CUBA SOCIALISTA. Revista Teórica y Política.
Editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba

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RELIGIÓN
Marxismo y reforma intelectual y moral

Pbro. Dr. Sergio Arce Martínez
Presidente de la Conferencia Cristiana por la Paz de América Latina y el Caribe

 

Queremos aclarar que en el desarrollo de nuestro articulo cuando escribamos, "religión", estaremos pensando básicamente en un "cristianismo-versión protestante.”1 Cuando hablemos de "marxismo" tendremos en mente vetas de un "marxismo criollo-­fidelista". Cuando nos refiramos a "reforma intelectual y moral" lo será más en "reforma­-cubana" que en "reforma-euroitaliana". Sin embargo, a pesar de estas aparentes limitaciones, el fenómeno religioso va a ser considerado en una amplitud aún mayor de lo que generalmente se entiende por "religión"; el marxismo va a tratar de visualizarse en su original peculiaridad, y la llamada "reforma intelectual y moral" va a tener en cuenta su noción primariamente gramsciana. Por otro lado, confesamos que nos aproximaremos a la cuestión en forma un tanto desordenada. Creemos que ese "desorden" es cosa propia del tema que nos proponemos tratar, dado que su complejidad no deja mucho espacio para ser demasiado sistémico, amén del reducido espacio de que disponemos.

Hace 38 años se nos invitó a presentar un tema teológico en el entonces Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. El tema nosotros mismos  lo podíamos escoger libremente. Esa invitación se nos hizo reciprocando la que, como Rector en aquel entonces del Seminario de Teología de Matanzas, habíamos hecho a un profesor del Departamento para que participase en una de nuestras anuales jornadas teológicas. Titulamos aquella exposición : "Los fundamentos bíblicos para una Antropología cristiana a la luz de la filosofía marxista." Lo primero que hicimos en nuestra exposición fue congratulamos por ese intercambio de ideas entre nuestro Seminario Teológico matancero y el Departamento Filosófico universitario, porque entendíamos que "la solución que se le diese en Cuba al encuentro del marxismo —aparentemente ateo—- y el cristianismo —aparentemente creyente—- iba a constituir un factor decisivo en el desarrollo del movimiento revolucionario latinoamericano". AI decir esto enfatizábamos lo socio-político del momento que caracterizaba el momento en que se vivía no solo en Cuba, sino también en todo el subcontinente. Hoy repetimos la misma afirmación sobre la relevancia del encuentro marxista-cristiano en Cuba socialista, pero más bien fijando nuestra mirada en aquellos elementos que atañen a lo socio-cultural que es lo que parece que caracteriza el actual instante histórico que estamos viviendo, no solo en Cuba y en el subcontinente americano, sino también en el mundo entero. Ayer se trataba de lo que calificara Fidel de "alianza estratégica entre marxistas y cristianos" para la realización de los necesarios cambios estructurales revolucionarios en América Latina. Hoy, sin abandonar del todo aquel primer sentido, más bien de lo que se trata es de que se cambie la inteligencia del sentido que han de tener dichas transformaciones socio-políticas, lo cual tiene que ver necesariamente con la eticidad que ha de caracterizarlas, si lo que queremos es no fracasar en nuestros intentos socio-políticos como llegaron a fracasar en el pasado más inmediato otros intentos socialistas cuando echaron por la borda aquello que nos parece esencial en el pensamiento de Gramsci, el aspecto ético del socialismo, con quien coincidimos en cuanto a lo de "reforma intelectual y moral", puesto que para nosotros, el socialismo es fundamentalmente un proyecto ético. A los duchos en la materia advertimos que lo de "socio" en términos como "socio-político" y "socio-cultural" tiene para nosotros una veta económica sobre la cual se sustentan.

