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II
Conferencia Internacional
La
Obra de Carlos Marx y
los desafíos del Siglo XXI
4
al 8 de mayo/2004
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08
La
nueva morfología del trabajo y el diseño multifacetado de las
luchas sociales
Ricardo
Antunes
1.
Los diferentes movimientos y explosiones sociales, tanto como una
variedad de huelgas y rebeliones que estamos presenciando, en esta
fase de mundialización de los capitales, indican que nos
adentramos también en una nueva fase de mundialización de las
luchas sociales y de las acciones colectivas. Acciones éstas que
son desencadenadas bien a partir de las confrontaciones que
emergen directamente del mundo del trabajo, como las huelgas que
ocurren cotidianamente en tantas partes del mundo, o bien a través
de acciones de los movimientos sociales de los desempleados, que
comprenden la creciente y enorme parcela de los que se integran
en el mundo del trabajo en la forma del desempleo,
de la desintegración.
Desde Seattle, pasando por Praga, Niza, por la confrontación
social y política en Génova y aún más recientemente, por la
explosión social en la Argentina, desde diciembre de 2001, y
también en varios otros países de América Latina, ejemplos por
cierto multifacéticos pero contagiados de significados y
consecuencias y que se constituyen en importantes señales de que una
nueva era de conflictos sociales mundializados serán el rasgo
constitutivo de este nuevo Siglo XXI que se inicia.
2.
Son, por lo tanto, ricos ejemplos de las nuevas
formas de confrontación social en curso contra la lógica
destructiva que preside la (des)sociabilidad contemporánea.
Morfología que debe ser comprendida a partir del (nuevo)
carácter multifacetado del trabajo.
3.
Si la clase trabajadora (o el proletariado) fue, a lo largo de los
siglos XIX y XX, predominantemente asociada a la idea de
trabajadores manuales, fabriles, egresados casi exclusivamente del
mundo industrial taylorista y fordista, un concepto contemporáneo
y ampliado de clase trabajadora, hoy, nos ofrece
potencialidades analíticas para captar los sentidos y las fuerzas
propulsoras de esas acciones y choques que emergen en el mundo a
escala global y, de ese modo, conferir mayor vitalidad teórica (y
política) al mundo del trabajo, contra la deconstrucción que fue
intentada en las últimas décadas.
4.
Y, paralelamente a la enorme ampliación del conjunto de seres
sociales que viven de la venta de su fuerza de trabajo, de la clase-que-vive-del-trabajo
en escala mundial, tantos autores dirían adiós
al proletariado, confiriendo al trabajo un
valor en vías de desaparición, defendiendo la idea del descentramiento y aún deconstrucción de la categoría trabajo,
conllevando la idea del fin
de las posibilidades de las acciones humanas desencadenadas a
partir del trabajo social. (Habermas, 1991, 1992, Méda, 1997)
5.
Al contrario de estas tendencias, vamos a procurar indicar, aunque
de modo sintético, la nueva
morfología que emerge a partir del universo
multifacetado del trabajo y sus múltiples potencialidades.
6.
¿Cuál es la conformación actual de la clase trabajadora, al
menos en su diseño más genérico? ¿Si la clase trabajadora se
metamorfoseó, será que estría viviendo un proceso de
debilitamiento y, por lo tanto, está en vías de desaparición?
¿Ella no tiene más un estatuto de centralidad, no teniendo sino,
significación secundaria cuando se piensa en el proceso de
sociabilidad humana? ¿El trabajo, en fin, habría perdido su
sentido estructurante en la ontología del ser social?
7.
Procuramos indicar, de modo sintético, algunos elementos analíticos
que nos posibilitan responder de modo diverso a estos
interrogantes.
8.
Nuestro primer desafío es tratar de entender de modo inclusivo lo
que es la clase trabajadora hoy, que comprenden la totalidad de
los asalariados, hombres y mujeres que viven de la venta de su
fuerza de trabajo y que son desposeídos de los medios de producción,
no teniendo otra alternativa de sobrevivencia, que no sea vender
su fuerza de trabajo bajo la forma de salario.
