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II
Conferencia Internacional
La
Obra de Carlos Marx y
los desafíos del Siglo XXI
4
al 8 de mayo/2004
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06
Epílogo: Geopólitica del imperialismo contemporáneo
Samir Amin
1. El análisis que propongo está inscrito
en una visión histórica general de la expansión del
capitalismo, la cual no voy a desarrollar por razones de espacio
(1). En esta visión, el capitalismo ha sido siempre, desde sus orígenes,
un sistema polarizante por naturaleza, es decir, imperialista.
Esta polarización – es decir, la construcción concomitante de
centros dominantes y periferias dominadas y su reproducción más
profunda en cada etapa – es propia del proceso de acumulación
del capital operante a escala mundial, fundado sobre lo que yo he
llamado “la ley del valor mundializada”.
2. En esta teoría de la expansión mundial
del capitalismo, las transformaciones cualitativas de los sistemas
de acumulación entre una fase y otra de su historia construyen
las formas sucesivas de la polarización asimétrica centros /
periferias, es decir, del imperialismo concreto. El sistema
mundial contemporáneo seguirá siendo, en consecuencia,
imperialista (polarizante) para cualquier futuro posible, en tanto
la lógica fundamental de su despliegue siga estando dominada por
las relaciones de producción capitalistas. Esta teoría asocia
entonces a imperialismo con proceso de acumulación del capital a
escala mundial, hecho que yo considero como una sola realidad con
diferentes dimensiones, de hecho indisociables. Ella se diferencia
entonces de la versión vulgarizada de la teoría leninista del
“imperialismo como fase superior del capitalismo” (como si las
fases anteriores de la expansión mundializada del capitalismo no
hubieran sido polarizantes) y de las teorías post modernistas
contemporáneas que califican a la nueva mundialización como
“post imperialista” (2).
1. Del conflicto permanente de los imperialismos al
imperialismo colectivo.
3. En su despliegue mundializado el
imperialismo se conjugó siempre en plural, desde sus orígenes en
el siglo XIX hasta 1945. El conflicto entre los imperialismos,
permanente y, a menudo, violento, ocupó, de esta manera, un lugar
decisivo en la transformación del mundo a través la lucha de
clases, según la cual se expresan las contradicciones
fundamentales del capitalismo. Luchas sociales y conflictos entre
imperialismos se articulaban estrechamente y esta articulación es
la que ha comandado la historia del capitalismo realmente
existente. Yo señalo en este sentido que el análisis propuesto
se separa ampliamente del de la “sucesión de hegemonías”.
4. La segunda guerra mundial provocó una
transformación mayor en lo concerniente a las formas del
imperialismo: la sustitución de un imperialismo colectivo,
asociando al conjunto de los centros del sistema mundial
capitalista (para simplificar, la ”tríada”: Estados Unidos y
su provincia exterior canadiense, Europa Occidental y central y
Japón), a la multiplicidad de imperialismos en conflicto
permanente. Esta nueva forma de la expansión imperialista pasó
por diferentes fases en su desarrollo, pero está aún presente.
El rol hegemónico eventual de los Estados Unidos, del cual habrá
que precisar sus bases y las formas de su articulación con el
nuevo imperialismo colectivo, debe ser situado en esta
perspectiva. Estas cuestiones subrayan problemas, que son
precisamente las que yo desearía tratar en este epílogo.
5. Los Estados Unidos obtuvieron un beneficio
gigantesco con la segunda guerra mundial, la cual arruinó a sus
principales combatientes – Europa, Unión Soviética, China y
Japón. Ellos quedaron entonces en una posición que les permitía
ejercer su hegemonía económica, ya que concentraban más de la
mitad de la producción industrial del mundo de entonces y tenían
la exclusividad de las nuevas tecnologías que dirigirían el
desarrollo de la segunda mitad del siglo. Además, ellos tenían
la exclusividad del arma nuclear – la nueva arma “absoluta”.
Es por estas razones que yo no sitúo el corte que anuncia el fin
de la guerra en Yalta, como se dice a menudo (en Yalta los Estados
Unidos aún no tenían el arma) sino en Postdam (días después de
los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki). En Postdam el tono
americano cambió: la decisión de la “guerra fría” fue
tomada por ellos.
6. Esta doble ventaja absoluta resultó ser
erosionada en un tiempo relativamente breve (dos décadas) por la
doble recuperación, económica para Europa capitalista y Japón,
militar para la Unión Soviética. Recordaremos entonces que este
repliegue relativo de la potencia de los Estados Unidos alimentó
a toda una época en que floreció el discurso sobre el “declive
americano” e incluso crecieron hegemonías alternativas (Europa,
Japón, y más tarde China … ).
7. En este momento se sitúa el gaullismo. De
Gaulle consideraba que el objetivo de los Estados Unidos después
de 1945 había sido el control de todo el Viejo Mundo (“Eurasia”).
Y que Washington había logrado hacer avanzar sus peones
destruyendo a Europa – a la Europa verdadera, del Atlántico a
los Urales, es decir, incluyendo a la “Rusia Soviética” como
él decía – agitando el espectro de una “agresión” de Moscú
en la cual él no creía. Sus análisis eran, según mi punto de
vista, realistas y perfectos. Pero él era casi el único en decir
esto. La contra estrategia que proponía frente al
“atlantismo” promovido por Washington, estaba fundada en la
reconciliación franco – alemana, sobre la base de la cual la
construcción de una “Europa no americana” podría concebirse,
con el cuidado de mantener a Gran Bretaña fuera del proyecto, ya
que estaba tildada, a justo título, de ser el Caballo de Troya
del atlantismo. Europa entonces podría abrirse hacia una
reconciliación con Rusia (soviética). Reconciliar y aproximar a
los tres grandes pueblos europeos – franceses, alemanes y rusos
– pondría un término definitivo al proyecto americano de
dominación del mundo. El conflicto interno del proyecto propio
europeo puede entonces resumirse en la opción entre dos
alternativas: la Europa atlántica, proyecto americano, o la
Europa (integrando en esta perspectiva a Rusia) no atlántica.
Pero este conflicto aún no está resuelto. Las evoluciones
ulteriores – el fin del gaullismo, la admisión de Gran Bretaña
en Europa, al crecimiento del Este, el derrumbe soviético – han
favorecido hasta el presente a lo que yo califico como la
“supresión del proyecto europeo” y su “doble disolución en
la mundialización económica neoliberal y en la alineación política
y militar con Washington” (3). Esta evolución reconforta, además,
la solidez del carácter colectivo del imperialismo de la tríada.
8. ¿Se trata de una transformación
cualitativa “definitiva” (no coyuntural)? ¿Implicará
forzosamente un “liderazgo” de los Estados Unidos de una u
otra manera? Antes de intentar responder a estas preguntas es
necesario explicar con más precisión en qué consiste el
proyecto de los Estados Unidos.
2. El proyecto de la clase dirigente de los Estados Unidos:
extender la doctrina Monroe a todo el planeta.
9. Este proyecto, el cual yo calificaría sin
vacilaciones de desmesurado, e incluso de demencial, y de criminal
por lo que implica, no nació de la cabeza del Presidente Bush
hijo, para ser puesto en práctica por una junta de extrema
derecha que logró el poder por una suerte de golpe de Estado como
consecuencia de elecciones dudosas.
10. Este es el proyecto que la clase
dirigente de los Estados Unidos concibe después de 1945 y del
cual nunca se ha separado, a pesar de que, con toda evidencia, su
puesta en marcha ha pasado por altas y bajas, ha conocido algunas
vicisitudes, ha estado a punto del fracaso y no había podido ser
llevado a cabo con la coherencia y la violencia que éste implica,
salvo en ciertos momentos coyunturales como el nuestro,
consecuencia del derrumbe de la Unión Soviética.
11. El proyecto le ha dado siempre un rol
decisivo a su dimensión militar. Concebido en Postdam, tal y como
argumenté anteriormente, este proyecto se fundó sobre el
monopolio nuclear. Muy rápidamente los Estados Unidos pusieron en
marcha una estrategia militar global, repartiendo el Planeta en
regiones y delegando la responsabilidad del control de cada una de
ellas a un “US Military Command”. Yo vuelvo aquí a recordar
lo que escribí antes del derrumbe de la URSS acerca de la posición
prioritaria que ocupaba el Medio Oriente en esta visión estratégica
global (4). El objetivo no era solamente “encerrar en un círculo
a la URSS” (y a China) sino también disponer de los medios que
harían de Washington el dueño absoluto de todas las regiones del
planeta. Dicho de otra manera, extender a todo el Planeta la
Doctrina Monroe, la cual efectivamente le daba a los Estados
Unidos el “derecho” exclusivo sobre el Nuevo Mundo
conformemente a los que ellos definían como sus “intereses
nacionales”.
12. Este proyecto implica que “la soberanía
de los intereses nacionales de los Estados Unidos” sea colocada
por encima de todos los otros principios que enmarcan a los
comportamientos políticos considerados como medios “legítimos”,
desarrollando una desconfianza sistemática frente a todo derecho
supra nacional. Ciertamente, los imperialistas del pasado no se
habían comportado tampoco de manera diferente y aquellos que
busquen atenuar las responsabilidades – y los comportamientos
criminales – de la dirigencia de los Estados Unidos en el
momento actual, buscando “excusas” (5), deben considerar el
mismo argumento – el de los antecedentes históricos
indiscutibles.
13. Hubiéramos deseado ver cambiar la
historia tal como parecía suceder después de 1945. El conflicto
entre los imperialismos y el desprecio del derecho internacional,
dados los horrores que las potencias fascistas provocaron durante
la segunda guerra mundial, fueron los elementos que condujeron a
que la ONU fuera fundada sobre un nuevo principio que proclamaba
el carácter ilegítimo de las guerras. Los Estados Unidos, podríamos
decir, no hicieron suyo este principio, sino que además, han
sobrepasado ampliamente a sus precoces iniciadores. Al día
siguiente de la primera guerra mundial, Wilson preconizaba volver
a fundar la política internacional en principios
diferentes a los que, después del tratado de Westphalie
(1648), le habían dado la soberanía a los estados monárquicos y
luego a las naciones más o menos democráticas, dado que ese carácter
absoluto estaba cuestionado por el desastre hacia el cual había
conducido a la civilización moderna. Poco importa que las
vicisitudes de la política interior de los Estados Unidos hayan
pospuesto la puesta en marcha de estos principios, ya que por
ejemplo F. Roosevelt, e incluso su sucesor Truman, tuvieron un rol
decisivo en la definición del nuevo concepto de multi lateralismo
y en la condena a las guerras que lo acompañaban, base de la
Carta de las Naciones Unidas.
14. Esta bella iniciativa – sostenida por
los pueblos del mundo entero en aquel entonces – y que
representaba efectivamente un salto cualitativo hacia el progreso
de la civilización, nunca contó con la convicción ni con el
apoyo de las clases dirigentes de los Estados Unidos. Las
autoridades de Washington siempre se sintieron mal dentro de la
ONU y hoy proclaman brutalmente lo que estuvieron obligadas a
esconder hasta este momento: ellas no aceptan incluso ni el
concepto de un derecho internacional superior a lo que consideran
ser las exigencias de la defensa de “sus intereses
nacionales”. Yo no creo que sea aceptable encontrar excusas ante
este retorno a la visión que los Nazis habían desarrollado en su
momento al exigir la destrucción del SDN. Predicar a favor del
derecho, con tanto talento y elegancia como lo hizo Villepin ante
el Consejo de Seguridad, lamentablemente hoy solo es una “mirada
nostálgica hacia el pasado” en vez de constituir un
recordatorio sobre lo que debe ser el futuro. Fueron los Estados
Unidos quienes, en esa ocasión, defendieron un pasado que creíamos
sobrepasado definitivamente. La puesta en práctica de un proyecto
pasa necesariamente por fases sucesivas construidas por la
realidad de las relaciones de fuerza particulares que la definen.
