
nacionalismo, del otro, que favorecían la labor imperialista de
zapa.
El pecado de los
partidos obreros de esa zona, que en su lucha habían tenido mártires
como Julius Fucik, no fue recibir el poder dado por las bayonetas
soviéticas, que en su avance hacia Berlín no podían dejar en el
gobierno a la burguesía servil a Hitler, sino no ser independientes
y, a la vez, apoyar la línea pacífica de Moscú, como lo fue Cuba,
cuya Revolución es propia. Para ella, en la actuación del Partido y
el Estado, ha regido siempre la consigna que tantas veces, durante
mis años de labor en Vietnam, escuché de labios del Presidente Ho
Chi Minh: Nada hay más precioso que la
independencia y la libertad.
Catastrófico en el
estancamiento de la economía de la URSS fue subestimar el factor
costo. Sus enormes riquezas naturales la hacían proclive al
despilfarro y el gigantismo. Esa mentalidad penetró incluso en la
de nuestro pueblo, al sostener fructíferas relaciones de intercambio
plenas de justicia y solidaridad, y sin jamás cuestionar Moscú
nuestra independencia absoluta. El retraso en la tecnología civil
y, por ello, en la satisfacción de bienes y servicios para el pueblo
soviético, en medio de la burocratización y la corrupción
generalizadas, alejó a este del Partido y el Estado y sirvió de
pretexto a los agazapados en las esferas de un poder demasiado
vertical para rendir desde dentro la fortaleza. Prevaleció la
ilusión en el mercado como una varita mágica.
Esa misma varita
ha estado engañando por decenios a nuestros pueblos, aunque en ella
no creen los falsos magos del imperio. Si aquellos dan señales de
querer despertar, acuden sin vacilar al terror. Asesinaron a
Allende, auparon gorilas, guerras sucias, Operación Cóndor,
la represión del caracazo. Y el yugo gringo parecía destinado a
eternizarse en Nuestra América, pese a gloriosos intentos que
frustraron la violencia enemiga y los errores propios, hasta que la
Revolución moncadista cubana revivió al Apóstol y, después, la
Revolución bolivariana al Libertador, y podemos gritar con Fidel:
¡Alerta, alerta que caminan la espada de
Bolívar y las ideas de Martí por la América Latina!
Al caer la URSS y
su campo socialista, quedó la bandera del socialismo casi sin nadie
que la levantara, como sin vacilación hizo Cuba, y el imperio cantó
victoria. Llegó a proclamar el fin de la historia o cese de todo
avance social. Euforia subjetivista que duró poco. ¡Esa bandera ya
flamea en los Andes venezolanos! ¡Y al torrente popular se suma la
Bolivia más profunda y ahí está, ahora mismo, Córdoba con el renacer
del MERCOSUR. El aire de Córdoba olió a Panamá, a su bolivariano
Congreso Anfictiónico!
Los nuevos
movimientos sociales abarcan a los trabajadores del campo y la
ciudad, a aquellos que están privados de la posibilidad de trabajar
y se les subestimaba por los revolucionarios, a los estudiantes, a
los mejores hombres del pensamiento y el arte. Con su ternura y
coraje se alzan las mujeres, inspirándose en las madres de nuestros
mártires, miles de ellos desaparecidos, pero revividos. Con Anacaona,
Luisa Cáceres, Manuelita Saénz, Mariana Grajales, Celia Sánchez.
Reivindican a todas las víctimas del machismo, primera forma de
opresión, que aún persiste. En ese agrupamiento que gesta el
Ayacucho definitivo, ahora entran los ignorantes y silvestres
indios, de que habló amorosamente Martí. Nunca han sido tan
potentes las fuerzas populares.
El imperialismo
martiriza a naciones enteras y golpea a las clases medias y
elementos burgueses sin posibilidades para negocios transnacionales.
El neoliberalismo solo es bueno para los más ricos entre los ricos.
Es válido el
cálculo de que la amplitud daña la profundidad, pero lo primero es
derrotar a las fuerzas antinacionales. Mucho más cuando a las
órdenes de Estados Unidos ponen en peligro la existencia misma del
género humano. Amalgamada con la cuestión de cómo llegar a un futuro
mejor, está si habrá, o no habrá, futuro alguno. Y el quién dirige
depende de la batalla de ideas.
Los pueblos que van del río Bravo a la
Patagonia jamás han renunciado a conquistar el sistema de gobierno
más perfecto, definido por el Libertador en Angostura como
aquel que produce la mayor suma de
felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de
estabilidad política.
Lo nuevo es que el
mercado mundial, la cultura universal, que no niega sino se nutre de
las diferentes identidades culturales, la globalización, ahora de
superlativo signo antipopular, la unión de sucesos en las antípodas
en tiempo real, llevan al afán de hacer la muralla de redención con
todas las manos que pidió el poeta nacional cubano Nicolás Guillén.
En septiembre será en Cuba la Cumbre No alineada de los pueblos del
III Mundo por su unión salvadora.
Sobre ese contexto
defectuosa y sumariamente evocado, presento con humildad algunas
reflexiones que se fraguan en la universidad del Partido dirigente
de la Revolución cubana, a la luz del pensamiento de Fidel.
En particular
están referidas a la principal causa interna que objetivamente
condena a perecer al imperio más poderoso que haya existido, dentro
de un conjunto de causas que a su vez son efectos.
Esa causa es la
ciencia.
Las nuevas
reflexiones también subrayan la fuerza más dinámica que del lado del
sujeto puede y debe actuar junto a las masas populares,
insustituibles protagonistas principales en ejecutar la sentencia
condenatoria.
Esa fuerza es el
Capital Humano.
Por último,
nuestras reflexiones tratan de la reserva que surge de la historia y
tiene sentido de futuro.