9.
En ese diseño amplio, complejo y por cierto muy heterogéneo, la
clase trabajadora (o la clase-que-vive-del-trabajo)
encuentra su núcleo central
en el conjunto de los trabajadores
productivos, para recordar a Marx especialmente en su Capítulo
InéditoIVI, (Marx, 1994. Ese núcleo central, dado por la
totalidad de los trabajadores productivos, comprende aquellos que
producen directamente plusvalía y que participan también directamente del proceso de valorización del capital, a través de la
interacción entre trabajo vivo y trabajo muerto, entre trabajo
humano y maquinario científico-tecnológico. Se constituye por
eso, en el polo central de la clase trabajadora moderna.
10.
Los productos, las mercancías (heterogéneas) que se distribuyen
(casi homogéneamente) por los mercados mundiales emanan, en su
proceso productivo, de la interacción (en última instancia,
ineliminable) entre trabajo vivo y trabajo muerto, aunque a lo
largo de los años ’80 e inicio de los ’90 haya sido (casi) unísona
la equívoca y eurocéntrica tesis del fin del trabajo y de la
consecuente pérdida de relevancia y aún validez de la teoría
del valor. (Habermas, 1975 y 1992)
11.
Vale aquí registrar la declaración del actual presidente de la
Nissan, Carlos Ghosn, un brasileño que llevó el proceso de liofilización
organizacional de la
trasnacional nipona al límite. Después de iniciar el proceso de
reestructuración de la empresa que costó el despido de 21 mil
trabajadores y desarrollar la ampliación de la capacidad
instalada que, según Carlos Ghosn, operaba en “siete fábricas
de montaje con 50% de utilización de la capacidad instalada y
puede producir lo mismo en cuatro, con el 70% de la capacidad”,
agregó, al referirse a la fuerza del Japón:
“Los
operarios japoneses, o sea, el operario que trabaja en la fábrica,
el vendedor de automóviles, el técnico en el centro de
mantenimiento, esas personas que realmente hacen la economía son
de una lealtad impresionante a la empresa. Son capaces de hacer
cualquier esfuerzo, por encima de todas las pautas que antes vi...
Es común, por ejemplo, ver personas en la Nissan trabajando hasta
la media-noche. La fuerza del Japón, sin ninguna duda, está en
la base japonesa, es esa fuerza organizacional, es esa motivación,
es esa lealtad. No es el patrón de un lado y el empleado del otro
lado. No. Todo el mundo junto en torno de la empresa, y
especialmente cuando la empresa se encuentra en dificultades.” (Fhola
de S. Paulo, 6/jan/2002, p. B6)
12.
Como el capital no puede eliminar al trabajo vivo del procesado de
las mercancías, sean ellas materiales
o inmateriales, debe, además de incrementar sin límites el
trabajo muerto corporizado en la maquinaria tecno-científica,
aumentar la productividad del trabajo de modo de intensificar las
formas de extracción de plus-trabajo en tiempo cada vez más
reducido. Como la noción de tiempo
y también la de espacio
se convulsionan en esta nueva fase de los capitales cada vez más
mundializados, el proceso de liofilización
organizacional también se intensificó enormemente. Este
proceso de liofilización
organizacional (en la feliz expresión que tomamos de Juan José
Castillo y desarrollamos en Os
Sentidos dos Trabalho) está básicamente caracterizado por la
reducción del trabajo vivo y la ampliación del trabajo muerto,
por la sustitución creciente de parcelas de trabajadores manuales
por la maquinaria técnico-científica, por la ampliación de la
explotación de la dimensión subjetiva del trabajo, por su
dimensión intelectual en el interior de las plantas productivas,
además de la ampliación generalizada de los nuevos trabajadores
precarizados y tercerizados de la “era de la empresa limpia.
(Ver Castillo, 1996, 1996a y Antunes, 2002)
13.