15. En la inmediata post guerra el liderazgo
americano no solamente fue aceptado, sino solicitado
por las burguesías de Europa y de Japón. Porque aunque la
realidad de una amenaza de “invasión soviética” solo podía
convencer a los débiles de espíritu, su invocación le hacía
buenos servicios tanto a la derecha como a los social demócratas,
a los cuales les pisaban los talones sus primos adversarios
comunistas. Pudiéramos entonces creer que el carácter colectivo
del nuevo imperialismo solo se debió a este factor político, y
que una vez que Europa y Japón recuperaran su desarrollo buscarían
desembarazarse de la tutela molesta e inútil de Washington. Pero
este no fue el caso. ¿Por qué?.
16. Mi explicación hace un llamado a
recordar el crecimiento de los movimientos de liberación nacional
en Asia y en Africa - la era de Bandoung 1955 – 1975 – (6) y
el apoyo que la Unión Soviética y China les dieron (cada uno a
su manera). El imperialismo se vio entonces obligado a actuar, no
solamente aceptando la coexistencia pacífica con un área vasta
que se les escapaba ampliamente (“el mundo socialista”), sino
también negociando los términos de la participación de los países
de Asia y de Africa en el sistema mundial imperialista. La
alineación del colectivo de la tríada bajo el liderazgo
americano parecía un hecho inútil para poder dominar las
relaciones Norte Sur de la época. Esta es la razón por la cual
los No Alineados se encontraron confrontados frente a un “bloque
occidental” prácticamente sin fallas.
17. El derrumbe de la Unión Soviética y el
desvanecimiento de los regímenes nacional populistas nacidos de
las luchas de liberación nacional posibilitaron, evidentemente,
que el proyecto de los Estados Unidos se desplegara con vigor,
sobre todo en el Medio Oriente, pero también en Africa y América
Latina. Nos queda comprender la idea de que el proyecto permanece
al servicio de un imperialismo colectivo, hasta cierto punto al
menos, algo que intentaré explicar más adelante. El gobierno
económico del mundo sobre la base de principios del
neoliberalismo, puesto en práctica por el Grupo de los 7 y las
instituciones a su servicio (OMC, Banco Mundial y FMI) y los
planes de reajuste estructurales impuestos al Tercer Mundo, son la
expresión de esto. En el plano político, podemos constatar que
en un primer momento Europeos y Japoneses aceptaron alinearse con
el proyecto de los Estados Unidos, durante las guerras del Golfo
(1991) y después en la de Yugoslavia y Asia Central (2002),
aceptando marginar a la ONU en beneficio de la OTAN. Este primer
momento no ha sido aún sobrepasado, aunque algunos signos indican
un posible fin a partir de la guerra de Irak (2003).
18. La clase dirigente de los Estados Unidos
proclama sin reticencia alguna que ella no “tolerará” la
reconstitución de ninguna potencia económica o militar capaz de
cuestionar su monopolio de dominación del planeta y se adjudica,
con esta finalidad, el derecho de conducir “guerras
preventivas”. Tres adversarios potenciales se vislumbran.
19. En primer lugar Rusia, cuyo
desmembramiento constituye el objetivo estratégico mayor para los
Estados Unidos. La clase dirigente rusa no parece haber
comprendido esto hasta el momento. Ella parece haberse convencido
que, después de haber “perdido la guerra” ella podría
“ganar la paz”, tal y como les sucedió a Alemania y Japón.
Ella olvida que Washington tenía la necesidad de ayudar a estos
dos adversarios de la segunda guerra mundial, precisamente para
hacerle frente al desafío soviético. La nueva coyuntura es
diferente, los Estados Unidos no tienen competencia seria. Su opción
es entonces destruir definitiva y completamente al adversario ruso
derrotado. ¿Putin lo habrá comprendido y comienza Rusia a salir
de sus ilusiones?
20. En segundo lugar China, cuya masa y éxito
económico inquietan a los Estados Unidos, cuyo objetivo estratégico
es igualmente el de desmembrar a este gran país (7).
21. Europa está en tercer lugar dentro de
esta visión global que tienen los nuevos dueños del mundo. Pero
con este caso la dirigencia norteamericana no parece inquieta, al
menos hasta el momento. El atlantismo incondicional de los unos
(Gran Bretaña y los nuevos poderes serviles del Estado), las
“arenas movedizas del proyecto europeo” (punto sobre el cual
regresaré) y los intereses convergentes del capital dominante del
imperialismo colectivo de la tríada, contribuyen al
desvanecimiento del proyecto europeo, mantenido en su estatus de
“modo europeo del proyecto de los Estados Unidos”. La
diplomacia de Washington ha logrado mantener a Alemania en su
sitio y la reunificación y la conquista de Europa del Este han,
aparentemente, reforzado esta alianza: Alemania se ha
envalentonado para retomar su tradición de “expansión hacia el
Este” (el papel de Berlín en el desmembramiento de Yugoslavia
dado el reconocimiento de la independencia de Eslovenia y Croacia
fueron una expresión de esto (8) y, por el resto, ha sido
invitada a navegar en la silla de Washington. Sin embargo, la
clase política alemana parece vacilante y puede estar dividida en
cuanto a sus opciones estratégicas. La alternativa de un
alineamiento atlántico – la cual parece tener viento en popa
– llama, en contrapunto, a un reforzamiento del eje París -
Berlín – Moscú, el cual se convertiría en el pilar más sólido
de un sistema europeo independiente de Washington.
22. Podemos regresar entonces a nuestra
cuestión central: naturaleza y solidaridad eventual del
imperialismo colectivo de la tríada y las contradicciones y
debilidades de su liderazgo por parte de los Estados Unidos.
3. El imperialismo colectivo de la tríada y la hegemonía de
los Estados Unidos: su articulación y sus contradicciones.
23. El mundo de hoy es militarmente unipolar.
Simultáneamente parecen dibujarse fracturas entre los Estados
Unidos y ciertos países europeos, en lo que concierne a la gestión
política de un sistema mundializado, alineado en su conjunto bajo
los principios del liberalismo, en principio al menos. ¿Estas
fracturas son solamente coyunturales y de alcance limitado o
anuncian cambios duraderos? Habría que analizar en toda su
complejidad las lógicas que comandan el despliegue de la nueva
fase del imperialismo colectivo (las relaciones Norte Sur en un
lenguaje corriente) y los objetivos propios del proyecto de los
Estados Unidos. En este espíritu es que abordaré sucinta y
sucesivamente cinco series de cuestiones.
Que conciernen a la naturaleza de las evoluciones que han
conducido hacia la constitución del nuevo imperialismo colectivo
24. Yo sugiero aquí que la formación del
nuevo imperialismo colectivo tiene su origen en la transformación
de las condiciones de la competencia. Hace algunas décadas, las
grandes firmas libraban sus batallas competitivas por lo general
en los mercados nacionales, se tratase de los Estados Unidos
(mayor mercado nacional del mundo) o de los Estados europeos (a
pesar de su talla modesta, lo que los ponía en desventaja frente
a los Estados Unidos). Los vencedores de los “match”
nacionales podían situarse en buenas posiciones en el mercado
mundial. En la actualidad, la talla del mercado necesario para
llegar hasta el primer ciclo de los matchs es cercana a los 500
– 600 millones de “consumidores potenciales”. Y son aquellos
que logran este mercado quienes se imponen en sus terrenos
nacionales respectivos. La mundialización profunda es el primer
marco de actividad de las grandes firmas. Dicho de otra manera, en
la pareja nacional / mundial los términos de la casualidad se
invirtieron: antes la potencia nacional comandaba la presencia
mundial, hoy es al revés. De esta manera, las firmas
trasnacionales, sea cual sea su nacionalidad, tienen intereses
comunes en la gestión del mercado mundial. Estos intereses se
superponen a los conflictos permanentes y mercantiles que definen
a todas las formas de competencia propias del capitalismo, sean
cuales sean.
25. La solidaridad de los segmentos
dominantes del capital trasnacional con todos los integrantes de
la tríada es real, y se expresa en su afiliación al
neoliberalismo globalizado. Los Estados Unidos están vistos
dentro de esta perspectiva como los defensores (militares si fuera
necesario) de sus “intereses comunes”. Eso no quiere decir que
Washington entienda que debe “compartir equitativamente” los
provechos de su liderazgo. Los Estados Unidos se emplean, por el
contrario, en avasallar a sus aliados y solo están dispuestos a
consentirles a sus subalternos de la tríada concesiones menores.
¿Este conflicto de intereses del capital dominante llegará hasta
el punto de entrañar una ruptura con la alianza atlántica? No es
imposible, pero es poco probable.
Que conciernen al lugar de los Estados Unidos en la economía
mundial
26. La opinión general es que el potencial
militar de los Estados Unidos sólo constituye la cumbre del
iceberg que prolonga su superioridad sobre los países en todos
los dominios, económico, político, cultural. La sumisión ante
la hegemonía que los Estados Unidos pretenden será entonces algo
inevitable. Yo considero, en contrapunto, que en el sistema de
imperialismo colectivo los Estados Unidos no tienen ventajas económicas
decisivas, ya que el sistema productivo de los Estados Unidos está
lejos de ser el “más eficiente del mundo”. Por el contrario,
casi ninguno de sus segmentos le ganaría a sus competidores en un
mercado verdaderamente abierto como el que imaginan los
economistas liberales. Testimonio de ello es el déficit comercial
de los Estados Unidos, el cual se agrava cada año, y que ha
pasado de 100 millares de dólares en 1989 a 500 en 2002. Además,
este déficit concierne a prácticamente todos los segmentos del
sistema productivo. Incluso el excedente del cual se beneficiaban
los Estados Unidos en el dominio de los bienes de alta tecnologías,
que era de 35 millares en 1990, ha cedido su lugar a un déficit.
La competencia entre Ariane y los cohetes de la Nasa y entre
Airbus y Boeing testimonia acerca de la vulnerabilidad de la
ventaja americana. Frente a Europa y a Japón en las producciones
de alta tecnología, a China, Corea y otros países
industrializados de Asia y América Latina en lo que respecta a
productos manufacturados banales, y frente a Europa y al Cono Sur
de América Latina en cuanto a la agricultura, los Estados Unidos
no ganarían la competencia si no recurrieran a ¡medios “extra
económicos” que violan los propios principios del liberalismo
impuestos a sus competidores!
27. Los Estados Unidos solo tienen ventajas
comparativas establecidas en el sector armamentista, precisamente
porque éste escapa ampliamente de las reglas del mercado y se
beneficia con el apoyo estatal. Sin dudas, esta ventaja trae
algunas otras para la esfera civil (Internet es el ejemplo más
conocido) pero es igualmente la causa de serias distorsiones que
constituyen handicaps para muchos sectores productivos.
28. La economía norteamericana vive como parásito
en detrimento de sus socios en el sistema mundial. “Los Estados
Unidos dependen para el 10% de su consumo industrial de bienes
cuya importación no está cubierta por exportaciones de productos
nacionales”, tal y como lo recuerda Emmanuel Todd (9). El mundo
produce, los Estados Unidos (cuyo ahorro nacional es prácticamente
nulo) consumen. “La ventaja” de los Estados Unidos es la de un
depredador cuyo déficit está cubierto con el aporte de los
otros, con su consentimiento o a la fuerza. Lo medios puestos en
práctica por Washington para compensar sus deficiencias son de
naturaleza diversa: violaciones unilaterales repetidas de los
principios del liberalismo, exportaciones de armas y búsqueda de
rentas petroleras (que suponen el acuerdo de sus productores, uno
de los motivos reales de las guerras de Asia central y de Irak).
Lo esencial del déficit americano está cubierto por los aportes
en capitales que provienen de Europa y Japón, del Sur (países
petroleros ricos y clases compradoras de todos los países del
Tercer Mundo, incluyendo a los más pobres), a lo cual podríamos
añadir la punción ejercida en nombre del servicio de la deuda
impuesta a la casi totalidad de los países de la periferia del
sistema mundial.
