CUBA SOCIALISTA. Revista Teórica y Política.
Editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba

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II Conferencia Internacional
La Obra de Carlos Marx y
los desafíos del Siglo XXI
4 al 8 de mayo/2004


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La identidad latinoamericana en la actual coyuntura de nuestros pueblos

Noel Borrero Rodríguez
 

Introducción

1. En el marco de la actual crisis que en todos los órdenes atraviesa el modelo de capitalismo impuesto a nuestra América surgen nuevamente, como es natural, las diversas propuestas de superación de la misma. No nos interesa aquí la tesis que no reconoce la evidencia de esta crisis así como sus más que conocidas causas; nos interesa la diversidad de variantes de una propuesta que presupone la existencia de dicho fenómeno y la necesidad ineludible de superarlo.  En unos casos la propuesta pretende superar la crisis abriendo nuevos caminos al desarrollo capitalista latinoamericano, en otros casos declara como solución única el tránsito a un régimen socialista. Aquí no podemos menos que reconocer que si bien consideramos el tránsito al socialismo como objetivo estratégico de la izquierda latinoamericana en su lucha por revertir el actual estado de cosas, el mismo no podrá cumplir el papel de programa político inmediato que arrastre a las masas en sus luchas reivindicativas. Sin embargo ello no puede menos que llevarnos a la cuestión de la estrategia a seguir para lograr el objetivo final, teniendo en cuenta las adecuaciones tácticas que en cada caso convengan.

2. Es en este sentido que vuelvo a considerar el problema de la identidad latinoamericana y su relación con el  pensamiento latinoamericanista partiendo de la convicción de la necesidad del replanteo de ambos desde la óptica del marxismo, o sea teniendo en cuenta la concepción materialista de la historia, el método dialéctico-materialista y los aportes que los pensadores de  diversas  corrientes, conscientes o inconscientes de ello, han hecho al estudio de estas cuestiones. Partimos del presupuesto de que los diversos programas latinoamericanistas elaborados han contribuido a formar y consolidar la identidad de nuestra región, siendo la causa fundamental de sus fracasos el abandono de sus propuestas por los sectores sociales que han encabezado la lucha en las diversas etapas recorridas por nuestros pueblos. De manera que una propuesta elaborada por sectores radicales de las clases dominantes de nuestra América en el siglo XIX ha venido a parar en la opción más viable para las clases oprimidas en los días que hoy corren.

3. En este rumbo nos proponemos esbozar a gruesos trazos el papel que nuestra identidad y el pensamiento latinoamericanista puedan jugar en el proceso emancipatorio de nuestros pueblos, entendido éste como sinónimo de superación de la actual crisis y como pasos necesarios hacia un nuevo modo de producción: el socialista.

4. De la importancia del asunto trataremos de extendernos lo necesario para probar que en el caso de América Latina sólo el ideal latinoamericanista ha cumplido y podrá cumplir el papel de sustento conceptual a cualquier programa verdaderamente revolucionario en nuestra región, construido a partir de los elementos que componen nuestra identidad y que, como todo elemento de la superestructura de la sociedad, cambia  y evoluciona como reflejo de las transformaciones sufridas por la base económica que lo sustenta; lo cual hace que su comprensión y uso práctico revolucionario sufra también cambios y transformaciones, zigzagueos, retrocesos momentáneos y en general se desarrolle más o menos simultáneamente.

5. El presente trabajo, como es natural, no da por acabado el tema ni mucho menos, ya que simplemente constituye una aproximación al mismo en la cual habrá muchos elementos discutibles y no pocos criterios inaceptables para algunos. Si logra fomentar la polémica a su alrededor habrá logrado su propio objetivo táctico.

La Identidad latinoamericana en la actual coyuntura de nuestros pueblos.

6. En la entrega del Premio Nobel  de Literatura de 1982, su ganador Gabriel García Márquez pronunció un discurso publicado posteriormente bajo el título La soledad de América Latina, en el mismo formuló una interrogante esencial:

“¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social?” .(Gabriel García Márquez: La soledad de América Latina. En La soledad de América Latina. Escritos sobre arte y literatura. Ed. Arte y Literatura, la Habana 1990. p. 509)

7. Los actuales centro de poder llevan ya más de medio milenio “civilizándonos”. Por tal pretensión se entiende la homogeneización de nuestras diversidades en un patrón cortado al estilo occidental europeo, en el cual lo autóctono de nuestros pueblos -- tanto lo heredado como las nuevas creaciones de nuestras culturas— no tienen cabida pues continúan representando a la “barbarie”, a lo incivilizado, ahora con ropaje de fuerza conservadora culpable en buena medida de nuestra condición de subdesarrollados. Es la opinión de Néstor Canclini, toda una exposición científica al respecto, que cito a continuación extensamente:

"La antropología ha contribuido, junto a otras ciencias sociales, a desalentar la búsqueda de identidades esenciales, sean de naciones o continentes. Preguntarse por el "ser latinoamericano" es una ocupación todavía prolongada por algunos filósofos o críticos literarios, y por políticos populistas o intelectuales de izquierda, indiferentes a las nuevas condiciones que la globalización tecnológica y sociocultural (no sólo el neoliberalismo) coloca a las utopías de épocas pasadas. La información antropológica y sociológica sobre la transnacionalización de la economía y la cultura quitó verosimilitud a aquellos proyectos sociales y políticos. La noción misma de identidad nacional fue erosionada por los flujos económicos y comunicacionales, los desplazamientos de migrantes, exiliados y turistas, así como los intercambios financieros multinacionales y los repertorios de imágenes e información distribuidos a todo el planeta por diarios y revistas, redes televisivas e Internet. Los modos de organizar experiencias colectivas bajo nombres nacionales durante la primera modernización – argentinos, bolivianos, brasileños, mexicanos – ya no muestran la cohesión ni la certeza que creían tener quienes se agrupaban bajo esos caracteres o identidades comunes." (Néstor García Canclini: Ocho acercamientos al latinoamericanismo. http://www.art.man.ac.uk/Lacs/seminars_events/newlatam/papers/canclini.htm )

8. De manera que ya ni siquiera es “científicamente serio” hablar de identidad latinoamericana.

9. Sobre el problema de la identidad es importante precisar algunas cuestiones. Jorge Ruedas de la Serna la concibe:

“[...] En sentido amplio, la identidad del individuo sería su propia identificación con su propio ser, identificado con su comunidad, con sus tradiciones, con su lengua, con sus costumbres, etcétera. El ser humano reconciliado omnilateralmente con la sociedad. En sentido estricto, el trabajador reconciliado con el producto de su trabajo. La búsqueda de la identidad sería el impulso de respuesta del individuo como ser social, a la atomización, al extrañamiento a que lo somete el orden social.”  ( J. Ruedas de la Serna: Ob. cit. p. 32 y 33)

10. En la lógica dialéctica decir que  A=A  resulta una tautología carente de sentido, absurda, vacía. A Es un fenómeno contradictorio en sí mismo como todos los que existen  en el Universo, que es y no es al mismo tiempo. Por tanto no puede permanecer idéntico a sí mismo porque ello implicaría la ausencia de contrarios internos y por tanto una inmovilidad imposible. En un sentido la identidad latinoamericana surge como el reencuentro con lo que somos en un instante de nuestro desarrollo histórico, pero no con lo que somos por siempre jamás. En otro sentido significa el reconocimiento de lo que no somos en ese mismo momento de nuestro devenir, de las diferencias y similitudes que nos hacen pertenecer en parte a la cultura occidental sin ser europeos o angloamericanos, en parte a la oriental sin ser asiáticos y en parte a la africana sin ser tales.  Es el resultado de la simbiosis de nuestro pasado con nuestro presente a partir del marco de las relaciones de producción en las que se produce el fenómeno, las cuales también cambian; y, por otro lado, de la toma de conciencia de esta tal identidad y su contraposición al otro. La alteridad es condición indispensable para la existencia de la identidad.

11. Sin embargo la pregunta fundamental no es respondida. ¿Por qué se nos niega la posibilidad de ser nosotros mismos? Evidentemente porque poderosos intereses así lo necesitan. Porque ello puede resultar peligroso para las estrategias “civilizatorias” que se nos imponen. Porque, en fin, ello puede servir no sólo como arma de crítica contra el orden mundial existente sino como punto de partida para elaborar una estrategia del cambio. En esta lógica se orienta nuestra identificación con la opinión de Bonfil Batalla:

 “La civilización Occidental ha fracasado en América y el resto del mundo no sólo por su incapacidad de asumir lo diverso, sino por haberse convertido en una espléndida constructora de desiertos y en eficiente agente de la destrucción de la vida en la tierra, el agua y el aire.” (Guillermo Bonfil Batalla: México profundo. Una civilización negada. CIESAS/SEP. México 1987, p. 221)

12. Desde nuestro punto de vista el problema para occidente ha sido desde el principio un proyecto civilizatorio sustentado en una Formación Económico Social que basa su existencia en antagonismos irreconciliables que la han de llevar en algún momento de su existencia a una crisis sin salida: el capitalismo. Pero dicho proyecto civilizatorio además adolece de una falla esencial: no es construido racionalmente. Es el resultado de la acción espontánea de las leyes ciegas del mercado, la oferta y la demanda, el interés egoísta de unos pocos multimillonarios, etc. Como consecuencia de esto dicho proyecto solo satisface las necesidades de una minúscula minoría que, para continuar disfrutando de este privilegio, se ve obligada a imponer al resto de la Humanidad lo que consideramos como la contradicción fundamental de nuestra época: la existente entre el imperialismo mundial, representado por las oligarquías financieras de los países desarrollados y sus aliados del Tercer Mundo, por una parte y las clases trabajadoras del globo, entre las que se destacan por la rapidez con que están tomando conciencia y por la radicalidad de sus posiciones las masas trabajadoras de nuestra América.