Esa reserva es el
ahorro.
Nadie como Marx
poseía una visión científica de la ciencia. Ese mismo Marx que tenía
12 años al morir el Libertador y que, lamentablemente, porque
también él era a veces manipulado por la falsa información -en ese
caso de servidores del imperio británico-, aparte de no ser todavía
plenamente el que finalmente fue, nunca llegó a entender que en la
causa de la emancipación social, que empieza por fundar pueblos,
Bolívar era su predecesor y el de Engels, su otro yo. Ellos serían
seguidos cronológicamente por Martí, Lenin y el resto de los
Libertadores del espíritu humano. El marxista que hoy no comprenda
esa verdad, no lo es.
En su obra conjunta con Engels, La
Ideología Alemana, Marx dice que se conocía solo una ciencia, la
ciencia de la historia, pero:
Se puede enfocar la filosofía desde
dos ángulos, se puede dividirla en historia de la naturaleza e
historia de los hombres. Sin embargo, las dos son inseparables:
mientras existan los hombres, la historia de la naturaleza y la
historia de los hombres se condicionan mutuamente.
Y en su crítica de la
economía política, afirma que la ciencia es la forma más sólida de
la riqueza, porque la crea al mismo tiempo que es su producto. Es
ideal y práctica, siendo un aspecto de las fuerzas productivas
humanas. ¡Más que nunca la ciencia moderna es contradictoria con
las relaciones capitalistas de producción, de cuyo seno nació!
Nada menos que un
pensador tan ajeno al marxismo como Schumpeter, previó que la
excesiva creación de las riquezas por el capitalismo, con la ciencia
al frente, lo conducía hacia su destrucción. Dijo que moriría de sus
éxitos. Marx puntualizaba que de sus contradicciones antagónicas. Y
el Manifiesto Comunista evidenció la dolencia incurable de la
burguesía: crear inmensas riquezas materiales a costa del
humanismo, por tener de único Dios al dinero.
Lejos de ser su
arma absoluta, la ciencia se transformó en uno de los elementos
que condenan al imperialismo.
Algo similar pasa
con la democracia burguesa. Bush es presidente porque la mafia
anticubana de Miami no dejó contar los votos de los negros y otros
pobres. Chávez ganó 6 elecciones y Bush para derrocarlo fomentó el
golpe militar fascista del 11 de abril, lo mismo que el golpe
petrolero de tres meses, con los medios masivos oligárquicos. La
conducta inmoral de Estados Unidos y sus perros falderos prueba la
tesis de Che Guevara de que la burguesía aplica su democracia
mientras no le teme al pueblo, y acude al fascismo cuando le teme.
Así la derecha oligárquica mexicana apela al fraude para impedir el
más mínimo cambio. Los mexicanos dicen que su país tiene la
desgracia de estar muy lejos de Dios y muy cerca de Estados Unidos,
cuyo sector más agresivo emplea lo que Chávez ha llamado el fascismo
neoliberal, en el intento de dominar a pueblos que no puede ya
gobernar con el engaño.
Valorar la ciencia
como una de las causas ahora determinantes en el proceso histórico,
lleva a su vinculación con ideas de los clásicos del proletariado en
su contenido contemporáneo. (Considerarlas atemporales, es
negarlas). La apreciamos como una cuarta parte del marxismo, a sumar
a las tres partes señaladas por Lenin: la filosofía, la economía
política y la teoría del comunismo científico. Pero siempre con tres
advertencias.
Primero. Todas
esas partes reflejan los anhelos de los trabajadores y están dentro
de la lucha universal de clases, motor de la historia, y ahora de la
confrontación entre los pueblos y el imperialismo.
Segundo. Las tres
partes clásicas del marxismo, con la cuarta, forman un todo. Lejos
de representar compartimientos estancos, son sencillamente los
elementos de un organismo vivo único. Lenin rehuía la simplificación
luego conocida como manualesca, opuesta a la
complejísima integralidad de su pensamiento. No aceptaba la línea
recta metafísica, sino la espiral dialéctica.
Tercero. Cada una
de las tres partes indicadas por Lenin se basa en la ciencia, y ello
no lo desmiente, sino exalta, el reconocimiento de la nueva
dimensión que ha logrado la ciencia, y que permite apreciar el
proceso de la historia yendo rumbo a un Agujero Negro o al
Sol, para decirlo poéticamente.
Por Agujero
Negro entendemos aquí el peligro real de que los descubrimientos
científicos conduzcan a la desaparición del género humano, lo que
Fidel ha sido el primer estadista en advertir. Sin los logros en la
tecnología militar, ese peligro existía por la destrucción
ecológica, pero a largo plazo.
El Sol, a
llamar tecnociencia, en manos del pueblo potencia la fuerza creadora
del hombre, volviéndola capaz de realizar los sueños más antiguos de
filósofos, combatientes, santos, y de la gente sencilla de todos los
tiempos y todos los lugares, desde aquellos primeros comunistas que
fueron los cristianos.
Con independencia
del régimen económico-social, ya sea capitalista, socialista o
mixto, la tecnociencia actúa directamente sobre los medios de
producción y la fuerza de trabajo, protagonistas de cualquier
proceso productivo en sus fases de producción, distribución del
producto social, intercambio y consumo. La burguesía falsamente pone
al frente el último.
Pido excusas por
recordar viejas verdades. Sin ellas las nuevas no se entienden. Y no
es cuestión de la academia, sino de la política. Causa risa que
digan creer la fábula de Smith que la mano invisible del mercado
todo lo arregla, quienes lo abandonan, pues él hablaba de productos
reales, no quiméricos, y tachen de vetusto a Marx, posterior en
medio siglo a ese clásico burgués y certero en atisbar las crisis
del dinero del incipiente mercado bursátil.