Repitamos, entonces, lo que ya muchas veces hemos dicho desde mis años mozos de estudiante universitario: "El comunismo de apellido marxista —ha habido y hay otros comunismos que no han tenido, ni tienen dicho apellido—, es un fenómeno histórico, cuya etiología debemos entenderla tomando en cuenta todas sus fuentes nutrientes europeas." Se trata de un producto socio-cultural europeo que se fundamenta en una serie de categorías de pensamiento propias de la cultura occidental, una de cuyas fuentes nutricias, no lo es, en balde, el hebraísmo bíblico. Su primer y principal teorizante fue miembro de un hogar judeo-cristiano, una inteligencia extraordinaria de una moralidad exquisita, mejor seria decir, de una real eticidad, educado a la sombra de categorías hebreo-bíblicas del pensar y del actuar. Uno de sus trabajos académicos de adolescente en el liceo donde cursaba sus estudios, fue un comentario a las palabras de Jesús, "Yo soy la Vid Verdadera y mi Padre es el Labrador; todo pámpano que en mí no lleva fruto lo quitará y todo aquel que lleva fruto lo limpiara para que lleve más fruto." Nuestra humilde opinión es que como pámpano fértil, ya de adulto, enriqueció la Vid como ningún otro pámpano lo ha hecho, aunque pensamos que al decir esto, tal vez nos estamos dejando arrastrar por un apasionamiento que no es propio ya de mi edad. Pero, por lo menos, eso es lo que parece haber deseado Marx en sus años de adolescente, de acuerdo con sus propias palabras. Lo que queremos ilustrar es que su ideología cobró cuerpo al calor de diversos factores, desde lo político y lo económico hasta lo filosófico. No es necesario que los nombremos, pues, son de todos conocidos. Sin embargo. hemos de insistir que, por razón de su contextualidad, su ideología quedó preñada indeleblemente por uno de esos factores, una de las filosofías teológicas terminales de la cultura europeo-cristiana, cima de un proceso creciente de secularización del pensamiento cristiano. Ahora bien, en su más afamado lector, esa teología fue sometida a una des-idealización al situarse este en la línea antropológica promulgada por Feuerbach.

Ahora bien, la influencia de Marx, no solo en las teologías protestantes modernas y contemporáneas, sino también en las llamadas Teologías de la Liberación, mayormente cultivadas con ese nombre par teólogos católicos del Tercer Mundo, es algo indiscutible. Entre las protestantes, habría que añadir, al análisis crítico de las relaciones socio­-económicas que caracterizan al capitalismo, sus radicales planteamientos antropológi­cos. En nuestro quehacer teológico cubano, al que hemos denominado "Teología en Revolución", esta asunción del marxismo llega al punto de asumir su conocida critica a la religión. Esto no debe resultar extraño para nadie. Un gran pensador latinoamericano dijo en cierta memorable ocasión: "El marxismo y el protestantismo se dan la mano en la alta cátedra de Hegel"; y Hegel fue uno de los grandes iconoclastas del teísmo catalogado como "cristiano", que antecedieron a Marx.

Esta asunción del pensamiento de Marx en la Teología es algo fácilmente explicable si nos acercamos al cristianismo, visto desde la perspectiva de la teología bíblica, puesto que entonces veremos como más que tratarse de una religión, se trata de una fe que tiene mucho de materialista, si es que por materialismo entendemos que se concede no solo un valor objetivo al mundo que nos rodea, sino también un valor óntico y gnoseológico frente a los fenómenos subjetivos. Pero, tal vez, eso sea lo de menor importancia y lo realmente importante sea lo que Fidel expresó en una ocasión hace ya más de 35 años, "No importa si alguien es marxista o es cristiano o alberga cualquier otra filosofía, si no que objetivamente comprenda estas realidades." Fidel se refería a la realidad del subdesarrollo y de la explotación imperialista de nuestros pueblos. En todo esto es de sumo interés el señalar algo que resulta a su vez anecdótico, y, es que, a pesar de que en la ocasión de nuestra comparecencia ante el grupo de profesores y estudiantes de Filosofía marxista en la universidad, nuestro tema era el tema antropológico, no pasó ni cinco minutos cuando afloró en la discusión, de parte de los oyentes, la cuestión de la "existencia de Dios". No creo que mi siguiente comentario se pueda aplicar a aquel grupo de estudiantes y profesores, pero no deja de ser cierto para muchos otros marxistas. Tal parece que la hipotética existencia de un hipotético Ser que se considera, por muchos religiosos, como el Ser Supremo, sentado "allá arriba", parece ser, para muchos marxistas, más importante que el sentido que pueda tener o dársele a la existencia de los reales seres que se consideran, por no muchos, como seres humanos. Lo cierto es que en aquella ocasión nos obligaron a entrar en una discusión que está fuera de nuestro interés. No tanto porque creemos que es una discusión inútil que no nos lleva a ninguna parte como por el hecho de que nosotros no creemos en la existencia de Dios, sino más bien en su in-sistencia.2  El tema Dios no es, para nosotros, uno de los tantos que resultan apropiados para una discusión de carácter teórico, ni para un análisis filosófico o elucubración metafísica, porque no se trata de una hipotética "Idea" que, tanto los religiosos como los no religiosos, tienen en mente cuando enuncian la palabra, Dios. Sea quien sea el que se haga una idea o muchas ideas sobre Dios, lo que realmente hace es concebir o construir un ídolo, violando el mandamiento mosaico: "No os hagáis imágenes de mí" Hay ídolos o ideas de Dios discretamente aceptables como tales, pero hay otros u otras, totalmente inaceptables, puesto que atentan no contra lo mejor que pueda decirse de un supuesto Ser divino, si no contra nuestra real humanidad en su decoro e integridad. El hablar en estos términos significa acercamos a lo que pueda significar aquello de "reformar(nos) intelectual y moral(mente)".

