Presentación
de Diarios
de Motocicleta en el cine Charles
Chaplin de La Habana
Es
un simple viaje. Dos jóvenes emprendieron
ese viaje hace más de medio siglo. Supieron
de qué ciudad, de qué calle, de qué
incertidumbre partieron, pero no a donde
llegaron. Él lo dijo después: “yo, /ya/
no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo
interior. Ese viajar sin rumbo por la “Mayúscula
América” me ha cambiado más de lo creí”.
Walter Salles, Gael García y Rodrigo de la
Serna, emprendieron el mismo viaje; querían
entender a los viajeros, traerlos de vuelta.
Ellos también se perdieron, o se salvaron.
Ellos ya no son ellos. Buscaron y
encontraron una América profunda,
desconocida. Fue “un viaje de lecciones éticas
y políticas”, dijo ayer Walter Salles. Un
viaje interior. Y hoy, dentro de algunos
minutos, cuando las luces de la sala se
apaguen, todos emprenderemos el mismo viaje.
Gael se transformará en el Che, o en Fúser,
el joven que le antecedió, sin que
rechacemos su imagen: verdadera proeza
actoral: interpretar un personaje que todos
hemos encarnado en sueños, llevarlo más
allá del parecido físico hasta su pura
trascendencia humana. Rodrigo, por su parte,
reemplazará ya para siempre al joven
Granados, de manera que no aceptaremos las
fotos del verdadero personaje si ahora no se
parecen a él. ¿Y quién es Walter Salles,
el mago que nos conducirá por este viaje
que tiene más de presente y de futuro que
de pasado? Un artista que halla en los temas
individuales, en los conflictos humanos, el
sentido y los dilemas sociales de su época,
que no acude a la intimidad de sus
personajes para escapar de su entorno, sino
para entenderlo y afrontarlo mejor, que toma
invariablemente partido “con los
pobres de la tierra”. Del Che prefiere
contarnos la pequeña historia de su viaje,
que es el preámbulo de la Historia con mayúsculas,
para que podamos comprenderla mejor.
Me
honra presentar este film en la Cinemateca
de Cuba, ahora que el Che Guevara cumple sus
primeros 76 años de edad y ha rebasado
definitivamente todas las barreras aduanales
del siglo. Su rostro melenudo, inconforme,
soñador, aparece en los estadios, en las
discotecas, en las habitaciones de los
adolescentes, en los pasillos de las
universidades. Los profesores dicen: es un
mito. Los mercaderes colocan su foto en la
vitrina, junto a Elvis Presley, como si
fuese un cantante de rock. Walter Salles
sonríe, se encoge de hombros y nos invita a
viajar. Es un viaje que yo recomiendo
especialmente a los jóvenes de cualquier
edad. Un viaje para el reencuentro de
identidades y filiaciones. Desde mañana, Diarios
de motocicleta se exhibirá en el cine
Yara, el más céntrico de la capital. Otras
presentaciones se sucederán a los largo del
país, en uso y abuso de las pocas copias de
que disponemos.
Quiero
agradecer una vez más a nombre del ICAIC el
talento, la honradez, la sensibilidad artísticas
de todos los que hicieron posible este
proyecto artístico, la eficaz colaboración
del Centro Che Guevara, de Aleida y sus
hijos, de Alberto Granados; compartir con
ustedes el júbilo
por este genuino acontecimiento
cultural. Y desearles esta noche y siempre,
un provechoso viaje.
Muchas
gracias
Enrique
Ubieta Gómez
Director
de la Cinemateca de Cuba