El enigma de la
metamorfosis de la ciencia de factor de triunfo del capitalismo en
factor de su derrota, guarda relación con el capital fijo y la ley
de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, descubierta por
Marx al tiempo de probar que la obtención de plusvalía es la ley de
leyes del capital aun rigiendo la ley del valor, y el valor es el
trabajo materializado en la mercancía. Al inicio el valor se medía
en el trueque por el tiempo socialmente necesario, luego pasó a
serlo indirectamente con un equivalente universal: el dinero, a
valorar igual que las otras mercancías. Sirve también para el pago,
el intercambio, la reserva de la riqueza social. El criado se hizo
el amo. Más criminal que fundar una pandilla, es fundar un banco,
dice una obra de Bretch.
El capital fijo
aparece en la cooperación simple, crece en la manufactura y deviene
una especie de trabajador colectivo en la fábrica moderna, haciendo
del hombre un pedazo de sí mismo, el chaplinesco obrero
tornillo. El toyotismo no resuelve el problema, sino lo
admite. El capital fijo se levanta ante el obrero como una fuerza
hostil, causante de más desempleo y más competencia por los puestos
de trabajo, origina salarios de hambre, en fin, la imposición de los
trabajos informales bien llamados trabajos basuras, amén del
genocida trabajo infantil masivo. Y el saqueo continúa con los altos
precios en el consumo y los impuestos al valor agregado, etc.
Marx descubrió que
era inexorable que en la proporción entre los medios de producción y
fuerza de trabajo, crezca más rápidamente la parte de capital
destinado a los medios, o capital constante al limitarse a
trasladar su valor por partes (amortización) para sumarlo al costo
de la nueva mercancía. El trabajo muerto es más apreciado que el
trabajo vivo, aunque solamente sea este el que crea el nuevo valor.
Excepto si forma
parte de la aristocracia obrera, al trabajador no le alcanza lo que
gana. Su única libertad es aceptar ese yugo invisible o morir de
hambre.
¿Teoría todo eso?
Cada día hay más pobres con mayor pobreza y menos ricos, pero con
mayores riquezas: a 250 personas se les distribuye lo que producen 2
500 millones de seres humanos. Eso provoca el disparo del desempleo
y las peores crisis, en definitiva vinculadas al subconsumo de las
masas, aunque se digan de superproducción. Y atención: las tasas de
ganancia y productividad no han podido superar las alcanzadas antes
de las crisis de los años 70 del siglo pasado.
Aristóteles
soñó con un día en que los telares se muevan por sí mismos, pero la
llegada para todos de cero horas de jornada de trabajo, ahora
privilegio de los capitalistas, dejaría sin compradores al mercado y
sería el suicidio del capitalismo. Ello quizás suceda en el lejano
comunismo, cuando en el planeta no exista ni la más mínima
explotación y la ciencia presida absolutamente todo, del brazo del
arte. Entonces casi todo el tiempo será libre, asociado a la
cultura, la alegría, la hermandad, tomándose el viajar por toda la
Tierra y fuera de ella, como ese placer que es conocer este Falcón
que puede que Dios lo haya hecho estando de fiesta, en el domingo en
que quiso descansar.
Sueños aparte,
funcionan los monopolios. Cada día están obligados a sacar la
cuenta del total que invierten en el negocio y lo que ganan, en
forma porcentual. Es la cuota o tasa de ganancia. El capital se
concentra y centraliza con dos metas: mayores tasas de ganancia y
contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa media de ganancia.
Si en 1997 las fusiones, adquisiciones y compraventas de empresas
sumaban 1,6 billones de dólares, 7 años después alcanzaban más del
doble. El objetivo único no es satisfacer clientes, sino sacar más
ganancias, invirtiendo en tecnología para dominar los mercados. El
que no lo haga, como los capitalistas pequeños y medianos, es
aplastado.
Sin embargo, puede
haber momentos en el proceso histórico de un país en los cuales sea
interés de la nación el desarrollo de todas sus fuerzas productivas,
cuando un poder político revolucionario necesite proteger a ese tipo
de capitalistas para salvarlos del aplastamiento, lo que ellos más
que a nadie debe interesar como parte de la clase media en
positivo, según oigo aquí decir.
Los procesos
revolucionarios del Tercer Mundo aceptan inversiones extranjeras
para el desarrollo y más bienestar. Lo único inaceptable es perder
el poder del pueblo trabajador.
Ningún capitalista
se conforma con una ganancia única, por grande que sea, aspira a
tener un flujo sin interrupciones, como quien respira. Esto no puede
ocurrir porque las desproporciones entre las ramas hacen caótica la
producción, dado que el monopolio planifica hacia adentro pero no a
escala social, en que prevalece la rivalidad que proviene de la
propiedad privada sobre esas condiciones materiales.
Aunque se diga
otra cosa, los monopolios controlan el Estado capitalista, que es el
que emite el dinero, fija las tasas de interés para venderlo como
mercancía que en su origen fue, impone elevados presupuestos de
guerras, sirve de gendarme al gran capital. Cuando Bush, que espía
las cuentas de todos en el mundo, quiso robar nuestros dólares,
Cuba le prohibió su libre circulación al dólar. Cuba es más
libre con el peso convertible y el peso, sus propias monedas. En el
socialismo, además de trabajar para sí, toda la jornada debe ser de
realización espiritual del trabajador. Para eso hay que lograr que
de veras se sienta dueño. Conspira a esa comprensión lo de dueños
todos, dueño nadie.