29. El crecimiento de los años Clinton,
vanagloriado como el producto de un “liberalismo” al cual
Europa se resistió desgraciadamente, es ficticio y no
generalizable, porque reposó en transferencias de capital que
implicaron la afectación de sus socios. En todos los segmentos
del sistema productivo real, el crecimiento de los Estados Unidos
no ha sido mejor que el de Europa. El “milagro americano” se
alimentó exclusivamente del crecimiento de los gastos producidos
por el agravamiento de las desigualdades sociales (servicios
financieros y personales: legiones de abogados y de policías
privados, etc. …) En este sentido, el liberalismo de Clinton
preparó bien las condiciones que permitieron el despegue
reaccionario y la victoria ulterior de Bush hijo.
30. Las causas que originaron el
debilitamiento del sistema productivo de los Estados Unidos son
complejas. Ellas no son ciertamente coyunturales, pudiendo ser
corregidas con, por ejemplo, la adopción de una tasa de cambio
correcta, o con la construcción de relaciones salario /
productividad más favorables. Ellas son estructurales. La
mediocridad de los sistemas de enseñanza general y de formación,
y el prejuicio tenaz que favorece sistemáticamente al
“privado” en detrimento del servicio público, cuentan entre
las principales razones de la profunda crisis que atraviesa la
sociedad de Estados Unidos.
31. Debería entonces extrañarnos que los
europeos, lejos de sacar estas conclusiones que se imponen al
constatar la insuficiencia de la economía de los Estados Unidos,
se esfuerzan, por el contrario, en imitarlos.
El virus liberal tampoco explica todo, aunque tenga algunas
funciones útiles para el sistema, como la de paralizar a la
izquierda. La privatización a ultranza y el desmantelamiento de
los servicios públicos sólo conseguirán reducir las ventajas
comparativas de las cuales se beneficia aún la “vieja
Europa”, como la califica Bush. Pero sean cuales sean los daños
que ocasionarán a largo plazo, estas medidas ofrecen al capital
dominante, que vive en el corto término, la ocasión de provechos
suplementarios.
Que conciernen a los objetivos propios del proyecto de los
Estados Unidos
32. La estrategia hegemónica de los Estados
Unidos se sitúa en el marco de un nuevo imperialismo colectivo.
33. Los economistas (convencionales) no
disponen de herramientas analíticas que les permitan comprender
toda la importancia del primero de estos objetivos. ¿No los oímos
repetir hasta el cansancio que en la “nueva economía” las
materias primas que brinda el Tercer Mundo perderán su
importancia y, en consecuencia, será éste cada vez más marginal
en el sistema mundial? En contrapunto a este discurso ingenuo y
vano, el Mein Kampf de
la nueva administración de Washington (10) confiesa que los
Estados Unidos se han tomado el derecho de apropiarse de todos los
recursos naturales del Planeta para satisfacer prioritariamente a
sus consumidores. La carrera por las materias primas (petróleo en
primer lugar, pero también por otros recursos, el agua, sobre
todo) ya ha retomado toda su virulencia. Sobre todo porque algunos
recursos arriesgan su extinción, no solamente por el cáncer
exponencial provocado por el derroche del consumo occidental, sino
también por el desarrollo de la nueva industrialización de las
periferias.
34. Por
otra parte, un respetable número de países del Sur están
llamados a convertirse en productores industriales cada vez más
importantes, tanto en sus mercados internos como en el mercado
mundial. Importadores de tecnologías, de capitales, pero también
competidores en la exportación, ellos están llamados a estar
presentes en los equilibrios mundiales con un peso creciente. No
se trata solamente de algunos países de Asia del este (como
Corea), sino de la inmensa China y, mañana, de la India y de los
grandes países de América Latina. Ahora bien, lejos de ser este
un factor de estabilidad, la aceleración de la expansión
capitalista en el sur solo podrá ser la causa de conflictos
violentos, internos e internacionales. Porque esta expansión no
puede absorber, en las condiciones de la periferia, a la enorme
fuerza de trabajo que se encuentra allí concentrada. En este
sentido, las periferias del sistema son “zonas de tempestad”.
Los centros del sistema capitalista tienen necesidad de ejercer su
dominación en las periferias y de someter a sus pueblos a la
disciplina feroz que exige la satisfacción de sus prioridades.
35. En
esta perspectiva, la dirigencia americana ha comprendido
perfectamente que, para conservar su hegemonía, dispone de tres
ventajas decisivas sobre sus competidores europeos y japonés: el
control de los recursos naturales del globo terráqueo, el
monopolio militar y el peso que tiene la “cultura anglosajona”
a través de la cual se expresa preferentemente la dominación
ideológica del capitalismo. La puesta en práctica sistemática
de estas tres ventajas aclara muchos aspectos de la política de
los Estados Unidos, sobre todo los esfuerzos sistemáticos que
Washington realiza por el control militar del Medio Oriente
petrolero, su estrategia ofensiva frente a Corea – aprovechándose
de la “crisis financiera” del país – y, frente a China, y
el sutil juego que busca perpetuar las divisiones en Europa –
movilizando con esta finalidad a su aliado incondicional británico
– e impidiendo un acercamiento serio entre la Unión Europea y
Rusia. En el plano del control global de los recursos del planeta,
los Estados Unidos disponen de ventajas decisivas sobre Europa y
Japón. No solamente porque los Estados Unidos son la única
potencia militar mundial, hecho por el cual ninguna intervención
fuerte en el Tercer Mundo puede ser conducida sin ellos, sino
porque Europa (ex URSS excluida) y Japón están desprovistos de
los recursos esenciales para la sobrevivencia de sus economías.
Por ejemplo, su dependencia en el dominio energético, sobre todo
su dependencia petrolera del Golfo, será considerable durante
largo tiempo, incluso aunque decrezca en términos relativos.
Tomando – militarmente – el control de esta región con la
guerra de Irak, los Estados Unidos han demostrado que estaban
perfectamente concientes de la utilidad de este medio de presión
frente a sus aliados competidores. Anteriormente, el poder soviético
había comprendido esta vulnerabilidad de Europa y de Japón y
ciertas intervenciones soviéticas en el Tercer Mundo habían
tenido el objetivo de recordarlo, de manera de llevarlos a
negociar en otro terreno. Evidentemente, las deficiencias de
Europa y de Japón podrían ser compensadas con la hipótesis de
un serio acercamiento Europa – Rusia (la “casa común” de
Gorbatchov). Esta es la razón por la cual el peligro de esta
construcción en Eurasia fue vivido por Washington como una
pesadilla.
Que conciernen a los
conflictos que oponen, en este marco, a los Estados Unidos de sus
socios de la tríada
36.
Aunque los socios de la Tríada comparten intereses comunes en la
gestión mundial del imperialismo colectivo en sus relaciones con
el Sur, ellos tienen también una relación conflictiva
potencialmente seria.
37. La
superpotencia americana vive gracias a los flujos de capitales que
alimentan el parasitismo de su economía y de su sociedad. La
vulnerabilidad de los Estados Unidos constituye, en ese sentido,
una seria amenaza para el proyecto de Washington.
38.
Europa en particular y el resto del mundo en general deberán
escoger entre una de las dos opciones estratégicas siguientes:
utilizar el “excedente” de los capitales (“de ahorro”) de
que disponen para financiar el déficit de los Estados Unidos (de
consumo, inversiones y gastos militares) o conservar e invertir en
ellos estos excedentes.
39. Los
economistas convencionales ignoran el problema, al haber hecho la
hipótesis (la cual no tiene sentido) de que la “mundialización”
suprimirá a las naciones y que las grandezas económicas (ahorro
e inversiones) no podrán ser administradas a nivel internacional.
Se trata de un razonamiento tautológico que implica en sus
propias premisas las conclusiones a las cuales queremos llegar:
justificar y aceptar el financiamiento del déficit de los Estados
Unidos por parte de los otros porque, a nivel mundial, ¡encontraremos
la igualdad entre ahorro e inversiones!.
40. ¿Por
qué tal ineptitud es aceptada? Sin dudas, los equipos “de
sabios economistas” que existen en las clases políticas
europeas (y otras, como las rusas y las chinas) de derecha y de la
izquierda electoral son las propias víctimas de la alienación
economicista que yo llamo el “virus liberal”. Más aún, a
través de esta opinión se expresa el juicio político del gran
capital trasnacional, el cual considera que las ventajas
procuradas por la gestión del sistema mundializado por los
Estados Unidos por cuenta del imperialismo colectivo están por
encima de sus inconvenientes: el tributo a pagar a Washington para
asegurase la permanencia. Porque se trata bien de un tributo y no
de un negocio de buena rentabilidad garantizada. Hay países
calificados como “países pobres endeudados” que están
obligados a asegurar el servicio de su deuda a cualquier precio.
Pero hay también “países potentes endeudados” y que tienen
todos los medios que les permitirían desvalorizar su deuda si lo
consideraran necesario.
41. La
otra opinión consistiría para Europa (y el resto del mundo) en
ponerle término a la tranfusión a favor de los Estados Unidos.
Los excedentes podrían ser entonces utilizados en los lugares de
origen y relanzar las economías. Porque la tranfusión exige la
sumisión de los Europeos a las políticas “desinflacionarias”,
(término impropio del lenguaje de la economía convencional y que
yo sustituiría por “sentenciarias”) para poder sacar un
excedente de ahorro exportable. Ello hace retardar los avances de
Europa - siempre mediocres - de los - sostenidos artificialmente -
de Estados Unidos. En sentido inverso, la movilización de este
excedente para empleos locales en Europa permitiría
relanzar simultáneamente el consumo (a través de la
reconstrucción de la dimensión social de la gestión económica
desvastada por el virus liberal), la inversión - en particular en
las nuevas tecnologías (y financiar sus investigaciones), e
incluso los gastos militares (poniéndole término a las
“ventajas” de los Estados Unidos en este dominio). La opción
a favor de esta respuesta ante el desafío implica un re
equilibrio de las relaciones sociales a favor de las clases
trabajadoras. Conflictos entre Naciones y luchas sociales se
articulan de esta manera. En otras palabras, el contraste Estados
Unidos / Europa no opone fundamentalmente los intereses de los
segmentos dominantes del capital de los diferentes socios. El es
resultado, ante todo, de las diferencias en las culturas políticas.
Que conciernen los
problemas teóricos que sugieren las reflexiones precedentes
42. La
complicidad / competencia entre los socios del imperialismo
colectivo por el control del Sur (saqueo de sus recursos naturales
y sumisión de sus pueblos) puede ser analizada a partir de
diversos ángulos de visiones diferentes. Yo haré, en este
sentido, tres observaciones que me parecen esenciales.
43.
Primara observación: el sistema mundial contemporáneo, el cual
yo califico como imperialista colectivo, no es “menos”
imperialista que los precedentes. El no es un “Imperio” de
naturaleza “post capitalista”. Yo propongo, en consecuencia,
una crítica a las formulaciones ideológicas del “disfraz”
que alimenta este discurso dominante “a la moda” (11).
44.
Segunda observación: yo propongo una lectura de la historia del
capitalismo, mundializado desde sus orígenes, anclada en la
distinción entre las diferentes fases del imperialismo
(relaciones centros / periferias). Existen, por supuesto, otras
lecturas de esta misma historia, sobre todo las que se articulan
alrededor de la “sucesión de hegemonías” (12)
Yo tengo algunas reservas
con respecto a esta última lectura.
45. De
entrada y en lo esencial, porque ella es “occidentalocéntrica”,
en el sentido en que considera que las transformaciones que se
operan en el corazón del sistema, en sus centros, comandan de
manera decisiva - y casi exclusiva - la evolución global del
sistema. Yo creo que las reacciones de los pueblos de las
periferias ante el despliegue imperialista no deben ser
subestimadas. Porque ellas provocaron la independencia de América,
las grandes revoluciones hechas en nombre del socialismo (Rusia y
China), la reconquista de la independencia de los países asiáticos
y africanos, y porque yo no creo que podamos rendir cuentas de la
historia del capitalismo mundial sin tener en cuenta los
“ajustes” que estas transformaciones le han impuesto al propio
capitalismo central.