Dios, en la cultura hebreo-bíblica, se vive o no se vive. De no vivirse no logra tener significado alguno. Por eso es que afirmamos, un tanto paladinamente, que hay más de esa fe bíblica  —que es, más que creencia teórica, realidad práxica—, en Dios-Amor, Dios-Justicia, Dios-Luz, Dios-Espíritu, Dios-Verdad, Dios-Vida, Dios-Resurrecci6n en muchos marxistas que hemos conocido, que en una gran parte de los religiosos cristianos que conocemos. El a-teísmo se tiende a considerar no solo como uno de los aspectos ideol6gicos fundamentales si no el fundamental para casi la totalidad de los que se consideran marxistas. De ser esto entendido correctamente sería algo extraordinariamente positivo. En este sentido, recordamos lo que Martín Lutero afirmó, siglos antes de que floreciera el a-teísmo marxista: "Conoce mejor a Dios quien lo niega, que quien lo afirma." Una cosa es a-teísmo y otra, lo que hemos denominado, en otras ocasiones, "a-teo-ismo", término que hacemos proceder del término a-ateo.3 EI primero niega una idea, el segundo, una realidad existencial. El ateísmo como el teísmo son concepciones filosóficas. El primero niega una determinada idea de Dios, idea que el segundo ha asumido con anterioridad. La historia de las ideas teístas y las ateístas son correlativas. A cada idea de un dios de los teístas, siempre ha correspondido la negación de tal idea de parte de los ateístas. Como todo fenómeno histórico, esta historia del teísmo-ateísmo no es una excepción en cuanto a que posee indiscutiblemente un carácter dialéctico. El pasar por alto este carácter dialéctico de la historia de este sector del pensamiento humano ha traído como consecuencia una confusión en la comprensión del fenómeno religioso en más de uno que se ha caracterizado a sí mismo, como ateo, cuando en realidad era, o es, un a-teísta. Es interesante que de ateo sus enemigos de clase, acusaron a Jesús por su confrontación con los representantes del judaísmo tardío y su drástico rechazo al Templo jerosolimitano al cual los religiosos judíos de su tiempo acudían. A los primeros cristianos los  llevaban a la cárcel, y aún a la muerte, acusados de ateos. Negaban la existencia de los dioses de la paganía reinante, la cual incluía entre ellos al Emperador de tumo. Sin embargo, no es lo mismo ser a-ateo que ser a-teísta. Lo primero es una opción existencial que tiene que ver con los valores ético-espirituales, si vamos a hablar en términos bíblico-religiosos. No habrá mucha diferencia, si no tan solo en las palabras que usemos, pero no en los conceptos que expresemos, si lo hacemos en términos marxistas. Ser a-ateo, lo dice el mismo término, es "existir-sin-dios". Para la fe cristiana eso significa existir-sin-Amor, existir-sin-Justicia, existir-sin-Luz, existir-sin-Espíritu, existir-sin-Vida, existir-sin-Verdad, existir-sin­Resurrección. Dicho en un lenguaje más simple, ser ateo tiene que ver con el corazón, no con la cabeza. Por eso, más de uno de los salmos bíblicos reza: "Dijo el necio en su corazón: 'No hay Dios'." A lo que Don Miguel de Hunamuno comenta, que no es lo mismo decir: "'No hay Dios', con la cabeza, que decirlo con el corazón." Cuando alguien afirma a Dios con el corazón, vemos como, muy a menudo, lo niega con la cabeza. Pudiésemos, entonces, parafrasear lo que dijera el Salmista: "Dijo el sabio en su cabeza: 'No hay Dios'." Es cosa, entonces, de sabios negar la existencia de Dios, es decir, a Dios como idea. Con el teólogo Emil Brunner pudiésemos afirmar que "hay" montañas, "hay" ríos, "hay" luna, "hay" sol, etc., pero no "hay" dios. Dios no "ex-iste" como un objeto más del Universo. Negar o afirmar que "hay" un dios diferencia al ateísta del teísta. El teísta es el crédulo. El a-teo se diferencia de un mero a-teísta, en términos cualitativos de existencia. Se puede ser teísta y ser un ateo. Se puede creer en la ex-istencia de Dios y vivir como si no creyese. De aquí que el "teo-ista" sea el creyente.4