Dadas sus crisis
cíclicas, le es más difícil al gran capital internacional mantener
sus fabulosas ganancias. Pero no puede renunciar a siempre mayores
tasas de extracción de plusvalía absoluta y relativa y la máxima
explotación en todo el mundo. La guerra y el regreso al fascismo
devienen así tendencias vinculadas a la existencia misma del
imperialismo, ya en total bancarrota moral. Resultado: más luchas de
clases. La fiera herida se revuelve y hiere. Bolívar se preguntaba
cómo la corona española podía aspirar a imponerse por las armas, si
carecía de economía hasta para la vida diaria de España. Igual
ocurre con Estados Unidos. La locura individual es asunto de la
psiquiatría. La locura de un sistema es problema de la filosofía. Y
Marx enseña que ella lo es, si es luz para transformar el mundo. La
transformación es incesante en el que quiere cambiarlo. A sus 80
Fidel es el mismo, pero cada día más revolucionario.
Lenin se hizo el
Marx del siglo XX al descubrir la ley del desarrollo desigual del
capitalismo, que hace inevitables sus guerras, polos rivales,
eslabones más débiles. Fidel es leninista por creer que el deber de
los revolucionarios es hacer la revolución, siempre sobre la base de
condiciones objetivas indispensables. Hoy vislumbra la revolución
pacífica. Sea cualquiera su forma, la clave es ver el enemigo
principal y, por tanto, los aliados de los revolucionarios, según
Mao Zedong. Ya ese enemigo no tiene a su favor el factor objetivo ni
el tiempo.
Gramsci creyó que
había dos límites infranqueables en la sed insaciable de ganancias
del capital: el número de desempleados que podía aceptar, pues su
número excesivo permanente conspiraría contra la realización del
producto social global, y lo que denominaba elasticidad física.
O sea, que los grandes medios de producción y las ciudades a su
alrededor, no podrían sobrepasar ciertas dimensiones, o
desaparecería el área agrícola y se tornaría irresoluble la cuestión
de la alimentación y la industria ligera. Y eso pasa con las
megaciudades, donde la polusión mata.
Pero tales límites
han sido sobrepasados temerariamente desde la invención del
microchip, relacionado con la miniturización de toda la economía
contemporánea, capitalista y socialista, y con el predominio de la
especulación financiera.
Una tesis del
marxismo se hace así obsoleta: a más capitalismo, mayor el número de
obreros industriales. Ahora es al revés. Pero confirma su tesis
número uno: el capitalismo sufre contradicciones antagónicas
mortales, y solo por la violencia puede mantenerse de pie, mientras
aplasta a la inmensa mayoría de la humanidad. O sobra el hombre, o
sobra el capital.
En previsión de
que el desempleo llegara más allá a lo que significa el ejército
industrial de reserva, expulsando trabajadores asalariados de las
empresas tanto en épocas de estancamiento, como de recesión, para
regresar al salirse de la crisis, Marx hizo una solemne advertencia:
el día en que el capital, en lugar de vivir a costa del trabajo,
tenga que mantener a los trabajadores a los que nunca más volverá a
emplear como productores de plusvalía, no podrá sostenerse. En esto
chocan el Estado del Bienestar, diseñado por Keynes y Roossevelt, y
la doctrina neoliberal de Friedman, ahora prevaleciente. La teoría
keynesiana propugna el máximo empleo o los subsidios, servicios
sociales, plantillas infladas, etc., para lo cual imprime dinero al
máximo y lo abarata, lo que lleva a la inflación, insoportable para
las clases medias. El gran capital usa el descontento para implantar
el neoliberalismo y pasar a la explotación total. Su lógica,
empleada por Reagan, es simplísima. Ya que las crisis cíclicas de
superproducción del capital fijo se profundizan y hacen más
frecuentes y la burguesía no soporta que le administren su dinero,
los ricos deben llevar sus astronómicas fortunas a la especulación
financiera, ajena a la economía real y su fatídico ciclo. En ella lo
que cuenta son los títulos de propiedad, los bonos y las monedas,
siendo subalterna la producción real.
Junto al
dinero real, surge el dinero ficticio. Su materialidad es igual,
pero se distinguen y contraponen por sus respectivos destinos. El
primero, o capital de inversiones, se usa en erigir, digamos, una
nueva fábrica. El segundo, en comprar, una y otra vez, la misma
fábrica, apostando especulativamente por los dividendos futuros, no
los que haya dado un minuto antes. Es ese casino que dijo Keynes, o
la lotería de que habló Marx. Al azar apuestan los norteamericanos
sus ahorros, sus hipotecas y se endeudan. Todos allí son deudores:
cada familia, cada negocio, pese a escándalos financieros, y cada
gobierno. Es el país cuyas deudas superan las del resto del mundo.
Esa asimetría es insostenible: la lucha popular derrocará la
dictadura de bolsas, bancos, seguros. Vencerá a los nuevos
esclavistas, pues no dejan de ser esclavos los trabajadores por
comprar algunas acciones o bonos. Solo entregan sus ahorros a
grandes especuladores y, además, no pueden dejar de trabajar y crear
plusvalía. El capitalismo popular es mito y es timo.
Si la crisis
financiera de 1929 conmovió los cimientos mismos del mundo burgués,
cuando la especulación bursátil era apenas del 5% respecto a la
economía real, hay que calcular lo que ocurrirá ahora que es del
98%. Y esa crisis toca a las puertas. De la crisis financiera se
pasa a la económica y viceversa.
A esos juegos
de azar entran y salen sumas que representan 25 veces el valor total
del comercio internacional pero sin el respaldo de la producción de
bienes y servicios. ¡Cosa de locos! El dinero gana dinero aún sin
producir riquezas. Y el dólar, desprovisto de respaldo oro, vale sin
representar valor alguno. De ahí su pánico ante el euro y la demanda
yanqui de que China revalúe el yuan, haciendo más caras sus
exportaciones.