Por lo tanto, una primera idea central es la de que la clase
trabajadora hoy comprende no sólo a los trabajadores o a las
trabajadoras manuales directos, sino incorpora la totalidad
del trabajo social, la totalidad
del trabajo colectivo que vende su fuerza de trabajo como
mercancía a cambio de salario. Como el trabajo
productivo puede ser tanto material (por cierto aún, muy
predominante en el mundo productivo global), como no-material (para recordar nuevamente a Marx en el Capítulo
VI) o inmaterial, la
clase trabajadora moderna comprende la totalidad del trabajo
colectivo y social, en él incluido el núcleo
central de los trabajadores productivos.
14.
Pero la clase trabajadora incorpora también al conjunto de los trabajadores improductivos, cuyas formas de trabajo son ejecutadas a
través de la realización de servicios, sea para uso público, como los servicios públicos tradicionales, sea para uso
privado, para uso del capital, no constituyéndose, por eso, en elemento directo
en el proceso de valorización del capital y de creación de
plusvalía. Los trabajadores improductivos, siendo generadores de
un anti-valor en el
proceso de trabajo capitalista, viven situaciones objetivas y subjetivas que tienen similitud con las vivenciadas por
el trabajo productivo. Ellas pertenecen a lo que Marx llamó de
los falsos costos, los
cuales, sin embargo, son necesarios para la sobrevivencia del
sistema capitalista.. (Mészáros, 2002)
15.
Como todo trabajo productivo es asalariado, pero la recíproca no
es verdadera, pues no todo trabajador asalariado es productivo,
una noción contemporánea de clase trabajadora debe incorporar la
totalidad de los trabajadores asalariados. Por eso, la
caracterización de la clase trabajadora hoy debe ser , en nuestro
entendimiento, más incluyente de lo que es la noción que lo
restringe exclusivamente al trabajo industrial, al proletariado
industrial o aún a la versión que restringe el trabajo
productivo exclusivamente al universo fabril.
16.
El trabajo productivo, fabril
y extra-fabril, se constituye, tal como lo concebimos, en el núcleo fundamental de la clase trabajadora que, sin embargo, en
cuanto clase, es más abarcadora y comprende también a los
trabajadores que son asalariados, pero que no son directamente
productivos. Por lo tanto, una noción ampliada, incluyente y
contemporánea de la clase trabajadora hoy, la clase-que-vive-del-trabajo,
debe incorporar también a aquellos y aquellas que venden su
fuerza de trabajo a cambio de salario, como el enorme abanico de
trabajadores precarizados, tercerizados, fabriles y de servicios, part
time, que se caracterizan por el vínculo de trabajo
temporario, por el trabajo precarizado, en expansión en la
totalidad del mundo productivo. Debe incluir también al
proletariado rural, los llamados ganapanes de las regiones
agro-industriales, además, naturalmente, de la totalidad de los
trabajadores desempleados que se constituyen en ese monumental ejército
industrial de reserva.
17.
Están excluidos, en nuestro entendimiento, esto es, no forman
parte de la clase trabajadora, los administradores del capital,
que son parte constitutiva (objetiva y subjetivamente) de las
clases propietarias, ejerciendo un papel central en el control,
mando, jerarquía y gestión del proceso de valorización y
reproducción del capital. Ellos son las personificaciones
asumidas por el capital. Están excluidos también aquellos que
viven de intereses y de la especulación. (Antunes, 2002 y Mandel,
1986)
18.
Los pequeños empresarios urbanos y rurales, propietarios
de los medios de su producción, están en nuestro entendimiento excluidos
del concepto ampliado, que aquí desarrollamos, de clase
trabajadora, porque no venden su trabajo directamente
a cambio de salario, aunque puedan y frecuentemente sean aliados
importantes de la clase trabajadora asalariada.
19.
Entonces, comprender a la clase trabajadora hoy, de modo ampliado,
implica entender este conjunto de seres sociales que viven de la
venta de su fuerza de trabajo, que son asalariados y son
desprovistos de los medios de producción. En esta (nueva) morfología
de la clase trabajadora, su conformación es aún más
fragmentada, más heterogénea y más complejizada de lo que era
aquella que predominó en los años de apogeo del taylorismo y del
fordismo.