Lo que tiene que ver con la religión como aceptación de que "hay" un dios o con la irreligiosidad como su negación no son cuestiones fundamentales a la hora de hablar de marxismo o de cristianismo. La cuestión fundamental, lo mismo cuando hablamos de marxismo como de cristianismo, es la cuestión de vivir a Dios como Realidad existencial, porque, en último término, el ser marxista y el ser cristiano no tiene que ver directamente con una determinada teoría de abstracción filosófica, si no con una práctica concreta eticista, la cual incluye necesariamente aquello de la "reformar (se continuamente) intelectual y moral(mente)”. Con esto no pretendemos negar que a una praxis se corresponda una teoría, que a una forma de actuar se corresponda una manera de pensar, lo que estamos planteando es algo diferente. Lo que decimos es que las cuestiones que definen nuestra humanidad en su calidad como tal no son cuestiones que interesan tanto pensarse o concebirse conceptualmente, sino vivirse existencialmente. Por otra parte, cuando tratamos de pensarlas, de concebirlas, de conceptualizarlas siempre resulta nuestro esfuerzo, si no fallido del todo, al menos insuficiente para expresar lo inefable de la realización existencial que pretendemos conceptualizar.

A pesar de lo dicho, casi siempre cuando de hablar de religión se trata, la mayoría de los marxistas gustan de citar a los clásicos. A Engels, por ejemplo: "La religión no es otra cosa que el reflejo fantástico que proyectan en la cabeza de los hombres aquellas fuerzas externas que gobiernan sobre su vida diaria, un reflejo en que las fuerzas terrenales revisten la forma de poderes supraterrenales." Engels no dice que algo similar sucede con otros fenómenos culturales que no se clasifican generalmente dentro del término "religión". Pudiese haberlo dicho. Por otro lado, nadie que conozca un poco de la historia de 'la teología cristiana puede poner en dudas la manera crítica con que muchos teólogos han hablado del fenómeno cultural humano conocido coma "religión". Esta crítica a no es parte tan solo del quehacer teológico que haya surgido después de Marx, sino que tiene un lugar cimero en la teología, desde mucho antes, como ya hemos visto en la frase citada de Martín Lutero, el reformador alemán del siglo XVI. Muchos otros más, le anteceden, y, otros tanto, le suceden en la historia del pensamiento cristiano. Marx y Engels confirman la validez de esta crítica que arranca desde el carácter anticúltico radical de muchos de los profetas veterotestamentarios y, específicamente, del propio Jesucristo, como ya hemos señalado.