Economistas de
varias filiaciones calculan que las transacciones comerciales de
bienes y servicios suman en el mundo un monto de 3.2 trillones
anuales de dólares, mientras que las transacciones financieras y
especulativas superan los 77 trillones en el mismo período. Antes,
las metrópolis procuraban atenuar la caída de la cuota de ganancia
con el intercambio desigual y la deuda externa con su periferia. En
la fase imperialista o reino de los monopolios, añade el robo de
cerebros y, además, la pérdida en los países dominados de toda
soberanía, independencia y esperanzas de un desarrollo verdadero, y
acude allí donde la mano de obra es más barata y están las fuentes
de energía, agua y madera, toda la biodiversidad, además de mercados
de venta que en el fondo evocan los paraísos fiscales, donde se lava
el dinero del fabuloso narcotráfico.
Y todo eso es el
ALCA, para nada una acuerdo de libre comercio, sino de libre saqueo,
con la doctrina neoliberal del fatídico Consenso de Washington.
El objetivo es
mantener el egoísmo nacional más perverso. Con solo menos del 5% de
la población del mundo Estados Unidos controla el 18% del comercio
mundial, consume el 25% de la energía del planeta y otro tanto de
las materias primas, y posee más armamentos convencional y nuclear
que el resto de los países, así como arsenales prohibidos de orden
químico y biológico. Con la Ley Patriótica allí se perfila un
régimen interno tipo nazi.
Ese imperio no
se limita a ser el núcleo duro del capitalismo, sino su base
material y obstinado cabecilla, controlando a su antojo a verdugos
sin hacha pero más crueles, como el FMI, la OMC, el Banco Mundial y
los tratados bilaterales en el espíritu esclavista del ALCA. No cabe
hablar de plazos exactos donde decide la lucha, pero el pensamiento
no puede quedar atrás de la vida y sus cambios posibles. Al
capitalismo lo golpeará terriblemente la inminente crisis energética
mundial. No la evitará sacrificando la escasa producción de
alimentos, como la soya. Habrá más hambre y violencia en el
planeta.
A pocos más que a
mí, asombra China. La recorrí en 1951 al presidir la primera
delegación juvenil latinoamericana en visitarla tras su gran
Revolución. Su PIB percápita anual era de centavos. En 1970, bajo la
locura de la Revolución Cultural, llegó a 1 dólar, y hoy es 400
veces más. Superada esa locura y con una política de paz, en el 2005
pasó a cuarta potencia mundial por el PIB, y la tercera por el
comercio. A partir de 2008 superará a Alemania y en el 2015 a Japón
y ocupará la segunda posición en el planeta, acercándose al poderío
económico norteamericano. El mundo será multipolar.
En Nuestra América
crecerán las luchas populares levantando la Alternativa Bolivariana
para las Américas, el ALBA, reverso del ALCA, y la integración real.
Lejos de ver un
enemigo en el pueblo norteamericano, los gestores del ALBA lo tienen
como un eventual aliado para vencer al imperio, desde la protesta de
sus emigrantes y los trabajadores afectados por el retiro de grandes
empresas a países del Sur, tras salarios de hambre y arruinando a la
mayoría, así como los opuestos a la guerra de Iraq y otras
sanguinarias aventuras.
Así lo vio
justamente el heroico pueblo vietnamita. Desde mi embajada en la
selva entre las guerrillas del Sur de Vietnam, y mi otra sede
diplomática en Hanoi bajo las bombas, y las cuevas de la libertad en
Laos, aprecié durante nueve años que los pueblos de Indochina, como
ahora los de Nuestra América, nunca confundían a los imperialistas
con el pueblo norteamericano, que acabó siendo un factor de paz y de
cese de aquella genocida agresión, incluyendo sus más eminentes
científicos y artistas y el movimiento por derechos civiles.
En Cuba estudiamos
otra cuestión teórica nueva, que me permito exponer.
El punto de
partida se encuentra en Che Guevara, que encarna a plenitud el
hombre nuevo, ese ideal supremo de la filosofía de Marx. Nadie
refuta que la revolución es imposible y nunca llega a producirse y
hasta concebirse, de no haber individualidades capaces de pensar en
ella y organizar el ejército político presto a llevarla a cabo,
defenderla, dirigirla a la organización de una nueva sociedad, más
justa y capaz de conservar el espíritu revolucionario, y ¿acaso no
es el hombre nuevo?
El hombre nuevo no
acepta lo mal hecho, la corrupción, hacer a otros lo que no quiere
que le hagan. Por ser revolucionario, jamás miente, sin revelar
secretos a destiempo, ni deja de luchar según el sentido del momento
histórico.
Además de hijo
deseado de la revolución socialista, ese hombre diferente debe tener
expresión masiva, o la revolución pierde fuerza y sentido. Comienza
por el pueblo nuevo, distinto al de su propio pasado. Muchos pueblos
aprecian así al pueblo cubano, pero eso está reservado para cada
pueblo que se vuelve revolucionario. Bolívar comenzó con un pueblo
multiétnico y multifronteras y lo hizo ser otro, y su derrota
temporal respondió a que no logró darle la cultura necesaria, que le
hiciera romper todas las cadenas. Martí culpó al siglo.
Actualmente, desde
el campo de los pueblos se yergue una relación social nueva, ausente
en tiempos de Libertador y el Apóstol, y que aquel marxista
latinoamericano antidogmático, José Carlos Mariátegui, llamó
Capital Humano. Lo vio asomar fraudulentamente en la política de
Mussolini de dar protección a la maternidad de los pobres y la
enseñanza de los niños por el Estado, y de modo genuino en la
política de Lenin, que hizo esa protección y esa enseñanza dentro de
la fraternidad del socialismo y no la opresión del fascismo.
Mariátegui explicó la diferencia insalvable: Mussolini buscaba tener
soldados para volver al imperio de Roma, y Lenin, hombres libres.