46. Además,
porque la historia del imperialismo me parece que ha sido
construida más por los conflictos de los imperialismos que por el
tipo de “orden” que las hegemonías sucesivas hayan impuesto.
Los períodos de “hegemonía” aparente han sido siempre muy
breves y la hegemonía en cuestión es algo muy relativo.
47.
Tercera observación: mundialización no es sinónimo de
“unificación” del sistema económico por medio de la
“apertura desregulada de los mercados”. Esta - en sus formas
históricas sucesivas (“la libertad de comercio” en el ayer,
la “libertad de empresa” hoy) - sólo ha sido un proyecto del
capital dominante. En realidad, este proyecto ha estado casi
siempre obligado a ajustarse ante exigencias que no forman parte
de su lógica interna, exclusiva y propia. Este solo ha podido ser
puesto en práctica en breves momentos de la historia. El “libre
intercambio”, promovido por la mayor potencia industrial de su
época - Gran Bretaña - solo
fue efectivo durante dos décadas (1860 - 1880) a las
cuales le sucedió un siglo (entre 1880 y 1980) caracterizado por
el conflicto entre los imperialistas y por la fuerte desconexión
de los llamados países socialistas (a partir de la revolución
rusa de 1917, y después la de China) y la más modesta de los países
del nacional populismo (era de Bandoung para Asia y Africa entre
1955 y 1975). El momento actual de reunificación del mercado
mundial (la “libre empresa”) inaugurado por el neoliberalismo
a partir de 1980, se ha extendido al conjunto del planeta con el
derrumbe soviético. El caos que éste ha generado testimonia su
carácter de “utopía permanente del capital”, término con el
cual lo califiqué desde 1990 (13).
El Medio Oriente en el
sistema imperialista
1. El Medio Oriente, con
sus antiguas extensiones hacia el Caúcaso y el Asia central ex
soviéticas, ocupa una posición de importancia particular en la
geoestrategia / geopolítica del imperialismo y, singularmente, en
el proyecto hegemónico de los Estados Unidos. El le debe esta
posición a tres factores: su riqueza petrolera, su posición
geográfica en el corazón del Viejo Mundo y el hecho de que
constituye en la actualidad el “vientre” del sistema mundial.
48. El acceso al petróleo relativamente
barato es vital para la economía de la tríada dominante y el
mejor medio de ver este acceso garantizado consiste, bien
entendido, en asegurarse el control político de la región.
49. Pero la región le debe su importancia
también a su posición geográfica, en el centro del Viejo Mundo,
a la misma distancia de París, Pekín, Singapur y Johannesburgo.
En otros tiempos, el control de este lugar de paso obligatorio le
dio al Califa el privilegio de sacar los mayores beneficios de la
mundialización de la época (14). Después de la segunda guerra
mundial, la región, situada en el flanco sur de la URSS, ocupaba,
por este hecho, un lugar importante en la estrategia de encerrar
militarmente a la potencia soviética. Y la región no perdió su
importancia a pesar del derrumbe del adversario soviético, porque
instalándose en ella los Estados Unidos, podrían simultáneamente
avasallar a Europa, dependiente en sus recursos energéticos, y
someter a Rusia, China y la India a un chantaje permanente nacido
de las intervenciones militares si fuera necesario. El control de
la región permite entonces, efectivamente, la extensión de la
doctrina Monroe hacia el Viejo Mundo, lo cual constituye el
objetivo del proyecto hegemónico de los Estados Unidos.
50. Los esfuerzos desplegados con continuidad
y constancia por Washington desde 1945 para asegurarse el control
de la región - excluyendo a los británicos y a los franceses -
no habían sido hasta el momento coronados por el éxito.
Recordemos el fracaso de la tentativa de asociar la región a la
OTAN a través del Pacto de Bagdad, y más tarde la caída del
Shah de Irán, uno de sus aliados más fieles.
51. La razón era simplemente que el proyecto
de populismo nacionalista árabe (e iraní) entraba en conflicto
con los objetivos de la hegemonía americana. Este proyecto árabe
tenía la ambición de imponerle a las Potencias el reconocimiento
de la independencia del mundo árabe. Este fue el sentido que tuvo
el “no alineamiento” formulado en 1955 en Bandoung por el
conjunto de los movimientos de liberación de los pueblos de Asia
y de Africa que tenían el viento a su favor. Los soviéticos
comprendieron rápidamente que aportándole su apoyo a este
proyecto mantendrían en jaque los planes agresivos de Washington.
52. La página de esta época fue tornada, de
entrada porque el proyecto nacional populista del mundo árabe rápidamente
agotó su potencial de transformación y porque los poderes
nacionalistas se convirtieron en dictaduras sin programa. El vacío
creado por esta deriva le abrió la vía al Islam político y a
las autocracias oscurantistas del Golfo, aliados preferenciales de
Washington. La región se convirtió en uno de los vientres del
sistema global, produciendo coyunturas que permitieron
intervenciones exteriores (incluidas las militares) que los regímenes
en plaza no lograron contener - ni incluso desalentar - debido a
la falta de legitimidad ante sus pueblos.
53. La región constituía - y constituye -
en el mapa geomilitar americano que cubre al planeta entero, una
zona considerada como de primera prioridad (al igual que el
Caribe), es decir, una zona donde los Estados Unidos se han
otorgado el “derecho” de intervención militar. ¡Y después
de 1990 ellos no se privan de esto!
54. Los Estados Unidos operan en el Medio
Oriente en estrecha colaboración con sus aliados fieles e
incondicionales, Turquía e Israel. Europa se ha mantenido fuera
de la región, aceptando que los Estados Unidos defiendan solos
los intereses vitales globales de la tríada, es decir, el
abastecimiento de petróleo. A pesar de los signos de irritación
evidentes después de la guerra de Irak, los europeos continúan
en su conjunto navegando en la región sentados en el asiento de
Washington.
2. El expansionismo colonial de Israel constituye un desafío
real. Israel es el único país del mundo que rechaza reconocer
fronteras definitivas (y por ello no tiene el derecho de ser
miembro de las Naciones Unidas). Al igual que los Estados Unidos
en el siglo XIX, Israel considera que tiene el “derecho” de
conquistar nuevas áreas por la expansión de su colonización y
de tratar a los pueblos que las habitan desde hace miles de años
como Pieles Rojas. Israel es el único país que declara
abiertamente no estimarse concernido por las resoluciones de la
ONU.
55. La guerra de 1967, planificada en acuerdo
con Washington desde 1965, perseguía diversos objetivos:
amortiguar el derrumbe de los regímenes nacional populistas,
romper su alianza con la Unión Soviética, obligarlos a
reposicionarse bajo las órdenes americanas y abrir tierras nuevas
para la colonización sionista. En los territorios conquistados en
1967 Israel puso en práctica un sistema de apartheid inspirado en
el de Africa del Sur.
56. Y en este punto es que los intereses del
capital dominante mundial se concilian con los del sionismo.
Porque un mundo árabe modernizado, rico y potente, cuestionaría
el acceso garantizado de los países occidentales al saqueo de sus
recursos petroleros, hecho necesario para continuar con el
derroche asociado a la acumulación capitalista. Los poderes políticos
de los países de la tríada, los cuales son fieles sirvientes del
capital trasnacional dominante, no desean que exista un mundo árabe
moderno y potente.
57. La alianza entre las potencias
occidentales e Israel está fundada entonces en la solidez de sus
intereses comunes. Esta alianza no es ni el producto de un
sentimiento de culpabilidad de los europeos, responsables del
antisemitismo y del crimen nazi, ni tampoco de la habilidad del
“lobby judío” para explotar ese sentimiento. Si las potencias
occidentales pensaran que sus intereses no estaban en conjugación
con el expansionismo colonial sionista, encontrarían rápidamente
los medios para sobreponerse a su “complejo” y neutralizar al
“lobby judío”. Yo lo supongo así, ya que no soy de aquellos
que creen ingenuamente que la opinión pública en los países
democráticos se impone ante los poderes. Sabemos que la opinión
“se fabrica” también. Israel sería incapaz de resistir mucho
tiempo medidas (incluso moderadas) de bloque, tal y como el que
las potencias occidentales le han impuesto a Yugoslavia, a Irak y
a Cuba. No sería entonces nada difícil hacer entrar a Israel en
razones y crear las condiciones para una paz verdadera, si se
deseara. Pero no se desea.
58. Al día siguiente de la derrota en 1967,
Sadate declaraba que ya que los Estados Unidos tenían en sus
manos el “90% de las cartas” (esta fue su propia expresión)
había que romper con la URSS, reintegrarse al campo occidental y
que, gracias a esto, podrían obtener de Washington la concesión
de que ejerciera una presión suficiente sobre Israel para hacerlo
entrar en razones. Más allá de esta “idea estratégica”
propia de Sadate - de la cual los eventos subsiguientes dieron
cuenta de su inconsistencia - la opinión pública árabe
permaneció ampliamente incapaz de comprender la dinámica de la
expansión capitalista mundial, y aún menos de identificar sus
contradicciones y debilidades verdaderas. ¿No oímos decir y
repetir que “los occidentales comprenderían a la larga que su
propio interés era el de mantener buenas relaciones con los dos
cientos millones de árabes - sus vecinos inmediatos - y no
sacrificar estas relaciones por el apoyo incondicional a
Israel”? Esto significa implícitamente pensar que los
“Occidentales” en cuestión (es decir, el capital dominante)
desean un mundo árabe modernizado y desarrollado, y no comprender
que desean, por el contrario, mantenerlos en la impotencia y que
para ello les resulta útil el apoyo a Israel.
59. La opción escogida por los gobiernos árabes
- con excepción de Siria y del Líbano, la cual los condujo a las
negociaciones de Madrid y de Oslo (1993), de suscribir el plan
americano de pretendida “paz definitiva”, no podía dar
resultados diferentes que los que dio: envalentonar a Israel en
hacer avanzar sus peones en su proyecto expansionista. Rechazando
en la actualidad abiertamente los términos del “contrato de
Oslo”, Ariel Sharon demuestra solamente lo que debíamos haber
comprendido antes - que no se trataba de un proyecto de “paz
definitiva”, sino de comenzar una nueva etapa de la expansión
colonial sionista.
60. El estado de guerra permanente que Israel
junto a las potencias occidentales que sostienen su proyecto le
imponen a la región, constituye un potente motivo que le permite
a los sistemas árabes autocráticos perpetuarse. Este bloqueo,
ante una evolución democrática posible, debilita las
oportunidades de renovación árabe y permite el despliegue del
capital dominante y de la estrategia hegemónica de los Estados
Unidos. El lazo está anudado: la alianza israelo americana sirve
perfectamente para los intereses de ambos socios.
61. En un primer momento, el sistema de
apartheid puesto en marcha después de 1967 dio la impresión de
ser capaz de lograr sus fines, la gestión miedosa de la
cotidianidad en los territorios ocupados por parte de los notables
y de la burguesía comerciante parecía aceptada por el pueblo
palestino. La OLP, alejada de la región después de la invasión
del Líbano por parte del ejército israelí (1982) parecía no
tener los medios - desde su lejano exilio en Túnez - para
cuestionarse la anexión sionista.
62. La primera Intifada estalló en diciembre
de 1987. Explosión de apariencia “espontánea”, ella
expresaba la irrupción en la escena de las clases populares, y
singularmente de sus segmentos más pobres, confinados en los
campos de refugiados. La Intifada boicoteó el poder israelí a
través de la organización de una desobediencia cívica sistemática.
Israel reaccionó con brutalidad, pero no logró ni restablecer su
poder policial eficaz ni el de las clases medias palestinas. Por
el contrario, la Intifada llamaba a un retorno en masa de las
fuerzas políticas en el exilio, la constitución de nuevas formas
locales de organización y la adhesión de las clases medias a la
lucha de liberación desatada. La Intifada fue provocada por jóvenes,
inicialmente no organizados en las redes formales de la OLP (Fath,
devoto de su jefe Yasser Arafat, el FDLP, el FPLP, el Partido
comunista) se volcaron inmediatamente en la Intifada y se ganaron,
por ello, la simpatía de la mayor parte de sus Chebab. Los
Hermanos Musulmanes, sobrepasados dada su débil actividad durante
los años precedentes, a pesar de algunas acciones del Jihad islámico,
hicieron su aparición en 1980, cediendo el lugar a una nueva
expresión de lucha: Hamas, constituido en 1988.