13. Latinoamérica es “diferente”, tanto como lo son todos los pueblos del mundo. Sin embargo nuestra principal especificidad es que somos los que sustentamos el bienestar y el derroche de una parte sustanciosa de la oligarquía financiera (y sus aliados) en todo el planeta. He ahí la causa de todo el desprecio, de todas las críticas y sobre todo de las justificaciones foráneas y propias para seguirnos sometiendo.

14. Se nos ha impuesto una integración aisladora que pretende profundizarse con el ALCA. Durante décadas se nos aisló, se nos enfrentó e incluso se nos inculcó la idea del extrañamiento mutuo; todo con un fin: evitar la realización de la vocación de unidad que late en nuestras tradiciones. En este crisol de relaciones de producción subdesarrollantes, culturas importadas en conserva, invasiones “profilácticas” y demás remedios coloniales y neocoloniales, que se nos ha impuesto, se ha perdido de vista lo que en el proceso independentista del siglo XIX fuera la esencia del ser de nuestra estirpe, la de la integración latinoamericana como única forma de sobrevivir a la amenaza que la existencia de las potencias imperialistas suponía para nuestro pueblo. Hoy este sueño enfrenta obstáculos que jamás conoció, y no sólo por la oposición de fuerzas ajenas a nuestra América (en las que incluyo a la burguesía local dependiente y aliada al neocolonialismo imperial) sino también por los prejuicios sembrados tras siglos de dominación en nuestro pueblo.

15. Un proyecto de emancipación latinoamericano no puede esperar por la integración planificada y ejecutada por las clases dominantes. Ello nos llevaría al ALCA en cualquiera de sus versiones, lo que significa más aislamiento y extrañamiento mutuo. Elaborado con criterio liberal, el proyecto de fines del siglo XIX contó con aportes de los más avanzados pensadores y políticos de su tiempo, y fue llevado a la práctica bajo la dirección  brillante de Martí. Muerto éste; y ante el fracaso de la Revolución independentista cubana (pieza angular en el plan) debido a la intromisión de Estados Unidos que impidió la ejecución de esta necesaria etapa del proyecto martiano (la independencia de Cuba); el sueño latinoamericanista es pospuesto para siglos venideros en los que nuevas circunstancias lo harán renacer una y otra vez como proyecto de los oprimidos ante el entreguismo de las clases y sectores adinerados de toda América Latina; y será un proyecto que incluirá a los pueblos que no fueron colonizados por España. Desde entonces éste un sueño de las masas, de sus más avanzados representantes y no de las clases dominantes, las que se han autoexcluído del mismo e incluso declarado abiertamente contra él al apoyar la propuesta panamericanista.

16. Las Cumbres Iberoamericanas no han avanzado mucho en este sentido porque los intereses de algunos de sus promotores no es precisamente el de resolver los problemas del modelo pues ello implica, al final, el cambio radical. En las Cumbres Iberoamericanas, como en las Cumbres de las Américas organizadas por Estados Unidos, lo que se discute es la sobrevivencia del modelo neoliberal, última creación estratégica del capitalismo, o más exactamente de los centros de poder capitalistas, para eternizar su status quo; en contraposición con las voces que desde Cuba, Venezuela , etc., claman por ese cambio.

17. Las clases trabajadoras deben y pueden  imponer un proyecto integrador que tenga por objetivo estratégico el cambio radical del actual estado de cosas, pero que necesariamente revestirá la forma de lucha por la defensa y el desarrollo de la identidad. Pero ello requiere de racionalidad, puesto que la Formación Económico Social que se impondrá a fin de cuentas será necesariamente el socialismo, osea la única Formación Económico Social racional que ha conocido la Humanidad que da la posibilidad de construir conscientemente el futuro del Hombre. Uno de los aspectos que esta racionalidad debe tener en cuenta en nuestra región es el problema de la identidad, osea de la forma que adoptará la nueva sociedad para que sea fiel a sus raíces y nos permita continuar aportando a la cultura universal originalidad y riqueza. El proyecto debe superar el aislamiento y extrañamiento mutuos no sólo entre países sino entre los habitantes de un mismo país. La unidad popular será posible a partir del reconocimiento del derecho de cada cual a ser diferente y a tener un espacio para sus diferencias. Hay que reindianizar al indio, reafricanizar al negro, reeuropeizar al europeo, para poder así reamericanizar al criollo y evitar que una concepción equivocada de nuestro ser mestizo aplaste las raíces en el que se sustenta ese mestizaje. “O sea, el resultado será todo lo contrario a lo que creyó la ideología del crisol de razas, que quiso cubrir por la vía de la fusión informe el conflicto (y desencuentro) de la América profunda y la América imaginaria, o imaginada por las clases dominantes, [...].” (Ver Colombres, Adolfo: La emergencia civilizatoria de nuestra América, Editado por el Centro de Investigaciones Juan Marinello. La Habana 2001. Pág. 25). Ello será posible sólo en el proceso de la lucha durante la cual se alcanzan los mayores avances en el desarrollo de la conciencia social.