En la Introducción a la Contribución a la critica de la Filosofía del Derecho de Hegel, Marx escribió una clásica página esclarecedora al respecto: "Para Alemania" -nos dice- "la crítica de la religión está en lo esencial completada y la crítica de la religión es la primera de todas las críticas. El fundamento de la crítica religiosa es que el hombre' , hace la religión, la religión no hace al hombre. En otras palabras, la religión es la conciencia de si mismo y el sentimiento de si mismo del hombre que aún no se ha encontrado o que ya ha vuelto a perderse. Para el hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad. Este Estado, esta sociedad, producen la religión, una conciencia invertida del mundo, porque es un mundo invertido. La religión es la teoría general de este mundo, su compendio enciclopédico, su point d'honneur espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne consumación, su razón universal de consuelo y justificación. Es la realidad fantástica de la esencia humana, porque la esencia humana carece de realidad verdadera. La lucha contra la religión es, por lo tanto, en forma mediata, la lucha contra el otro mundo, del cual la religión es el arma espiritual. El sufrimiento religioso es, por una parte, la expresión del sufrimiento real, y por la otra, la protesta contra el sufrimiento real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo. La abolición de la religión en cuanto dicha ilusoria del pueblo es necesaria para la dicha real. La exigencia de abandonar sus ilusiones sobre su situación es la exigencia de que se abandone una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por lo tanto, en embrión, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad. La crítica no arranca de las cadenas las floras imaginarias para que el hombre soporte las cadenas sin fantasías ni consuelos, si no para que se despoje de ellas y pueda recoger las floras vivas. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y modele su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, pero que gire en tomo de si mismo y, por lo tanto, en tomo a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira alrededor del hombre mientras este no gira alrededor de si mismo. La tarea de la historia consiste, pues, una vez que ha desaparecido el más allá de la verdad, averiguar la verdad del más acá. Y la tarea inmediata de la filosofía, que se encuentra al servicio de la historia, consiste -una vez que se ha desenmascarado la forma de santidad de la auto-enajenación humana- en desenmascarar la auto-enajenación de sus formas no santas. De tal modo la crítica del cielo se convierte en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho y la crítica de la teología en la crítica de la política.  “No es posible encontrar en ningún otro escritor o pensador europeo occidental una descripción mas apropiada de lo que es la esencia de la antropología bíblica, y su interpretación del significado de la religión como parte de la auto-alineación humana. Lo que Marx no llega a analizar es cual sería la crítica a la religión después de acometida y finalizada la crítica de la tierra, la del derecho y la de la política. Esto pienso que nos toca a nosotros si nos adentramos cabalmente en la tarea crítica tal como lo entendió Marx.

Para clarificar toda nuestra argumentación, que arranca de la postura profético-bíblica, citemos, por ejemplo, a Leonhard Ragaz, profesor de Teología de la Universidad de Zurich, el socialista cristiano más prominente de finales de la segunda mitad del siglo pasado y principios de este. Decía Ragaz que “el Reino de Dios no es religión, si no más bien la abolición de toda religión", y añadía, "Jesús no sólo no trae una nueva religión, si no que no trae ninguna religión.[...] No quiere una religión, sino más bien el Reino, una nueva creación, un nuevo mundo. Jesús quiere a Dios, al pueblo, al hermano, a una nueva justicia, la liberación del mundo del temor y la sensualidad, del Mammonismo, de la desesperación, de la muerte y de la religión."

Uno de sus continuadores, el que ha sido considerado por muchos como el más grande teólogo de la Iglesia después de Santo Tomas de Aquino, por su fecunda obra y su influencia en lo que va desde el pasado siglo, Kart Barth, en su Comentario a la Epístola a los Romanos, sostuvo que “todo reclamo de la religión a la trascendencia, absolutidad y directicidad es nulo y vacío".

Esto ha de significar, teológicamente hablando, que el cristianismo más que una religión es una fe, que solo surge cuando la posibilidad religiosa, habiendo sido tomada con toda seriedad, muere. Como consecuencia de ello el ser humano religioso se presenta, entonces, para una teología crítico-histórica, como el ”ser humano alienado" por excelencia en tanto que su religión sea coincidente con lo alienante de las estructuras socio-político-económicas de la sociedad en que viva. En su monumental obra, Dogmática de la Iglesia, Barth dedica una sección completa a lo que titula, "La revelación de Dios como la abolición de la religión" y en uno de sus epígrafes desarrolla el lema de "La religión como falta de fe". 