63. En tanto que esta primera Intifada daba,
después de dos años de expansión, signos de agotamiento, dada
la violenta represión de los israelitas (uso de armas de fuego
contra niños, cierre de la “línea verde” a los trabajadores
palestinos, fuente casi exclusiva de entradas para sus familias,
etc.), la escena
estaba montada para una “negociación” de la cual los Estados
Unidos tomaron la iniciativa, conduciendo a Madrid (1991),
después de los acuerdos de Oslo llamados de paz (1993).
Estos acuerdos permitieron el retorno de la OLP a los territorios
ocupados y su transformación en una “Autoridad Palestina”
(1994).
64. Los acuerdos de Oslo imaginaron la
transformación de los territorios ocupados en uno o varios
Bantustanes, definitivamente integrados en el espacio israelí. En
este marco, la Autoridad Palestina sólo debía ser un falso
Estado - como el de los Bantustanes - y de hecho, ser la correa de
transmisión del orden sionista.
65. De regreso en Palestina, la OLP
convertida en Autoridad logró establecer su orden, no sin algunas
ambigüedades. La Autoridad absorbió en sus nuevas estructuras a
la mayor parte de los Chebab que habían coordinado la Intifada.
Ella logró legitimidad por la consulta electoral de 1996, en la
cual los palestinos participaron en masa (80%) en tanto que Arafat
se hizo plebiscitar como Presidente de esta Autoridad. La
Autoridad permaneció, sin embargo, en una posición ambigua: ¿aceptaría
las funciones que Israel, los Estados Unidos y Europa le atribuían
- la de “gobierno de un Bantustán” o se alinearía con el
pueblo palestino que rechazaba someterse?
66. Como el pueblo palestino rechazó el
proyecto de Bantustán, Israel decidió denunciar los acuerdos de
Oslo, de los cuales, sin embargo, él había dictado los términos,
para sustituirlos por el empleo de la violencia militar pura y
simple. La provocación de las Mesquitas, puesta en marcha por el
criminal de guerra Sharon en 1998 (pero con el apoyo del gobierno
trabajista que le brindó los medios de asalto) y la elección
triunfal de este propio criminal al frente del gobierno de Israel
(con la colaboración de los “colombes” contra Simon Peres en
este gobierno) fueron la causa de la segunda Intifada, la cual está
en curso en la actualidad.
67. ¿Logrará ésta liberar al pueblo
palestino de la perspectiva de sumisión planificada por el
apartheid sionista? Demasiado pronto para decirlo. En todo caso,
el pueblo palestino dispone ahora de un verdadero movimiento de
liberación nacional. Con sus especificidades. No es del estilo
“partido único”, de apariencia (sino de realidad) “unánime”
y homogéneo. Tiene componentes que conservan su personalidad
propia, sus visiones de futuro, sus ideologías incluso, sus
militantes y sus clientelas, pero que, aparentemente, saben
entenderse para llevar a cabo la lucha de conjunto.
3. La erosión de los regímenes de nacional populismo y la
desaparición del apoyo soviético brindaron a los Estados Unidos
la ocasión de poner en práctica su “proyecto” para la región,
sin obstáculos capaces de hacerles dar marcha atrás hasta este
momento.
68. El control del Medio Oriente es
ciertamente una pieza maestra del proyecto de hegemonía mundial
de Washington. ¿Cómo entonces los Estados Unidos imaginan
asegurar el control? Hace ya una decena de años Washington había
tomado la iniciativa de avanzar en el curioso proyecto de un
“mercado común del Medio Oriente”, en el cual los países del
Golfo habrían aportado el capital, y los otros países la mano de
obra barata, reservándole a Israel el control tecnológico y las
funciones de intermediario obligado. Aceptado por los países del
Golfo y Egipto, el proyecto se enfrentaba al rechazo de Siria,
Irak e Irán. Había entonces que, para ir hacia delante, abatir a
estos tres regímenes. Ahora bien, esto ya está hecho en Irak.
69. El problema es entonces saber qué tipo
de régimen político debe ser impuesto para que sea capaz de
sostener este proyecto. El discurso propagandístico de Washington
habla de “democracias”. De hecho, Washington solo se emplea en
sustituir autocracias nacidas del populismo sobrepasado por
autocracias oscurantistas pretendidas “islámicas” (obligado
por el respeto de la especificidad cultural de las
“comunidades”). La alianza renovada con un Islam político
llamado “moderado” (es decir, capaz de dominar la situación
con la suficiente eficacia para prohibir las derivas
“terroristas” - las dirigidas contra los Estados Unidos y solo
contra ellos, por supuesto) constituye el eje de la opción política
de Washington, permaneciendo
como la única opción posible. En esta perspectiva es que la
reconciliación con la autocracia arcaica del sistema será
buscada.
70. Frente al despliegue del proyecto de los
Estados Unidos, los europeos inventaron su propio proyecto,
bautizado como “sociedad euro mediterránea”. Proyecto intrépido,
lleno de habladurías sin seguimiento, pero que, igualmente, se
proponía “reconciliar a los países árabes con Israel”. A la
vez que excluían a los países del Golfo del “diálogo euro
mediterráneo”, los europeos reconocían que la gestión de éstos
era de responsabilidad exclusiva de Washington (15).
71. El contraste entre la audacia temeraria
del proyecto americano y la debilidad del de Europa son bellos
indicadores de que el atlantismo realmente existente ignora el
“sharing” (compartir responsabilidades y asociación en la
toma de decisiones, poniendo en condiciones iguales a los Estados
Unidos y a Europa). Tony Blair, que se considera el abogado de la
construcción de un mundo “unipolar”, cree poder justificar
esta opción porque el atlantismo que se le permitiría estaría
fundado en el “sharing”. La arrogancia de Washington desmiente
cada día más esta esperanza ilusa, aunque sirva simplemente como
medio para engañar a la opinión europea.
El realismo del propósito de Stalin, que había dicho en
su momento que los nazis “no sabían donde detenerse”, se
aplica a la junta que gobierna a los Estados Unidos. Y las
“esperanzas” que Blair intenta reanimar se parecen a las que
Mussolini colocaba en su capacidad de “clamar” Hitler!
72. ¿Es posible otra opinión europea? ¿Se
dibuja ésta? ¿El discurso de Chirac, oponiendo al mundo “atlántico
unipolar” (que comprende bien, parece, que la hegemonía
unilateral de los Estados Unidos reduce al proyecto europeo a ser
solo el modo europeo del proyecto de Washington) frente a la
construcción de un mundo “multipolar”, anuncia el fin del
atlantismo?
73. Para que esta posibilidad se convierta en
realidad, faltaría aún que Europa logre salir de las arenas
movedizas sobre las cuales resbala.
Las arenas movedizas del proyecto europeo
74. Todos los gobernantes de los Estados
europeos hasta el presente se han aliado a la tesis del
liberalismo. Esta alianza de los Estados europeos no significa
otra cosa que el fin del proyecto europeo, su doble disolución
económica (las ventajas de la unión económica europea se
disuelven dentro de la mundialización económica) y política (la
autonomía política y militar europea desaparecen). Ya no existe,
en este momento, ningún proyecto europeo. Ha sido sustituido por
un proyecto noratlántico (o eventualmente de la tríada) bajo el
comando americano.
75. Las guerras “made in USA” han
ciertamente despertado las opiniones públicas - en toda Europa
contra la última, la de Irak - e incluso a ciertos gobiernos, en
primer lugar el de Francia, pero también los de Alemania, Rusia y
China. No obstante, estos gobiernos no han cuestionado su fiel
alineamiento ante las exigencias del liberalismo. Esta contradicción
mayor deberá ser sobrepasada de una manera o de otra, ya sea a
través de la sumisión ante las exigencias de Washington, ya sea
por una verdadera ruptura que ponga término al atlantismo.
76. La conclusión política más importante
que yo saco de este análisis es que Europa no podrá salir del
atlantismo mientras que las alianzas políticas que definen sus
bloques de poder permanezcan centradas en el capital trasnacional
dominante. Solamente si las luchas sociales y políticas lograran
modificar el contenido de estos bloques e imponer nuevos
compromisos históricos entre el capital y el trabajo será que
Europa podrá tomar alguna distancia frente a Washington,
permitiendo, en consecuencia, el renacer de un eventual proyecto
europeo. En estas condiciones Europa podría - debería incluso -
comprometerse igualmente en el plano internacional, en sus
relaciones con el Este y con el Sur, en otro camino diferente al
trazado por las exigencias exclusivas del imperialismo colectivo,
amortiguando, de esta manera, su participación en la larga marcha
“más allá del capitalismo”. Dicho de otra manera, Europa será
de izquierda (el término izquierda es tomado aquí muy en serio)
o no será Europa.
77. Conciliar la adhesión al liberalismo con
la afirmación de una autonomía política de Europa, o de los
Estados que la constituyen, es el objetivo de ciertas fracciones
de las clases políticas europeas preocupadas por preservar las
posiciones exclusivas del gran capital. ¿Podrán ellas lograrlo?
Yo lo dudo mucho.
78. En contrapunto, las clases populares en
Europa ¿serán capaces de sobreponerse ante la crisis que
enfrentan? Yo lo creo posible, precisamente por las razones que
hacen que la cultura política de ciertos países europeos al
menos sea diferente de la de los Estados Unidos, y podría
producirse un renacimiento de la izquierda. La condición es
evidentemente que éstas se liberen del virus del liberalismo.
79. El “proyecto europeo” nació como el
modo europeo del proyecto atlántico de los Estados Unidos,
concebido al día siguiente de la segunda guerra mundial, dentro
del espíritu de la “guerra fría” puesta en marcha por
Washington, proyecto frente al cual los burgueses europeos - a la
vez debilitados y temerosos frente a sus propias clases obreras -
se adhirieron prácticamente sin condiciones.
80. Sin embargo, el propio despliegue de este
proyecto - de origen dudoso - ha modificado progresivamente datos
importantes del problema y de sus desafíos. Europa del Oeste logró
terminar con su retraso económico y tecnológico con respecto a
los Estados Unidos. Por otra parte, el enemigo soviético ya no
está. El despliegue del proyecto aglutinó a las principales
adversidades que habían marcado durante siglo y medio la historia
europea: los tres países mayores del continente - Francia,
Alemania y Rusia - se reconciliaron. Todas estas evoluciones son,
según mi punto de vista, positivas, y están llenas de un
potencial aún más positivo. Ciertamente, este despliegue se
inscribe en bases económicas inspiradas en los principios del
liberalismo, pero de un liberalismo temperado hasta los años 80
por la dimensión social tenida en cuenta por y a través del
“compromiso histórico socialdemócrata”, que obligaba al
capital a ajustarse ante las demandas de justicia social
expresadas por las clases trabajadoras. Después el despliegue
continuó en un marco social nuevo, inspirado por un liberalismo
“a la americana”, completamente anti social.
81. Este último viraje ha lanzado a las
sociedades europeas hacia una crisis multidimensional. De entrada,
está la crisis económica de la opción liberal. Una crisis
agravada por la alineación de los países de Europa ante las
exigencias económicas de su líder norteamericano, Europa
consintiendo hasta ahora en financiar el déficit de éste último
en detrimento de sus propios intereses. Luego hubo la crisis
social, la cual se acentuó con el crecimiento de las resistencias
y de las luchas de las clases populares contra las consecuencias
fatales de la opción liberal. Finalmente, hubo el intento de una
crisis política - el rechazo de alinearse, sin condiciones al
menos, bajo la opción de los Estados Unidos en la guerra sin fin
contra el Sur.
82. ¿Cómo los pueblos y los Estados
europeos le harán frente a este triple desafío?