18. La experiencia histórica nos muestra que las masas latinoamericanas han dado saltos gigantescos en el desarrollo de la conciencia revolucionaria cuando se les ha ofrecido un programa revolucionario elaborado a partir de las tradiciones identitarias y con objetivos comprensibles y aceptables para el común de los pueblos. El programa bolivariano (expuesto especialmente en la Carta de Jamaica y en el Discurso ante el Congreso de Angostura), el programa del Manifiesto de Montecristi y más recientemente el programa del Moncada y el de la Revolución Bolivariana pueden ser tomados como paradigmas en la elaboración de este tipo de documentos. Todos ellos tienen en cuenta las particularidades que en cada época distinguen la identidad del pueblo que se pretende emancipar. La base fundamental de tal emancipación se encuentra en la idea de que el sujeto del proceso es el propio pueblo a liberar. Nadie mejor que las masas para saber lo que éstas reclaman y cómo cumplir con esos reclamos. Por ello se hace necesario desarrollar la cultura ( y no sólo la político ideológica) de las masas. A esta cuestión hay que prestarle una gran atención en la etapa de la lucha por el poder político, profundizándola una vez que sea alcanzado el mismo.

19. Por lo tanto un proyecto emancipador latinoamericano tiene que ser construido teniendo en cuenta nuestra esencia identitaria que, a mi modo de ver las cosas, consiste en el hecho de compartir un destino común tanto en la formación de nuestra cultura como en la historia de enfrentamientos a los centros de poder en la cual, unos primero y otros después y por diferentes vías, hemos venido a juntarnos todos; además de compartir toda una serie de rasgos comunes que nos identifican. Partir de las tradiciones de lucha que en cada caso se han ido construyendo, retomar los programas incumplidos de los más avanzados líderes históricos cuya memoria vive en el recuerdo popular y actualizarlos partiendo de renovada análisis de la realidad son premisas insoslayables en la actual etapa de lucha de nuestro pueblo.

20. Un proyecto así tiene que por esencia ser antindividualista, pues persigue conciliar los objetivos, el bien común, con lo personal o individual. Los individuos se realizan en su comunidad, por ella y a través de ella, no a expensas de ella; lo cual excluye a las farcciones neoliberales de la burguesía latinoamericana. Sin embargo dentro de la burguesía latinoamericana existen sectores interesados en la integración económica. El pryecto debe tener en cuenta a estos sectores como aliados en la lucha pues sobre ellos descansa la posibilidad de dividir a las clases poseedoras y lograr que parte de ellas se comprometa con el cambio. Al final muchos elementos de la pequeña burguesía sueñan con un mundo sin la asfixiante dominación foránea contra la cual desean luchar. En el estado actual de descomposición del régimen capitalista es difícil que estos elementos no decidan unir su causa a las de las masas trabajadoras y aportar sus tradiciones y su cosmovisión. Ellos deben ser tenidos en cuenta al elaborarse cualquier programa de lucha no sólo para invitarlos a participar en la misma a cambio de una u otra reivindicación sino especialmente a cambio de ser reconocidos y de ser escuchados como parte del todo.

21. El desarrollo de la lucha decantará necesariamente a los elementos menos firmes y radicalizará a aquellos que se identifique más con el pueblo al que pertenecen y al que sólo ellos pueden negar su pertenencia. En este momento del proceso el pueblo será conceptualizado a partir de la premisa de encontrarse en lucha por su supervivencia. Nuevamente habrá que hablar de pueblo “si de lucha se trata”, pues la negación del enfrentamiento al imperialismo y de la defensa de la identidad es la negación de la pertenencia al pueblo en el que se ha nacido.

22. La concepción marxista del desarrollo social y en especial de las condiciones necesarias para una revolución social, destaca el papel de la subjetividad en estos procesos. Siendo la revolución socialista la más consciente de todas las revoluciones sociales, la única prevista científicamente. Sería pues un error imperdonable que en la actual coyuntura en la que se decide la vida o la muerte de la Humanidad el fracaso de nuestro aporte a la lucha mundial se diera por ignorar los elementos de la latinoamericanidad con los que se ha de trabajar para alcanzar algún futuro.

 

 

 

 

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