Como consecuencia de todo lo que hemos dicho, desde la perspectiva teológica, lo que llamamos fe, cualquier fe, para tener validez como fenómeno humano que es, ha de tener una funcionalidad y una utilidad históricas. En ello estriba la diferencia entre fe y religión. Cuando la fe deja de tener esa .funcionalidad y utilidad históricas se convierte en superstición religiosa. A ese fenómeno le podemos llamar .producción de opio para el pueblo". Ahora bien, he tenido compañeros y compañeras marxistas que me han repetido la manida versión marxista de esta verdad con una unción casi idéntica a la de un crédulo cristiano fanático, como si el gran legado de Marx fuese un dogma, una cartilla, una frase infalible, tal como lo hacen varios exponentes de la Iglesia Católica Romana al enunciar sus juicios o expresiones y algunos pastores protestantes con alguna que otra frase bíblica. En todos estos casos, a lo dicho o a lo escrito, se le da un valor absoluto y eterno. Vale recordar que antes de Marx, un clérigo anglicano ingles, Charles Kingsley, escribió estas preñadas palabras: "Hemos usado la Biblia como [...]dosis de opio."

Cuando hablamos de religión, de cristianismo, de marxismo, de fe, de "opio del pueblo", de cambios en nuestra inteligencia y en nuestra eticidad se hace necesario aseverar, enfáticamente, que cualquier fenómeno humano, no importa el carácter que tenga, cuando se absolutiza, pierde lo que pueda tener de cristiano o de marxista o de fe o de "reforma intelectual y moral", y se convierte en religión, en "opio del pueblo", en fosilización de la inteligencia y pérdida de eticidad, por cuanto pierde el carácter indeleblemente histórico que siempre tiene todo fenómeno humano, pierde su carácter eventual, contingente, relativo, y se cae en aquella tentación primera y primaria que nos narra mito-poéticamente el primer libro que aparece en la Biblia, o sea, en la alienación del ser humano que ha dejado de girar "en tomo a su ser real", como señalara Marx. "Religión" es un fenómeno cultural generalizado que encontramos cultivado en el caso de muchos crédulos en dioses, en textos sagrados, en templos, en sacerdotes, en cristianismo, en islamismo, en santería, etc. Pero es que también existe el fenómeno "religión" cuando otros muchos incrédulos hablan y viven acerca de no-dioses, no-fes, no-textos sagrados, de ateísmo y hasta de marxismo, etcétera.

Esperamos haber sido lo suficientemente claros como para que se entienda que ese fenómeno socio-cultural que se conoce comúnmente como "creencia" o "fe religiosa", como cualquier otra "creencia" o "fe tenida como "no religiosa" o "irreligiosa" esconde en su seno la semilla de la más acabada y absoluta de las alienaciones humanas. En eso coincidimos, en cuanto a la creencia religiosa, no solo con Marx, el comunista, sino también con Barth, el cristiano. Sin embargo, seamos lo suficientemente claros cuando afirmemos que lo paradójico de un tema como éste, en que se trata de analizar -aunque someramente- lo que tenga que ver "religión, marxismo y reforma intelectual y moral" es encontrar que la característica esencial de lo real, la que en todo momento nos llama a la necesaria reforma e inteligencia y al constante cambio en nuestra manera no solo de concebir, sino también de vivir la realidad, es que siempre es un fenómeno cambiante, y, por tanto, siempre está reformándose y, con ello, continuamente nos está retando a reformamos, es decir, a volver a formamos. Esa es la única razón por la cual estamos todos llamados a dar un salto cualitativo y afirmar que la fe llamada "religiosa", cuando es realmente fe y no mera creencia, como cualquier otra fe, que sea fe y no mera creencia, esconde también la semilla de la más acabada y posible de las liberaciones humanas. Esto es una realidad cuando esa fe es fiel a su esencia como tal, tal como lo hemos expuesto en el párrafo anterior, siendo sustancia de la esperanza en la realización histórica de la Justicia, que siempre será Justicia distributiva. Pregunto ¿lo que he expuesto como Teólogo cristiano sobre "religión", tiene o no tiene, el sello de marxista y de la imprescindible "reforma de la inteligencia y de la moral"?5  