83. Los europeos se dividen en tres conjuntos
diferentes:
Los que defienden la opción liberal y aceptan el liderazgo de
los Estados Unidos, casi sin condiciones.
Los que defienden la opción liberal, pero desearían una
Europa política independiente, fuera de la alineación americana.
Los que desearían (y luchan por) una “Europa social”, es
decir, un capitalismo temperado por un nuevo compromiso social
capital / trabajo que opere a escala europea, y simultáneamente,
una Europa política practicante de “otras relaciones”
(amistosas, democráticas y pacíficas) con el Sur, Rusia y China.
La opinión pública general en toda Europa ha expresado, durante
el Forum Social Europeo (Florencia 2002) y en la ocasión de la
guerra contra Irak, su simpatía por esta posición de principios.
84. Hay ciertamente otros, los “no
europeos”, en el sentido de que no piensan que sean posibles ni
deseables ninguna de las tres opciones pro - europeas. Estos son aún
minoritarios, pero ciertamente están llamados a reforzarse.
Reforzarse de entrada en una de dos opciones fundamentalmente
diferentes:
Una opción “populista” de derecha, que rechaza la
progresión de los poderes políticos - e incluso económicos -
supranacionales, con la ¡excepción evidente de los del capital
trasnacional!
Una opción popular de izquierda, nacional, ciudadana, democrática
y social.
¿Sobre cuáles fuerzas se apoya cada una de estas tendencias
y cuáles son sus oportunidades de éxito respectivas?
85. El capital dominante es liberal por
naturaleza. En este sentido, es llevado lógicamente a sostener la
primera de estas tres opciones. Tony Blair representa la expresión
más coherente de lo que yo he calificado como “el imperialismo
colectivo de la tríada”. La clase política, reunida detrás de
la bandera estrellada, está dispuesta, si fuera necesario, a
“sacrificar al proyecto europeo” - o al menos a disipar toda
ilusión al respecto - usando el desprecio por sus orígenes: ser
el modo europeo del proyecto atlantista. Pero Bush, al igual que
Hitler, no concibe otros aliados que los subordinados alineados
sin condiciones. Esta es la razón por la cual segmentos
importantes de la clase política, incluyendo de derecha - aunque
sean en principio los defensores de los intereses del capital
dominante - rechazan alinearse a los Estados Unidos como ayer lo
hicieron frente a Hitler. Si hay un Churchil posible en Europa
este sería Chirac. ¿Lo será?
86. La estrategia del capital dominante puede
acomodarse en un “anti europeismo de derecha”, el cual se
contentaría con retóricas nacionalistas demagógicas
(movilizando, por ejemplo, el tema de los emigrados, por supuesto)
en tanto que se sometería de hecho frente a las exigencias de un
liberalismo no específicamente “europeo”, sino mundializado.
Aznar y Berlusconi constituyen los prototipos de estos aliados de
Washington. Las clases políticas serviles de Europa del Este lo
son igualmente.
87. En este sentido, creo que la segunda opción
es difícil de mantener. Ella es, sin embargo, la de los gobiernos
europeos más importantes - Francia y Alemania. ¿Expresa ella las
ambiciones de un capital suficientemente potente para ser capaz de
emanciparse de la tutela de los Estados Unidos? Pregunta a la cual
yo no tengo respuesta posible, pero intuitivamente diría que es
poco probable.
88. Esta opción, sin embargo, es la de los
aliados frente a un adversario norteamericano que constituye el
enemigo principal de toda la humanidad. Yo digo claramente aliados
porque estoy persuadido de que, si ellos persisten en su opción,
serán conducidos a salir de la sumisión frente a la lógica de
proyecto unilateral del capital (el liberalismo) y a buscar
alianzas de izquierda (las únicas que pudieran darle fuerza a su
proyecto de independencia frente a Washington). La alianza entre
los conjuntos dos y tres no es imposible. Tal y como lo fue la
gran alianza anti nazi.
89. Si esta alianza toma forma, ¿deberá
ella operar exclusivamente en el marco europeo si todos son
incapaces de renunciar a la prioridad brindada a este marco? Yo no
lo creo, porque este marco, tal como es, solo favorece sistemáticamente
la opción del primer grupo pro americano. ¿Habría entonces que
hacer estallar a Europa y renunciar definitivamente a su proyecto?
90. Yo no lo creo tampoco necesario, ni
siquiera deseable. Otra estrategia es posible: la de dejar el
proyecto europeo un tiempo “dormir”en su estadío actual de
desarrollo, y desarrollar paralelamente otros ejes de alianzas.
91. Yo brindaría aquí una primera prioridad
a la construcción de una alianza política y estratégica París
- Berlín - Moscú, prolongada hasta Pekín y Delhi si fuera
posible. Yo digo claramente política con el objetivo de darle el
pluralismo internacional y todas las funciones que deberían tener
en la ONU. Y estratégica, en el sentido de construir fuerzas
militares a la altura del desafío americano. Estas tres o cuatro
potencias tienen todos los medios, tecnológicos y financieros,
reforzados por sus tradiciones de capacidades militares, frente a
los cuales los Estados Unidos palidecen. El desafío americano y
sus ambiciones criminales lo imponen. Porque estas ambiciones son
desmesuradas. Hay que probarlo. Constituir un frente anti hegemónico
tiene en la actualidad la misma prioridad que en el pasado lo fue
constituir una alianza anti nazi.
92. Esta estrategia reconciliaría a los
“pro europeos” con los grupos dos y tres y con los “no
europeos” de izquierda. Ella crearía condiciones favorables
para retomar más tarde un proyecto europeo, que integraría
incluso probablemente a una Gran Bretaña liberada de su sumisión
frente a los Estados Unidos y a una Europa del Este desprendida de
su cultura servil. Seamos pacientes, esto tomará bastante tiempo.
93. No habrá progreso posible alguno de un
proyecto europeo en tanto que la estrategia de los Estados Unidos
no sea desviada de su rumbo.
Europa frente a su propio
Sur árabe y mediterráneo
94. El
Mundo Arabe y el Medio Oriente ocupan un lugar decisivo en el
proyecto hegemónico de los Estados Unidos. La respuesta que los
europeos le darán al desafío de los Estados Unidos en la región
será uno de los test decisivos que tendrá el propio proyecto
europeo.
95. El
problema consiste en saber si los costeños del Mediterráneo y
sus prolongamientos - Europeos, Arabes, Turcos, Iraníes, países
de Africa - se orientarán o no hacia una representación de su
seguridad que se diferencie de la que está dirigida por la primacía
de la salvaguarda de la hegemonía mundial americana. La razón
pura debería hacerlos evolucionar en esta dirección. Pero hasta
el momento, Europa no ha brindado ningún signo de ir en este
sentido. Una de las razones que podría explicar, en parte, la
inercia europea, es que los socios de la Unión Europea, aunque no
son demasiado divergentes, están cargados de un coeficiente de
prioridades relativas fuertemente diferente de un país al otro.
La fachada mediterránea no es central en las polarizaciones
industriales del capitalismo desarrollado: las fachadas del Mar
del Norte, del Noreste Atlántico americano y del Japón central,
tienen una densidad sin medida común. Para los del norte de
Europa - Alemania y Gran Bretaña - el peligro del caos en los países
situados al Sur del Mediterráneo no resulta tener la misma
gravedad que para los Italianos, Españoles y Franceses.
96. Las
diferentes potencias europeas tuvieron hasta 1945, políticas
mediterráneas propias a cada una de ellas, a menudo conflictivas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados de Europa
Occidental no tuvieron prácticamente ninguna política mediterránea
ni árabe, ni particular, ni común, más allá de la que
implicaba el alineamiento implicado por los Estados Unidos. En
este marco, Gran Bretaña y Francia, que tenían sus posesiones
coloniales en la región, libraron batallas para conservar sus
ventajas. Gran Bretaña renunció a Egipto y a Sudán en 1954 y,
después de la derrota en la aventura de agresión tripartita de
1956, se sucedió un viraje violento y, a finales de los años 60,
abandonó su influencia en los países costeros del Golfo.
97.
Francia, eliminada desde 1945 de Siria, aceptó finalmente la
independencia de Argelia en 1962, pero conservó cierta nostalgia
de su influencia en Maghreb y en el Líbano, envalentonada por las
clases dirigentes locales, al menos en Marruecos, Túnez y en el Líbano.
Paralelamente, la construcción europea no sustituyó el retiro de
las potencias coloniales por una política común operante en este
sentido. Recordemos que, después de la guerra israelo - árabe de
1973, los precios del petróleo fueron reajustados y la Europa
comunitaria, sorprendida en sus sueños, descubrió que tenía
“intereses” en la región. Pero este despertar no suscitó de
su parte ninguna iniciativa de importancia, por ejemplo,
concerniente al problema palestino. Europa se quedó, tanto en
este dominio como en otros, vegetativa y finalmente inconsistente.
Algunos progresos en la dirección de una autonomía frente a los
Estados Unidos fueron vistos en los años 70, culminando con la
Cumbre de Venecia (1980), pero estos progresos no fueron
consolidados y más bien se erosionaron durante los años 80 para
finalmente desaparecer con la alineación junto a Washington que
se adoptó durante la Crisis del Golfo. Es por ello que las
percepciones europeas concernientes al futuro de las relaciones
Europa - Mundo Arabe e Iraní
deben ser estudiadas a partir de análisis propios a cada
uno de los Estados europeos.
98. Gran Bretaña no tiene ninguna política
mediterránea ni árabe que le resulte específica. En este
dominio, como en otros de la sociedad británica en todas sus
expresiones políticas (Conservadores y Trabajistas), la opción
ha sido el alineamiento incondicional con los Estados Unidos. Se
trata, en este caso, de una opción histórica fundamental, que
sobrepasa ampliamente las circunstancias coyunturales y que
refuerza considerablemente la sumisión de Europa ante las
exigencias de la estrategia americana.
99. Por
razones diferentes, Alemania no tiene tampoco política árabe ni
mediterránea específica y no buscará probablemente desarrollar
ninguna en un futuro visible. Debilitada por su división y su
estatus, la RFA consagró todos sus esfuerzos a su desarrollo económico,
aceptando tener un perfil político bajo en el asiento simultáneo
y ambiguo de los Estados Unidos y la Europa de la CEE. En un
primer momento, la reunificación de Alemania y su reconquista de
la plena soberanía internacional no modificaron este
comportamiento, sino que, por el contrario, acentuaron sus
expresiones. La razón es que las fuerzas políticas dominantes
(conservadoras, liberales y social demócratas) escogieron brindar
la prioridad a la expansión del capitalismo germánico en Europa
central y oriental, reduciendo la importancia relativa de una
estrategia europea común, tanto en el plano político como en el
de la integración económica. Quedaría por saber si esta
tendencia se ha invertido en la actualidad, tal y como parece
sugerirlo la actitud de Berlín frente a la Guerra de Irak.
100. Las
posiciones de Francia son más matizadas. País a la vez atlántico
y mediterráneo, heredero de un Imperio colonial, clasificado
entre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, Francia no
renunció a expresarse como potencia. Durante la primera década
de la postguerra, los sucesivos gobiernos franceses trataron de
preservar las posiciones coloniales de sus países a través de
posiciones atlantistas anticomunistas y antisoviéticas. Sin
embargo, no adquirieron el apoyo de Washington, tal y como lo
demostró la actitud de los Estados Unidos durante la agresión
tripartita contra Egipto en 1956. La política mediterránea y árabe
de Francia era simplemente retrógrada. De Gaulle rompió simultáneamente
con las ilusiones paleocoloniales y proamericanas. El concibió el
triple proyecto ambicioso de modernizar la economía francesa,
conducir un proceso de descolonización que permitiera sustituirlo
por un neocolonialismo frente a las fórmulas viejas y
sobrepasadas y compensar las debilidades intrínsecas a todo país
medio como Francia a través de la integración europea. En esta
última perspectiva de Gaulle concebía una Europa capaz de ser
autónoma frente a los Estados Unidos, no solamente en el plano
económico y financiero, sino también en el plano político e
incluso, a término, en el plano militar, al igual que concebía,
a la larga, la asociación de la URSS con la construcción europea
(“la Europa del Atlántico hasta los Urales”). Pero el
gaullismo no
sobrevivió a su fundador y, a partir de 1968, las fuerzas políticas
francesas, tanto de la derecha clásica como de la izquierda
socialista, regresaron progresivamente a sus actitudes anteriores.