Hoy economistas burgueses asignan la idea del Capital Humano al
sector del conocimiento, como si fuera una reserva inagotable de
empleo, y no lo es, y otros lo identifican con la mano de obra
calificada. Podrá ser capital, pero deshumaniza. Humanismo con
explotación es sembrar cacao en los Andes, como puede decirse en
remedo de Bolívar al burlarse de los imposibles.
En Cuba entran en
el Capital Humano los luchadores de vanguardia, sean o no miembros
del Partido, que llamamos cuadros, pero siempre que estén
dispuestos a todos los sacrificios desde la visión científica de su
ideología, y los médicos, maestros, entrenadores deportivos,
constructores, cuantos consideren que ser internacionalistas es su
deber de patriotas del socialismo. Nuestro Capital Humano abarca las
personas leales al progreso humano en ramas enteramente nuevas para
Cuba: biotecnología, informática, neurociencia, neonatología y
otras. A combatir el SIDA en África, puede Cuba enviar miles de
médicos y Estados Unidos no lograría decenas. Ningún dinero logra
tanto. Nuestro Capital Humano vale más que todo el capital
financiero.
En cuanto a los
intelectuales y artistas, afines a esa nueva categoría social,
seguirán siempre vigentes las palabras de Fidel, de que dentro de la
Revolución todo y fuera de ella, nada. Y jamás dictar formas de
creación ni imponer el pensamiento único. Para Martí solo la unidad
concede la victoria al pueblo, verdadero jefe de las revoluciones,
sin ser posible en la naturaleza humana la unanimidad en todo. A la
hora de los principios, unánimes. Mucho más, al defender la Patria.
En la campaña de Junín, por Perú, Bolívar llamó a que cada ser
humilde hiciera lo que pudiera por su propia emancipación.
La modesta
experiencia cubana permite sostener que para afianzar el poder,
defenderlo de sus poderosos enemigos y utilizarlo en beneficio
inmediato del pueblo, las revoluciones necesitan crear en masa el
Capital Humano. Y cabe hacer siempre una precisión. Su creación en
Cuba es resultado de la política trazada por el Comandante en Jefe,
pero su actuación en países extranjeros no es política, sino
exclusiva y eminentemente ética, con respeto absoluto a los que nos
honran al abrirnos las puertas de su casa. Su heroica solidaridad
está en los picos de los Andes y los picos del Himalaya y no se
detiene ante terremotos, ciclones, sunamis, dificultades, riesgos.
Cuestión teórica
clave es ver lo falso de oponer el interés y el ideal, al apreciar
que la economía es la base sobre la que se alzan el Estado y la
conciencia social, o superestructura, pero influyéndose mutuamente,
siendo el determinismo tan absurdo como el voluntarismo. Evocamos la
demanda irreal de los marxistas alemanes, reunidos en la ciudad de
Gotha, de dar a cada obrero el producto íntegro de su trabajo una
vez tomado por el pueblo laborioso el poder político, Marx explicó
que eso era imposible pues moriría la sociedad. Hay que descontar
primero lo necesario para la reproducción ampliada de la producción
y lo que debe destinarse a la salud, la educación, las reservas para
el caso de desastres naturales, la defensa, el orden público. Y
también enseñó que la formación comunista, sustituta de la
capitalista, tendrá dos momentos: el socialista y el propiamente
comunista. En el socialismo la distribución de lo que corresponde al
trabajador depende de que entregue el máximo de su capacidad para
recibir según su trabajo. En Cuba, con el 90% de las empresas
cerradas por el Período Especial, no cabía pagar según el trabajo.
Se les daba el 60% del salario. Y no se cerró una escuela ni un
hospital. Ningún otro país hizo tal hazaña. El pago según el
trabajo responde al interés de los buenos trabajadores, honestos y
laboriosos y entra en su ideal de justicia. Marx dijo que ello viene
del Derecho burgués, por ser los hombres diferentes en capacidades o
número de hijos. Tampoco cabe olvidar la diferencia del trabajo
simple y el complejo, por mediar estudios. Otra cosa es proteger a
los discapacitados y los que padecen soledad en la tercera edad o
enfermedades que los invalidan. Tras el Che, Cuba no practica la
caridad, sino la solidaridad. Y saliendo del Período Especial,
sustituiremos el subsidio de los productos por el subsidio de las
personas que lo requieran. Lo primero es lograr una cultura
económica, que no tenemos. La Revolución añadió más de 20 años a la
esperanza de vida y avanza a dar cuatro decenios más, pero de seres
vitales, no inútiles, cuidados por ella como su gran tesoro, lo
mismo que los niños.
En el comunismo,
aunque cada trabajador seguirá aportando al máximo de lo que sea
capaz, recibirá gratis según sus necesidades, con lo cual la
igualdad será genuina. En salud y educación, la Revolución cubana
aplica los principios del comunismo, no los del socialismo. Ya eso
asoma en países que se liberan.
Fidel concibe la
victoria plena del experimento socialista cubano cuando, además de
gozar de pleno empleo, con novedades como el oficio de estudiar, no
exista en el país un solo joven que no estudie y trabaje, dado que
se estudia para trabajar con plena dignidad humana. Ni un solo joven
preso. En cada municipio de Cuba hay universidades y hasta un
maestro para un niño montañés, con computación y video de panel
solar, y comienzan a existir aulas de estudios preuniversitarios y
universitarios en las cárceles. Algún día vivirá Cuba ante todo de
su labor intelectual, con varias veces el ingreso necesario para un
bienestar sin consumismo y con Orinocos de cultura y ciencia.