20.
Es en éste nuevo mundo
multifacético del trabajo, con su nueva morfología que
podremos también encontrar los agentes centrales de los nuevos
conflictos y de las acciones sociales que emergen en la
contemporaneidad. Claro que se trata de un emprendimiento societal
más difícil, una vez que para tal cosa se torna imprescindible
rescatar el sentido de pertenencia de clase que la (des)sociabilización
del capital y sus formas de dominación (incluyendo la decisiva
esfera de la cultura) procuran de todos modos oscurecer, en esta
era de enorme ampliación de los clivajes existentes en el
interior del mundo del trabajo. (Bihr, 1998)
21.
Hoy, mucho más de lo que durante la fase de hegemonía taylorista-fordista,
el trabajador es instigado a auto-controlarse, auto-recriminarse y
hasta aún auto-castigarse, cuando la producción no alcanza la
meta deseada (llegando hasta, en situaciones extremas,
como el desempleo o el cierre de empresas, al suicidio a
partir del fracaso en el
trabajo). O se recrimina y se pena, cuando no se alcanza la
llamada “calidad total”, típica de la fase de súper fluidez,
del carácter involucrado y
descartable de las mercancías, con sus marcas y signos, que hacen que muy frecuentemente, cuanto más
“calidad total” tengan los productos, menor
sea su tiempo de vida útil.
22.
Dentro de este ideario, que
algunos llaman de Mcdonalización
del mundo, las resistencias, las rebeldías y las protestas son
inaceptables, consideradas como actitudes anti-sociales,
contrarias “al buen desempeño de la empresa”. No es por otro
motivo que las manifestaciones recientes contra la globalización
y el capitalismo vienen acentuando su oposición a la “mercadorización” del
mundo, en sus acciones y marchas de protesta, manifestándose en
contra a la súper fluidez y al sentido de desperdicio que
caracterizan al mundo contemporáneo. (ver Klein, 2002 y
Fontenelle, 2002)
23.
Dentro del espacio productivo, el saber
intelectual que fue relativamente despreciado por el
taylorismo, se volvió, para el capital de nuestros días, una mercancía
mucho más valiosa. Las formas contemporáneas de vigencia del
valor llevaron al límite la capacidad operativa de la ley del
valor y la vigencia del trabajo
abstracto, que gasta cada vez más energía intelectual (además
de material) para la producción de valores de cambio. Nuevamente
se desencadena un proceso interactivo entre trabajo vivo y trabajo
muerto, bajo el comando de un tiempo conducido por el ritmo cada
vez más informacional e intensificado.
24.
El entendimiento parcial de esta problemática (y su comprensión
en el límite, equivocada) llevó
a Habermas a hiperdimensionar
el papel de la ciencia y a subdimensionar
(eurocéntricamente) el papel (diferenciado) del trabajo. Al
contrario de la interactividad entre trabajo vivo y trabajo
muerto, Habermas visualizó un proceso de cientifización
de la tecnología, cuando en verdad ocurre un movimiento de tecnologización de la ciencia (Mészáros, 1989) que no llevó a la
eliminación del trabajo vivo, sino a nuevas formas de interacción
en el trabajo (mirando siempre, por cierto, a su reducción).
25.
Al contrario, por lo tanto, de la afirmación del fin del trabajo
o de la clase trabajadora, hay aún dos puntos que nos parecen
estimulantes y de enorme importancia, en el mundo del trabajo
contemporáneo, que vamos a tratar a continuación.
El
primer punto habla respecto a las consecuencias de la fragmentación
del mundo del trabajo.
26.
¿En los conflictos mundiales hoy desencadenados por los
trabajadores y/o desempleados que el mundo ha presenciado, de modo
cotidiano, como es el reciente ejemplo argentino, es posible
detectar mayor potencialidad y centralidad en los estratos más
cualificados de la clase trabajadora, los que viven una situación
más “estable” y que tienen, consecuentemente, mayor
participación en el proceso de creación de valor?