Su visión de la construcción europea se estrechó hasta la sola
dimensión de un “mercado común” entre Francia y Alemania
Federal (hasta el momento en que la unificación alemana se realizó,
en París estuvieron un poco sorprendidos e inquietos …) y en la
invitación con presiones hecha a Gran Bretaña para unirse a la
CEE (olvidando que Inglaterra sería el Caballo de Troya de los
americanos en Europa). Naturalmente, este cambio implicaba el
abandono de toda política árabe digna del nombre propio de
Francia, es decir, de una política que fuera más allá de la
simple defensa de los intereses mercantiles inmediatos. En el
plano político, Francia se comportó objetivamente tanto en el
mundo árabe como en Africa Subsahariana como una fuerza
suplementaria de apoyo a la estrategia de hegemonía americana. Es
en este marco que hay que colocar el discurso mediterráneo, que
llama a asociar a los países del Maghreb al carro europeo (de la
misma manera en que se asoció a Turquía hoy en crisis), lo que
conllevó a romper la perspectiva de un acercamiento unitario árabe
y abandonar a Mashrek ante la intervención israelo
norteamericana. Sin dudas, las clases dirigentes del Maghreb son
responsables, dada la simpatía que mostraron por este proyecto.
Sin embargo, la Crisis del Golfo le dio un fuerte golpe a este
proyecto, y las masas populares de Africa del Norte afirmaron, en
esa ocasión y con fuerza, su solidaridad con Maghreb, hecho
totalmente previsible.
101.
Italia es, por su posición geográfica incluso, un país muy
sensible frente a los problemas mediterráneos. Esto no significa
que ella tenga una política real mediterránea y árabe y mucho
menos, que ésta tenga eficacia y autonomía. Mucho tiempo
marginal en su desarrollo capitalista, Italia se vio obligada a
inscribir sus ambiciones mediterráneas bajo la tutela europea en
una obligada alianza con otras potencias del área, más decisivas
que ella. Desde que se logró su unidad a mitad del siglo pasado
con la caída de Mussolini en 1943, Italia vaciló entre la
alianza con los dueños del Mediterráneo - es decir, con Gran
Bretaña y Francia - o con aquellos que podían contestar las
posiciones anglo francesas, es decir, Alemania.
102. El
atlantismo, que se ejerce en Italia en una visión que implica un
perfil político exterior bajo dentro de
la tutela de los Estados Unidos, ha dominado la acción y
las opciones de los gobiernos italianos desde 1947. El es
igualmente dominante, aunque en una visión más ideológica aún,
en ciertos sectores de la burguesía laica (los Republicanos y los
Liberales, y algunos socialistas). Porque entre los cristianos demócratas
existe la presión del universalismo de la tradición católica.
Por ello resulta significativo que el Papa haya tomado, a menudo,
posiciones más retrógradas frente a los pueblos árabes (sobre
todo en el problema palestino) y del Tercer Mundo, que las de los
numerosos gobiernos italianos y occidentales en general.
El paso hacia la izquierda de una parte de la Iglesia Católica,
bajo la influencia de la Teología de la Liberación de América
Latina, refuerza en la actualidad este universalismo, del cual
encontramos versiones laicas en los movimientos pacifistas,
ecologistas y tercermundistas. La corriente “mittel” europea
tiene sus raíces en al siglo XIX italiano y en el corte Norte Sur
que no ha logrado mitigar la unidad italiana. Afiliada a los
intereses del gran capital milanés, ésta sugiere brindar la
prioridad a la expansión económica de Italia hacia el este
europeo, en asociación estrecha con Alemania. En este marco,
Croacia constituye en la actualidad un objetivo inmediato. Bien
entendido, esta opción implicaría que Italia continuara la
tradición de bajo perfil internacional, y que se mantenga sobre
todo marginal en sus relaciones con el Sur del Mediterráneo. Una
opción paralela de España la aislaría aún más del concierto
europeo, reduciéndola a su más bajo denominador común. La
corriente mediterránea, que aún es débil, a pesar del aporte
que el universalismo podría aportarle, se expresa, por esta razón,
en una versión “levantina”: se trata de “hacer negocios”
aquí o allá, sin preocuparse del marco de estrategia política
en el cual se inscriben. Para tomar otra consistencia, más noble,
asociando a Italia a aperturas económicas que se inscriban en una
perspectiva de reforzar su autonomía y la de sus socios árabes,
sería necesario que se lograra una convergencia entre este
proyecto y las ideas universalistas, sobre todo de una parte de la
izquierda italiana, comunista y cristiana.
103. La
derecha italiana, reunificada bajo la dirección de Berlusconi en
el poder, ha optado por inscribirse bajo la tutela del eje atlántico
de Washington - Londres. El comportamiento de las fuerzas de policía
durante la reunión del G8 en Génova (julio de 2001), expresa
claramente esta opción.
104. España
y Portugal ocupan un lugar importante en la geoestrategia de
hegemonía mundial de los Estados Unidos. El Pentágono considera,
en efecto, que el eje Azores - Canarias - Gibraltar - Baleares es
esencial para la vigilancia del Atlántico Norte y Sur y el
cuidado de la entrada al Mediterráneo. Los Estados Unidos
forjaron su alianza con estos dos países inmediatamente después
de la Segunda Guerra Mundial, sin tener la más mínima preocupación
por su carácter fascista. Por el contrario, incluso el
anticomunismo de las dictaduras de Salazar y de Franco sirvió
bien a la causa hegemónica de los Estados Unidos, permitiendo
admitir a Portugal dentro de la OTAN y de establecer en suelo español
bases americanas de primera importancia. En contrapartida, los
Estados Unidos y sus aliados europeos apoyaron sin reservas a
Portugal hasta el final de su fracasada guerra colonial
105. La
evolución democrática de España después de la muerte de Franco
no fue la ocasión de un cuestionamiento de la integración del país
al sistema militar americano. Por el contrario, incluso la adhesión
formal de España a la OTAN (en mayo de 1982) fue objeto de un
verdadero chantaje electoral que dejó entrever que la participación
de la CEE exigía esta adhesión, a la cual se oponía la mayoría
de la opinión española.
106.
Después, el alineamiento de Madrid bajo las posiciones de
Washington ha sido sin reserva. En contrapartida, los Estados
Unidos habrían, al parecer, intervenido para “moderar” las
reivindicaciones marroquíes e incluso para intentar convencer a
Gran Bretaña acerca de Gibraltar. En este sentido, podemos dudar
de la propia realidad de estas intervenciones. El alineamiento
atlantista reforzado de Madrid se tradujo en cambios radicales en
la organización de las fuerzas armadas españolas, calificados
por los analistas como un “movimiento hacia el sur”. En la
tradición española, en efecto, el ejército estaba diseminado
sobre todo el territorio del país. Concebido además - después
de Franco de una manera evidente - como una fuerza de policía
interior más que como una fuerza dirigida contra el exterior, el
ejército español permaneció siendo rústico y, a pesar de la
marcada atención que le brindaba el poder supremo de Madrid a los
cuerpos de generales y oficiales, no había sido objeto de una
verdadera modernización, tal y como fueron los casos de Francia,
Gran Bretaña y Alemania.
107. Los
gobiernos socialistas y después de derecha, procedieron a una
reorganización de las fuerzas españolas para combatir un
“frente sur” eventual y se comprometieron en un programa de
modernización del ejército de tierra, de la aviación y de la
marina. Este cambio, exigido por Washington y la OTAN, es una de
las numerosas manifestaciones de la nueva estrategia hegemónica
americana, sustituyendo el Sur por el Este para la defensa del
Occidente. Este está acompañado en España por un nuevo discurso
que pone en evidencia a un “enemigo hipotético que viene del
Sur”, cuya identificación no deja lugar a ninguna duda.
Curiosamente, este discurso de los medios democráticos (y
socialistas) españoles recuerda la vieja tradición de la
Reconquista, muy popular dentro de los círculos católicos del ejército.
El cambio en las fuerzas armadas españolas es entonces el signo
de una determinación de España
de tener un rol activo en el seno de la OTAN, en el marco
de la reorientación de las estrategias occidentales en previsión
de intervenciones en el Tercer Mundo. Desde hace tiempo la Península
Ibérica constituye la primera escala del eje Washington - Tel
Aviv, la cabeza del puente europeo principal de la Rapid
Deployment Force americana (la cual tuvo un papel decisivo en la
Guerra del Golfo), completada con las bases de Sicilia (que,
igualmente, nunca habían servido hasta las operaciones dirigidas
contra el Mundo Arabe: Libia, bombardeo israelí a Túnez, etc.)
y, curiosamente, las facilidades acordadas por Marruecos.
Evidentemente, esta opción occidental vacía el discurso “euro
- árabe” de todo contenido serio. La nueva España democrática,
que pretende activar una política de amistad en dirección de América
Latina y el Mundo Arabe, ha más bien dirigido sus movimientos en
un sentido inverso, de hecho, a las exigencias de sus
proclamaciones de principios.
108. El
Gobierno de derecha dirigido por Aznar ha confirmado este
alineamiento atlantista de Madrid. Más aún que Italia, España
rechaza capitalizar su posición mediterránea en beneficio de una
nueva política europea en dirección al mundo árabe, Africa y el
Tercer Mundo, y tomar distancia ante las exigencias de la hegemonía
americana. La idea francesa de un grupo mediterráneo en el seno
de la Unión Europea queda, por estas razones, suspendida en el
aire y sin puntos de apoyo serios. Por otra parte, en el plano
económico, el capital español, heredero de la tradición
franquista, ha colocado sus esperanzas principales de expansión
en el desarrollo de acuerdos con Alemania y Japón, invitados a
participar en la modernización de Cataluña.
109.
Mientras existió, la línea de confrontación Este Oeste pasaba a
través de los Balcanes. La afiliación obligada de los Estados de
la región ante Moscú o Washington - con la única excepción de
Yugoslavia desde 1948 y de Albania a partir de 1960 - le había
colocado una sordina a las querellas nacionalistas locales que
hicieron de los Balcanes el traspatio europeo.
110.
Turquía se colocó en el campo occidental desde 1945, después de
haber puesto término a su neutralidad frente a la Alemania
hitleriana. Las reivindicaciones soviéticas sobre el Cáucaso
formuladas por Stalin a partir de la victoria fueron rechazadas
por Ankara gracias al apoyo decidido de Washington. En
contrapartida, Turquía, miembro de la OTAN, a pesar de su sistema
político poco democrático, acogió a las bases americanas más
próximas de la URSS. No hay lugar a dudas que la sociedad turca
permanece siendo del Tercer Mundo, aunque después de Ataturk las
clases dirigentes de este país proclamen la parte europea de la
Nueva Turquía, tocando a la puerta de una Unión Europea que no
la desea. Aliada fiel de los Estados Unidos y de sus socios
europeos, ¿deseará Turquía reintegrar su pasado y tener un rol
activo en el Medio Oriente, haciéndole pagar al Occidente los
servicios que podría brindarle en esta región? Parece ser que el
problema de los kurdos, de la cual ella rechaza reconocer hasta su
propia existencia, ha conllevado a hacer vacilar la toma de esta
opción hasta el presente. Lo mismo resulta para una eventual opción
pan - turaniana, sugerida al día siguiente de la Primera Guerra
Mundial por ciertos medios kemalistas, y relegada después al
museo de la historia. Pero en la actualidad, la descomposición de
la URSS podría constituir una invitación para que el poder de
Ankara tome la dirección de un bloque turco que, desde Azerbaidján
hasta Sinkiang, domine el Asia Central. Irán siempre expresó sus
reales temores hacia una evolución de este tipo, la cual no
solamente cuestionaría el estatus del Azerbaidján meridional
iraní sino también la seguridad de su amplia frontera asiática
septentrional con Turkmenistán y Ouzbekistán.