   La alienación religiosa como fenómeno humano no es un fenómeno ahistórico, como plantease Marx, luego, no puede verse aparte de la alienación humana en su totalidad. Recuerdo que en mis años de estudiante universitario conocí con suficiente familiaridad al dueño de una bodega que hacía galas de su ateísmo. Jamás he conocido otro ser humano que más amase el amasar dinero. Debe ya haber muerto. Hubiese sido justo haberle puesto en su tumba coma epitafio: "Nació humano, murió siendo tan solo bodeguero." Lo cual apunta al hecho de que no es el descreimiento confesado, sino otros elementos que tienen que ver con la inteligencia de lo que es ser humano y su eticidad lo que determina la no alienaci6n humana; siendo lo contrario, también, una realidad histórica.

Antes de terminar vamos a citar a Fidel, quien en el Congreso Cultural de La Habana, nos indujo al convencimiento de lo certero de nuestro análisis cuando afirmara: "Necesita el marxismo desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudo revolucionaria. Estas son las paradojas de la historia. ¿cómo cuando vemos a sectores del clero devenir fuerzas revolucionarias, vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo fuerzas eclesiásticas?" Por nuestra parte, recordamos el hecho de que Jesús lo que prometió fue el Reinado de Dios, que de acuerdo con el apóstol Pablo, "es justicia, paz y felicidad en el espíritu de la solidaridad", y, para hacernos más difícil el logro de la realización histórica de esa esperanza escatológica del Reinado ese Dios-Justicia, Dios-Paz, Dios-Solidaridad, lo que advino en la Historia fue la Iglesia, lo cual no significa un mal absoluto, pero está muy lejos de ser, como afirmase alguien, que nos visitó recientemente, un bien absoluto. Estas citas que apuntan hacia lo real-cotidiano, tanto en el marxismo como en el cristianismo, nos ilustra cuanto de cierto hay en nuestra forma crístico-marxista de entender lo que comúnmente  se llama, "religión", a la luz del pensamiento marxista y de la teología bíblica, puesto que nos incita a una "reforma intelectual y moral", que debe constituir un reto permanente para todos.

 

Notas:

1 Los guiones con que divido a menudo palabras, lo  mismo en este caso, como en otros, no tienen otro propósito que el de usar un recurso visual que facilite la comprensión del sentido que le estamos dando  y que deseamos enfatizar.

2 Por ex-istencia de Dios,  como lo indica la partícula ex, entendemos que se cree en la idea de un  ente o ser extraterrestre, un ser que está fuera o más allá del fenómeno humano. La mayoría de los que así se hacen una idea de Dios lo piensan como un Ser Supremo que está allá arriba. Cuando decimos que Dios in-siste, como lo indica la partícula in-, lo que expresamos es que lo  vivimos como una relación que se da dentro o más acá del fenómeno humano. De modo que al aplicar el  término in-siste a Dios, aseveramos que no es un ente o un algo  a conceptualizarse sino una relación a vivirse.

3 El a-teismo, desde un punto de vista conceptual se contrapone al teismo. El primero niega la idea de que pueda existir Dios. Sin embargo, desde un punto de vista existencial lo contraponemos a lo que hemos denominado, a-teo-ismo, que es el no  vivir a Dios o el no vivir en Dios. Aquí Dios no se entiende como un ente, sino como una relación que en la cultura hebreo-bíblica se describe en el término de Amor, Luz, Justicia, Verdad, Vida, Camino, Liberación. No aceptar la idea de Dios que equivale a no aceptar a Dios como idea, es ser un a-teísta. No vivir la relación que es Dios, no vivir a Dios o en Dios es ser a-teo.

4 El crédulo es aquel que acepta a Dios como idea, a quien en ocasiones catalogamos como el  teísta. El incrédulo es el que no  acepta la idea de Dios, a quien en ocasiones llamamos a-teístas. El creyente es el que vive a Dios o en Dios como relación, a quien en ocasiones hemos llamado el teo-ista. El no creyente será el a-teo-ista.

5 Hemos estado usando el término moral sin entrar en la diferenciación que comúnmente hacemos entre la moral y ética, y, en el caso de adjetivarlo con eticista. Lo hemos hecho para no abandonar la nomenclatura gramsciana cuando plantea lo de "Reforma intelectual y moral".


Publicado en febrero/2004

 

 


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