¿O, por el contrario, en las acciones sociales de nuestros
días, el polo más fértil y rebelde se encuentra
prioritariamente en aquellos segmentos sociales más
subproletarizados?
27.
Se sabe que los segmentos más cualificados, más
intelectualizados, que se desarrollaron junto con el avance tecno-científico,
por el papel central que ejercen en el proceso de creación de
valores de cambio, están dotados, al menos objetivamente,
de mayor potencialidad y fuerza en sus acciones. Pero,
contradictoriamente, estos sectores más calificados, son objeto
directo de intenso proceso de manipulación y envolvimiento en el
interior del espacio productivo y de trabajo.
28.
Pueden vivenciar, por eso, subjetivamente,
mayor envolvimiento, subordinación y heteronomía y,
particularmente en sus segmentos más calificados, pueden tornarse
más susceptibles a las acciones de inspiración neocorporativa.
29.
En contrapartida, el enorme abanico de trabajadores / as
precarios, parciales, temporarios, junto con el enorme contingente
de desempleados, por su mayor distanciamiento (o aún “exclusión”)
del proceso de creación de valores tendría, en el plano de la
materialidad, un papel de menor relevancia en las luchas
anticapitalistas. No obstante, su condición de desposeído lo
coloca como, potencialmente, un polo social capaz de asumir
acciones más osadas, dado que estos segmentos sociales, “no
tienen nada más que perder”, en el universo de la (des)sociabilidad
contemporánea. Su subjetividad
podría estar, por lo tanto, más propensa a la rebeldía y a las
rebeliones. De nuevo la experiencia argentina merece nuestra
especial atención.
30.
A lo largo de la década de los ’90, el afloramiento de las
luchas sociales parece indicar una confluencia
y simultaneidad de acciones y de agentes sociales. Podemos
comenzar recordando la explosión de Los Ángeles, seguida por la
rebelión de Chiapas en México o por la emergencia del Movimiento
de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en Brasil.
O, en otro recorte, por las huelgas político-sociales
ampliadas, como la de los trabajadores de las empresas públicas
en Francia, a fines de 1995, o la larga Huelga de los Trabajadores
portuarios en Liverpoolo, de 1995 a 1998, o la huelga de cerca de
dos millones de metalúrgicos en Corea del Sur, en 1997, contra la
precarización y flexibilización del trabajo. O, también, la
Huelga de los transportistas de la United
Parcel Service, en agosto de 1997, con 185.000 parados,
articulando una acción conjunta entre trabajadores part-time
y full-time, de entre algunas de las más expresivas acciones
desencadenadas en la última década del siglo pasado. (Ver
Antunes, 2002 y 2002a)
31.
A estas acciones se sumarán, al final de la década e inicio del
nuevo siglo, las explosiones de Seattle, Praga, Niza, pasando por
la confrontación intransigente en Génova, por las acciones del Foro
Social Mundial y también más recientemente, por la rebelión
social que destituyó al presidente (y varios de sus pretendidos
sucesores) en la República Argentina, en diciembre de 2001,
acciones diferenciadas que demuestran, cada una en su
especificidad y singularidad, que las luchas sociales se van a
acentuar mucho en este nuevo siglo. (Ver Seoane y Taddei, 2001)
32.
El segundo punto
considerablemente relevante, que desearía al menos indicar,
versa respecto a la (nueva)
división social y sexual del trabajo, la feminización de la
fuerza de trabajo.
33.
En el mundo del trabajo hoy se vivencia un aumento significativo
del contingente femenino, que alcanza más de 40% de la fuerza de
trabajo en diversos países avanzados, y que ha sido absorbido por
el capital, preferentemente en el universo del trabajo part
time, precarizado y desregulado. En el Reino Unido, por
ejemplo, el universo femenino superó, desde 1998, al masculino en
la composición de la fuerza de trabajo.
34.