La primera idea
realmente científica que defendemos es que el consumo de bienes
materiales, indispensable para la vida humana, no puede
identificarse con el consumismo. No sólo porque esta especie de
invisible droga letal agota los recursos naturales al llegar el
género humano a más de 6 500 millones de habitantes, sino porque
convierte al hombre en un animal irracional y hasta en una cosa que
acumula cosas. El millón de millones de dólares anuales que Estados
Unidos gasta en anuncios solo produce estúpido automatismo.
En cambio, los
bienes espirituales, como la propia ciencia y toda la cultura, desde
el arte a la literatura, desde el deporte a la recreación y el
turismo sano, conforman un universo infinito de felicidad. El mayor
bien espiritual de Cuba es su humanismo. Los revolucionarios cubanos
nunca han torturado ni a sus propios torturadores y desde su
triunfo, no importa cuanto mienta el enemigo, no se les puede
atribuir un asesinato político o un solo desaparecido.
Con toda su
autoridad moral Cuba invita al ahorro del esfuerzo humano. A pasar
de la idea del ahorro, al ahorro efectivo: hacer mucho con poco.
Entre los hechos inolvidables de Fidel, está que si el mundo hace lo
que Cuba, podrán durar el doble las reservas de combustibles
fósiles, haber una larga moratoria en producir plantas nucleares,
protegerse la ecología. Ahorrando energía, Cuba avanza más en
biotecnología, medicina preventiva y sus pesquisas activas,
inventivas de obreros y científicos, fomento del arte, la educación,
todo.
El neoliberalismo
propugna Estados débiles para las víctimas y, fuertes, para los
victimarios. Bush pretende que países desarmados no resistan el
ataque preventivo en 60 o más guerras. Al aplicar el terrorismo de
Estado, el imperio emplea a secuaces sanguinarios, como el gobierno
de Israel, que extermina a los palestinos y ataca al Líbano. Bush no
oculta sus planes de agresión bélica contra Cuba, Venezuela,
Bolivia, Irán, Siria, medio mundo. Amenaza a Corea del Norte y busca
desmembrar a China y Rusia, mientras choca con Europa y Japón.
Cuenta con la complicidad en su conjunto de la Europa de los
monopolios y otros países donde los pueblos nada representan. ¡Pero
de conjunto la humanidad resiste! Los peligros igualan a las
esperanzas, las dificultades a las posibilidades. El dilema es
irrefutable: ¡socialismo o nadie!
Para la toma del
poder por los pueblos, hay un elemento conceptual nuevo. Durante
largo tiempo se planteaba el problema del centro ideológico, en
relación con las fuerzas más radicales, habiendo seguidores de Moscú
y de Beijing, con dos visiones de la Revolución socialista y de la
construcción del socialismo. Y luego hubo otros aspirantes a centro,
un error que jamás cometió Cuba, no por sabiduría sino por su propia
historia. Ahora todos los partidos en el poder de los países
socialistas y aquellos que luchan por la emancipación, sustentan la
concepción más revolucionaria, por más leal a la ciencia histórica:
la de tomar el pensamiento de los clásicos del proletariado y
ajustarlo a las condiciones específicas de cada país y añadir el
ideario de sus próceres del pasado y el presente y de cuantos han
defendido la libertad del hombre. O de cuantos predicaron la ética
de la hermandad, como recuerdan Fidel y Chávez que hizo Cristo. Evo
recuerda a los ancestros quechuas, aymaras, incas.
Los hombres nuevos
iniciales constituyen la punta de la vanguardia del ejército
político también nuevo, compuesto de civiles y militares, sin el
cual ningún proceso revolucionario llega a nada. Y si tomamos los
tres procesos contemporáneos nuestros, que admiran y apoyan los
pueblos del mundo, aparecen unidad y diferencias históricas.
En Cuba la
vanguardia estuvo conformada al inicio por tres fuerzas civiles. Una
de ellas, creada por Fidel para el asalto al cuartel Moncada en
procura de armas para el pueblo, fue la principal, secundándola el
abnegado partido de los comunistas y el Directorio Revolucionario
surgido en la Universidad y valiente atacante del Palacio del
tirano. No fue tomado el Moncada pero la hazaña dejó abierto un
camino estratégico nuevo, el de la lucha armada, único posible en
las condiciones de Cuba. Triunfamos por crear Fidel el ejército
militar del pueblo, por así decirlo, que animó el surgimiento del
más poderoso ejército político con todo lo mejor de nuestra nación.
La huelga general impidió la maniobra de un batistato sin Batista.
Las tres fuerzas civiles acabaron fusionadas en el Ejército Rebelde.
Y surgió, aprendiendo de Martí antes que de Lenin, el Partido único
de los revolucionarios, cuyo nombre evoca su lejano objetivo final
comunista. Ese Partido educa, organiza, guía, pero no postula, elige
o revoca en las elecciones. El único elector, de abajo arriba, es el
pueblo.
El supremo derecho
humano conquistado por nuestro pueblo es su deber de
autogobernarse. Lo defenderá con el espíritu de Cuito Cuanavale. Y
eso simbolizan nuestros Cinco Héroes prisioneros del imperio.
Regresarán a la Patria lo mismo que el niño Elián, por la protesta
de toda la gente honesta.
En Venezuela, el
ejército político nuevo nació del seno del ejército militar, con
Chávez y una minoría esclarecida. En contubernio con el gobierno de
Estados Unidos, la oligarquía, llena de rabia, desconoció la
voluntad popular y buscó destruir la democracia revolucionaria
mediante el golpe fascista del 11 de abril y luego dejó al país un
trimestre sin petróleo. Sigue urdiendo perfidias. Sin temor, el
pueblo vence porque se fusionan militares y civiles a semejanza de
Bolívar mismo, que Pérez Arcay dijo fue el primero en personalizar
el gran soldado y el gran ciudadano. Es la Revolución, sintetizó
Morillo, el jefe español. Las Misiones bolivarianas llevan salud,
educación, trabajo, comida, dignidad.