111. Grecia no se alistó en el campo soviético.
Ella estuvo obligada y forzada por la intervención británica de
1948 a alinearse con los Estados Unidos. En conformidad con los
Acuerdos de Yalta, la URSS, como todos sabemos, abandonó a su
suerte a la resistencia griega, dirigida por el Partido Comunista
que, sin embargo, en este país al igual que en Yugoslavia y
Albania, había liberado al país y conquistado por ello el apoyo
popular mayoritario. De esta manera, los occidentales estuvieron
obligados a apoyar contra este movimiento popular a regímenes
represivos sucesivos y, finalmente, a una dictadura de coroneles
fascistas, sin ver en ello una contradicción importante con su
discurso, según el cual la OTAN protegería al “mundo libre”
contra el “Satán” totalitario. El retorno de Grecia a la
democracia, por la victoria electoral de Pasok en 1981,
arriesgaba, en esas condiciones, cuestionar la fidelidad de este
país con la OTAN. La Europa comunitaria vino entonces al apoyo de
Washington para, al igual que en el caso de España, unir a la
candidatura griega con la CEE, y mantenerla en su participación
dentro de la alianza atlántica. Esta integración en la CEE fue
ampliamente discutida por parte de la opinión griega de la época.
La opción de Papandreu de unirse a pesar de todo, después de
algunas vacilaciones y a pesar de la opción de principios
tercermundistas y neutralistas de Pasok, parece haber desatado una
evolución irreversible incluso a nivel de las mentalidades,
adulando las aspiraciones del pueblo griego a la modernidad y al
europeismo. Sin embargo, los nuevos socios europeos de Grecia no
le han ofrecido gran cosa a este país, quedando durante todo el
tiempo en la posición de pariente pobre de la construcción
comunitaria.
112. La fidelidad de Atenas ante el occidente
euro - americano no le ha valido un apoyo real en su conflicto con
Turquía. Incluso aunque la dictadura griega haya tenido una
determinada responsabilidad en la tragedia chipriota de 1974, la
agresión turca abierta (operación Atila) y la creación
posterior de una “República Turca de Chipre”, en franca
violación del
estatus de la isla, no solamente han sido aceptadas, sino
probablemente también acordadas con los servicios del Pentágono,
frente a los cuales Europa cede una vez más. Resulta evidente
que, para los Estados Unidos, la amistad con Turquía, potencia
militar regional considerable, está muy por encima de Grecia, por
democrática que ésta sea.
113. El conjunto de la región de los
Balcanes - Danubio (Yugoslavia, Albania, Hungría, Rumania y
Bulgaria) entró en 1945 bajo la égida de Moscú, ya fuera por el
hecho de la ocupación militar soviética y la aceptación de los
socios de Yalta, ya fuera por el hecho de su propia liberación y
de la opción escogida por los pueblos de Yugoslavia y de Albania.
114. La Yugoslavia de Tito, aislada durante
los años 1948 - 1953, entre el ostracismo de Moscú y el
anticomunismo occidental, había logrado con éxito una estrategia
de construcción de un frente de “no alineados”, que le valió
su amistad con el Tercer Mundo, particularmente a partir de la
Conferencia de Bandoung (1955). Los analistas del pensamiento
geoestratégico de la época señalan curiosamente que este
pensamiento era poco sensible ante la dimensión mediterránea de
su país. Quizás el abandono de Italia después de la Segunda
Guerra Mundial de sus visados tradicionales y la solución
encontrada en 1954 ante el difícil problema de Trieste, fueron la
causa de este “olvido histórico”. Yugoslavia vivió después
como un Estado preocupado ante todo por los problemas de
equilibrio de sus relaciones regionales y, sobre todo, por el del
equilibrio mundial entre las superpotencias. Porque en primer
lugar, ella había logrado capitalizar a su beneficio la doble
atracción nordista y danubiana de Croacia y Eslovenia y la rusa y
balcánica de Serbia. El acercamiento iniciado por Kroutchev y
continuado por sus sucesores, reconociendo el rol positivo del
neutralismo de Tito en la arena mundial, así como el
debilitamiento de los regímenes del Pacto de Varsovia a partir de
los años 60 y sobre todo en los 70, garantizó, durante un
tiempo, la seguridad yugoslava, que había cesado de sentirse como
el objeto de cualquier conflicto regional. La diplomacia yugoslava
pudo entonces desplegarse en las arenas internacionales, dándole
al país un peso fuera de proporción con respecto a su tamaño.
Pero, a pesar de que esta diplomacia había indiscutiblemente
marcado puntos en Asia, en Africa y en América Latina, ella patinó
en Europa, donde sus llamados a ampliar el frente de neutralistas
nunca encontró ecos favorables. Sin embargo, frente a la Europa
de la OTAN, desde el norte hasta el sur del continente, entre dos
pactos militares adversos, Suecia, Finlandia y Austria hubieran
podido buscar iniciativas positivas comunes que se separaran del
espíritu de la Guerra Fría. Más tarde la Grecia de Pasok intentó
ampliar el campo neutral europeo desembocando esta idea en 1982 en
la proposición de cooperación para la desnuclearización de los
Balcanes, dirigiéndose, simultáneamente, a ciertos países
miembros de las dos alianzas (Turquía, Rumania y Bulgaria) o a
neutros (Yugoslavia y Albania). Estas proposiciones tampoco
encontraron eco alguno.
115. La descomposición de Europa suroriental
a partir de 1989 cambió todo el problema. La erosión, y luego el
derrumbe de la legitimidad de los regímenes - la cual estaba
fundada sobre un determinado desarrollo, sean cuales hayan sido
sus límites y sus aspectos negativos - hizo estallar la unidad de
la clase dirigente, cuyas fracciones intentaron fundar su
legitimidad bajo el nacionalismo. Las condiciones estaban dadas no
solamente para permitir la ofensiva del capitalismo salvaje
sostenido por los Estados Unidos y la Unión Europea, sino también
para que Alemania retomara la iniciativa en la región, tirando leña
sobre el fuego - a través del reconocimiento de la independencia
de Eslovenia y de Croacia, el cual la propia Unión Europea
reafirmó - y acelerando en consecuencia el estallido de
Yugoslavia y la guerra civil. Curiosamente, los europeos
intentaron de imponer en Bosnia ¡la coexistencia de las
comunidades de las cuales ellos habían sermoneado la separación!
¿Si es posible que los Serbios, Croatas y Musulmanes coexistan en
la pequeña Yugoslavia que resulta ser Bosnia, por qué no
hubieran podido coexistir en la gran Yugoslavia? Evidentemente,
una estrategia de este tipo no hubiera tenido ningún éxito, lo
que le permitió a los Estados Unidos ¡intervenir en pleno corazón
de Europa! En la estrategia de Washington, el eje de los Balcanes
- Cáucaso - Asia Central prolonga al Medio Oriente.
116. De los análisis propuestos
anteriormente y que conciernen las opciones político estratégicas
de los países de la Rivera Norte del Mediterráneo yo saco una
importante conclusión: la mayor parte de estos países, en el
ayer fieles partidarios de los Estados Unidos en el conflicto Este
Oeste, continúan alineados bajo la estrategia de hegemonía
americana frente al Tercer Mundo, y singularmente frente a los países
árabes y de la región del Mar Rojo - Golfo. Los otros países
(balcánicos y del Danubio) ayer implicados de una u otra manera
en el conflicto Este Oeste, han cesado de ser agentes activos en
el permanente conflicto Norte Sur, y se han convertido en objetos
pasivos ante el expansionismo occidental.
Conclusiones: El Imperio del caos y la guerra permanente
117. El proyecto de dominación de los
Estados Unidos - la extensión de la doctrina Monroe a todo el
planeta - es desmesurado. Este proyecto, el cual he calificado por
esta razón como Imperio del Caos desde el derrumbe de la Unión
Soviética en 1991, estará fatalmente confrontado al crecimiento
de las resistencias crecientes de las naciones del Viejo Mundo,
las cuales no aceptarán someterse. Los Estados Unidos estarán
entonces llamados sustituir el derecho internacional por el
recurso a las guerras permanentes (proceso que ha comenzado en el
Medio Oriente, pero que apunta ya hacia Rusia y Asia), deslizándose
por la pendiente fascista (la “ley patriótica” ya le ha dado
poderes a su policía frente a los extranjeros - “aliens”- que
resultan ser similares de los que fue dotada la Gestapo)
118. Los Estados europeos, socios en el
sistema del imperialismo colectivo de la tríada, ¿aceptarán
esta deriva que los colocará en posiciones subalternas? La tesis
que yo he desarrollado coloca el acento no tanto en los conflictos
de intereses del capital dominante como en la diferencia que
separa las culturas políticas de Europa y la que caracteriza a la
formación histórica de los Estados Unidos, y encuentra en esta
nueva contradicción una de las principales razones del fracaso
probable del proyecto de los Estados Unidos (16).
Notas
(1)
Ver : Samir Amin, Clase y nación en la historia y la
crisis contemporánea , capítulos VI y VIII , Minuit 1979. Samir
Amin , El eurocentrismo , capítulo IV , Anthropos economica ,
1988. Samir Amin , Más allá del capitalismo senil , por un siglo
XXI no americano , PUF 2001
(2)
Para la crítica del post modernismo y la tesis de Negri
ver : Samir Amin, Crítica de la moda, capítulo VI ,
Harmattan 1997, Samir Amin , El virus liberal , página 20 y
siguientes y El tiempo de las cerezas , 2003
(3)
Samir Amin, La hegemonía de los Estados Unidos y el fin
del proyecto europeo, Harmattan , 2000
(4)
Samir Amin y otros, Las finalidades estratégicas en el
Mediterráneo, primera parte, Harmattan 1992
(5)
Como por ejemplo: Gérard Chaliand y Arnaud Blin, America
is back , Bayard 2003
(6)
Samir Amin , La derrota del desarrollo , capítulo II ,
Harmattan 1989
(7)
Samir Amin , Los desafíos de la mundialización , capítulo
VII, Harmattan 1996
(8)
Samir Amin , La etnia al asalto de las naciones , Harmattan
1994
(9)
Emmanuel Todd , Después del Imperio, Gallimard 2002
(10)
La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos,
2002
(11)
Cf nota 2
(12)
Samir Amin, Los desafíos de la mundialización, op cit ,
capítulo III
(13)
Samir Amin, El imperio del caos, Harmattan, 1991
(14)
Samir Amin, Los desafíos de la mundialización, op cit ,
capítulos I y II
(15)
Samir Amin y Ali El Kenz, El mundo árabe, finalidades
sociales y perspectivas mediterráneas, Harmattan, 2003
(16)
Samir Amin , El virus liberal , op cit , página 20 y siguientes. Samir
Amin, La ideología americana, publicado en inglés en Ahram
Weekly, mayo 2003, El Cairo.
(1931). Cursa estudios superiores en París y obtiene Diploma
del Instituto de Estudios Políticos (1952), Diploma del
Instituto de Estadística de la Universidad de París (1956),
Doctorado en Ciencias Económicas (1957), Profesor agregado de
Ciencias Económicas (1966). Ha trabajado como jefe de
Servicio de Estudios del Organismo de Desarrollo Económico,
El Cairo (1957-1960) ; Consejero Técnico del Ministerio
de Plan, Bamako (1960-1963) ; Profesor en el Instituto
Africano de Desarrollo Económico
y de Planificación (IDEP), y de las Universidades de Poitiers,
Dakar, y de Paris (1963-1970); Director de IDEP, Dakar
(1970-1980). Desde 1980 Director del Foro del Tercer Mundo,
Buró Africano, Dakar; y Presidente del Foro Mundial de
Alternativas. Tiene publicados más de 60 libros y decenas de
artículos en múltiples lenguas y países. ftm@refer.sn
01 02
03 04 05
06
Mayo/2004
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