Se sabe, sin embargo, que esta expansión del trabajo femenino
tiene un significado inverso cuando se trata de la temática
salarial, donde la desigualdad salarial de las mujeres contradice
a su creciente participación en el mercado de trabajo. Su
porcentual de remuneración es muy menor del cobrado por el
trabajo masculino. Lo mismo frecuentemente ocurre en lo que
concierne a los derechos y condiciones de trabajo.
35.
En la división sexual del
trabajo, operada por el capital dentro del espacio
fabril, generalmente las actividades de concepto o aquellas
basadas en capital intensivo
son cumplidas por el trabajo masculino, mientras aquellas dotadas
de menor calificación, más elementales y frecuentemente fundadas
en trabajo intensivo,
son destinadas a las mujeres trabajadoras (y, muy frecuentemente
también a los trabajadores / as inmigrantes y negros / as)
36.
En las investigaciones que realizó en el mundo del trabajo en el
Reino Unido, Anna Pollert, al tratar esta temática bajo el prisma
de la división sexual del trabajo, afirma que es visible la distinción
entre los trabajos masculino y femenino. Mientras aquel se liga la
mayor parte de las veces a las unidades donde es mayor la
presencia de capital intensivo (con máquinas más avanzadas), el trabajo de las
mujeres está muy frecuentemente restringido a las áreas más
rutinizadas, donde es mayor la necesidad de trabajo
intensivo. Analizando una fábrica tradicional de alimentos en
Inglaterra, la Choc-Co, Pollert mostró, conforme nos referimos
anteriormente, el hecho de que justamente en las áreas de trabajo
más valoradas en la fabricación de chocolate, predominan los hombres
trabajadores y, en las áreas todavía más rutinarias, que
pueden ser ejecutadas por el trabajo manual, ha sido creciente la
presencia femenina. Y, cuando se confronta con unidades tecnológicamente
más sofisticadas, su investigación constató que también aquí
el trabajo femenino ha sido reservado a la realización de las
actividades rutinarias, con menores índices de calificación y
donde son también más constantes las formas de trabajo
temporario, part time,
etc. Lo que ha permitido concluir que, en la división
sexual del trabajo operada por la reestructuración productiva
del capital en la empresa investigada, se podía percibir una
explotación aún más intensificada en el universo del trabajo
femenino. (Pollert, 1996: 186/188)
37.
El capital, por consiguiente, ha demostrado capacidad en
apropiarse intensamente de la polivalencia
y multiactividad que el trabajo femenino, de la experiencia
que las mujeres trabajadoras traen de sus actividades realizadas
en la esfera del trabajo reproductivo, del trabajo doméstico. Mientras que los
hombres –por las condiciones histórico-sociales vigentes que
son también una construcción
social sexuada- muestran más dificultades en adaptarse a las
nuevas dimensiones polivalentes (en verdad, conformando niveles más
profundos de explotación),
el capital ha utilizado este atributo social heredado por las
mujeres.
38.
Lo que, por lo tanto, es un efectivo –aunque limitado- momento
de emancipación parcial
de las mujeres frente a la explotación del capital y frente a la
opresión masculina, avance caracterizado por
la expansión positiva de la mujer en el mundo del trabajo, el
capital, por su lado, lo convierte en una fuente que intensifica y
aumenta aún más las desigualdades sociales entre los sexos en el
universo del trabajo.
39.
De este modo, fue la propia forma asumida por la sociedad
del trabajo, regida por la destructividad del capital y del
mercado, que posibilitó, a través de la formación de una masa
de trabajadores expulsados del proceso productivo, la apariencia
de la sociedad fundada en el descentramiento
de la categoría trabajo, en la pérdida de centralidad del
trabajo en el mundo contemporáneo. Pero, el entendimiento de las
mutaciones en curso, tanto como la elaboración de una concepción
ampliada de trabajo, se vuelven fundamentales para entender la
forma de ser del trabajo
en el mundo contemporáneo, su nueva morfología, tanto como el carácter multifacético del trabajo.
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