En Bolivia el
ejército político proviene de los indígenas, que desplegaron luchas
reivindicativas por años y tomaron el gobierno por vía de las
elecciones. Desde el poder ejecutivo, con Evo Morales, se inicia el
cambio social, comenzando por afirmar la soberanía nacional,
rescatar los hidrocarburos, curar, alfabetizar. La asamblea
constituyente, a presidir una mujer, refunda con altivez a Bolivia.
Los caminos de la
lucha son tan variados como los países, la personalidad de los
líderes, las huellas históricas. La particularidad es una ley
general, lo mismo que la integración para adquirir el poderío capaz
de vencer al imperio, y llegar al socialismo, no importa el nombre
que le otorgue cada pueblo. El socialismo de este siglo defiende
excelsos principios, dentro de tesis que pueden ser iguales o
diferentes. Sin embargo, todas sus variantes tendrán que dominar
cada problema, pues Dios está en todas partes, y el Diablo en los
detalles, como dice el viejo refrán. Lo pensaba aquel Bolívar
preocupado por los clavos del herraje de sus caballos de guerra, y
eso predican y practican Fidel y Raúl. La síntesis de las ideas
expuesta es: todo depende de quien tenga en sus manos el poder
político, sepa defenderlo, sepa colocarlo a la altura del pueblo.
Sí, mil caminos y distintos ritmos de cambios, pero todos pondrán a
su servicio la causa, la fuerza y la reserva que derrotarán al
imperialismo.
La Causa:
una ciencia del hombre, por el hombre, para el hombre.
La Fuerza:
el Capital Humano, que une esa ciencia y la revolución.
La Reserva:
el ahorro de tiempo, esencia de la economía para Marx. El afán de
producir más en menos tiempo, hizo cambiar las sociedades. Y al
volverse libres, a más ahorro, más posibilidades de embellecer la
vida.
Con Chávez toma su segunda vida el
Libertador, y ya nadie podrá matarlo. Empieza a ser verdad lo que
hace 180 años, al concebir la constitución boliviana, era su sueño:
He conservado intacta la ley
de leyes –la igualdad-; sin ella perecen todas las garantías, todos
los derechos. A ella debemos hacer los sacrificios. A sus pies he
puesto, cubierta de humillación, a la infame esclavitud.
De esa esclavitud vino el racismo, a combatir inspirados en Maceo y
miles de cimarrones anónimos. Tampoco ninguna otra discriminación
cabe en la libertad. Con su maestro Simón Rodríguez creía Bolívar en
cuatro especies de instrucciones: social para hacer una nación
prudente, corporal para hacerla fuerte, técnica para hacerla experta
y científica para hacerla pensadora. Creía en el Poder Moral. Y
defendía la necesidad de una igualdad artificial con la educación,
dando la gran pregunta: ¿Qué hacer con el hombre en libertad?,
y Martí dio la gran respuesta: Ser cultos es la única manera de
ser libres.
Si para Bolívar, mientras quede algo
por hacer, nada hemos hecho, ahora queda emplear este decenio, que
será decisivo, en unir, unir, estudiar, estudiar, luchar, luchar por
el triunfo de su idea fundamental, digna del Manifiesto de Coro:
El progreso de las luces es
el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del
espíritu es la que ensancha el progreso de las luces.
En Falcón y toda
Venezuela, hay firmes representantes del Capital Humano cubano.
Hacen dos milagros: dar visión a las pupilas y alentar con su
ejemplo que haya más videntes de la conciencia. Se vuelven
sementeras los médicos de Barrio Adentro, los maestros del Yo, sí
puedo, los entrenadores deportivos, cuantos vienen de esa isla
que nuestro querido amigo y poeta Yldefonso Finol dice que sin su
andar perplejo en el Caribe, ¿cómo soñaría? Anima cómo crece el
Capital Humano propio en la hermosísima tierra que tuvo la primera
capital política de Venezuela y donde ondeó altiva la bandera del
Precursor.
A todos levantan el espíritu de Che
Guevara, siempre de victoria, y el regreso vuelto millones del
descuartizado Túpac Catari, junto a ese cacique Nigale que Finol
trae envuelto en historia y leyenda, y al Negro Primero, el lancero
que se hizo a sí mismo una lanza de honor en Carabobo, lo mismo que
al general Manuel Cedeño, cubano oriundo de Bayamo, y cuya partida
de bautismo se perdió por incendiar sus hijos la ciudad antes de
rendirla a los españoles, y todos ellos con Martí gritan:
¿A qué leer Homero en griego, cuando
anda vivo, con la guitarra al hombro, por el desierto americano?
La desunión es la
hidra de la discordia, gritó el Libertador en su lecho de muerte de
Santa Marta. Y al decir en su carta a Flores que todo el que hace
una revolución, ara en el mar, negando por un instante su fe,
denunciaba la división que destrozó la Gran Colombia e hizo que el
siglo XIX, pese a sus hazañas, solo dio la independencia política,
según confesó avergonzado Bolívar mismo. Solo la división explica
que el socialismo no venciera a escala planetaria en el siglo XX.
Pero la experiencia de pueblos enteros es el Hércules para cortar
ocho de las nueve cabezas de esa hidra, evitando que de cada una
broten dos, y enterrando la novena de ellas bajo las rocas del
Chimborazo. Desde allí, estatua geográfica a la historia de Nuestra
América, con suprema humildad, en su Delirio del Chimborazo,
dijo el Libertador que el tiempo no pudo detener la marcha de la
libertad. ¡Y esa marcha avanzará más veloz que el viento eternamente
raudo en esa cumbre cuando, más temprano que tarde, no sea nada,
como no será, el imperio que intenta detener el tiempo!
Septiembre/2006 |