CUBA SOCIALISTA. Revista Teórica y Política.
Editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba

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Iraq y el traspaso de soberanía.
C
ontinúan las mentiras

Ernesto Gómez Abascal
Ex embajador de Cuba en Iraq

 

Si no se hubiera dicho tantas  mentiras y sobre ellas montado, desde un comienzo, la operación para apoderarse de Iraq, esta última valdría ella sola, para descalificar moralmente la política estadounidense y poner en evidencia sus objetivos colonialistas.

¿Qué traspaso de soberanía puede haber en un país ocupado militarmente por cerca de 200 mil soldados extranjeros –de ellos unos 140 mil estadounidenses- con unas autoridades designadas por la administración colonial de Washington, al frente de las cuales han puesto un jefe de gobierno reconocido públicamente como agente de la CIA?  La operación colonialista que llevaron a cabo en Cuba con la intervención y ocupación militar a finales del siglo 19 y la creación de la pseudo república a comienzos del siglo 20 con la famosa Enmienda Platt cañoneada dentro de la Constitución, podría parecer algo decente comparado con lo que hacen en Iraq.

Tal vez lo más vergonzoso de este hecho está reflejado no en la conducta de los gobernantes del imperio, sino en la de los gobernantes de otros grandes países, que constantemente se proclaman defensores de la democracia y los derechos humanos y ahora callan o adoptan una posición de complicidad con la nueva mentira del traspaso de soberanía.  La mayoría de ellos se han abstenido de hacer críticas por las torturas en las cárceles de Abu Gharib, actitud que han practicado antes con lo que sucede desde hace muchos años con los palestinos en Israel.  Su negativa a apoyar el proyecto de Resolución presentado por el gobierno cubano en la última CDH en Ginebra para que se investigara lo que sucedía con los presos en la base de Guantánamo, los puso una vez más al descubierto.  ¿Con qué moral pretenden dar clases de derechos humanos a otros?

Una buena parte de la “gran prensa”, que tal vez como nunca antes puso en evidencia durante la preparación de la guerra su carácter manipulador y abiertamente mentiroso, ahora le sigue la rima a la farsa. ¿Habrá, dentro de algún tiempo, algunas autocríticas como la que ha hecho el New York Times recientemente, disculpándose por haberse sumado a la mentira y por haber ayudado a crear opinión en el pueblo estadounidense de la necesidad de la guerra contra Iraq?  Pura hipocresía.

La maniobra del “traspaso de la soberanía” y otros aspectos que forman parte de la extensa y complicada Resolución 1546 aprobada por el Consejo de Seguridad después de muchas negociaciones, están enmarcados dentro del plan de Washington para detener su deslizamiento hacia la derrota.  La administración neofascista y prosionista que está en el poder en los Estados Unidos, concibió esta guerra con objetivos vinculados a la consolidación de su poder hegemónico en las próximas décadas: apoderarse de la segunda reserva de petróleo del mundo; posesionarse militarmente de un territorio estratégico enclavado en el corazón del Medio Oriente, con proyecciones hacia el Caspio y el Golfo Pérsico y con fronteras con dos países cuyos gobiernos trata de desestabilizar y derrocar por ser oponentes a sus intereses, Siria e Irán; neutralizar por la fuerza y a través de “reformas democráticas” la oposición árabe e islámica y abrirle paso, después de reducir la Intifada palestina, a los intereses de Israel en la región.  Este dominio le permitiría consolidarse como gran potencia hegemónica y evitar el surgimiento de grandes rivales en las próximas décadas, objetivo que parece estar por encima de intereses partidistas, aún cuando la operación haya sido ejecutada por el núcleo más reaccionario y fundamentalista del Partido Republicano.

Pero la realidad sobre el terreno en Iraq, la resistencia y el patriotismo del pueblo iraquí, que el imperio no calculó justamente debido a su arrogancia y  prepotencia, ha puesto en duda la consumación de estos planes.  Por ello, sin renunciar a sus objetivos supremos, ahora buscan urgente cobertura de la ONU y acuden a “la vieja Europa” y ofrecen participación que antes rechazaban, por supuesto sin abandonar el mando militar de la ocupación, elemento decisivo de poder.  El plan en ejecución insiste en iraquizar la lucha interna formando “autoridades y fuerzas militares” que se enfrenten a la sublevación y la lucha patriótica del pueblo, la cual persisten en calificar –en otra inútil mentira-  de terrorista.  Ahora podrían irse deslizando por un camino de reducción de sus ambiciones, en el punto más bajo del cual estaría la retirada de sus tropas, aunque este final no parece inmediato.

En un recorrido que realicé recientemente  por varios países del Medio Oriente que me permitió sostener encuentros y conversaciones con una buena cantidad de dirigentes, intelectuales, diputados y personas de diferentes creencias políticas y religiosas, pude obtener una visión más cercana de la situación en Iraq y en la zona, caracterizada por dos elementos fundamentales: mientras los Estados Unidos posee una presencia militar y un poderío como nunca antes y mantiene una fuerte influencia e intimidación sobre muchos gobiernos, también el odio hacia la gran potencia ha alcanzado niveles extremos y posiblemente no exista en estos momentos otra área geográfica en el mundo donde haya tanta beligerancia contra Washington.  Hace pocas semanas, en una entrevista concedida al diario Le Monde, alguien tan poco sospechoso de mantener una actitud antiestadounidense como el presidente egipcio Hosni Mubarak, lo dijo: “nunca antes hubo tanto odio contra los Estados Unidos en la región como ahora”.

La injusticia y el abuso es lo que nutre este sentimiento popular que necesariamente se expresa en rebeldía y esto, en mi opinión, será lo que marcará el curso futuro de la historia.  Aunque los teóricos del imperio hayan proclamado su fin, los pueblos la continuarán escribiendo.

Estados Unidos, lo he dicho, no saldrá fácilmente de Iraq, pero su situación político militar allí es delicada. Ahora mismo está evaluando el envío de otros 15 mil soldados para acercarse a los 150 mil, pero no aprende de la historia,  el ejército británico utilizó en la segunda década del siglo pasado más de medio millón de hombres para apoderarse de Mesopotamia y terminó retirándose después de sufrir miles de bajas.

La característica fundamental de la guerra en estos momentos es que los ocupantes están a la defensiva y la Resistencia, cada vez más organizada y efectiva, es la que decide cuando y donde actuar.  La ocupación es precaria y donde no están presentes las fuerzas estadounidenses o de sus aliados, que es la mayor parte del país, no hay autoridad o la autoridad es de la Resistencia.  Es evidente que las fuerzas de la ocupación, al tenerse que retirar, han perdido las batallas de Fallujah, Ramadi, Nayef, Kerbala, Kufa, ciudad Sadr en Bagdad y otros lugares que no se informan.  Puede considerarse que hay muchas zonas liberadas en Iraq, donde la Resistencia ejerce el control.

La autopista principal que comunica con Bagdad, unos 600 kms. desde la frontera jordana, es escenario diario de operaciones de la Resistencia, que la controla por tramos y destruye frecuentemente los suministros que por allí tratan de pasar para abastecer a los ejércitos de ocupación.  Algo similar ocurre con la otra vía importante, la No. 8, que sube desde la frontera kuwaití en el sur.

Los Estados Unidos y sus aliados en la guerra consideraban que con la ocupación del país podrían rápidamente hacer grandes negocios con el petróleo y la reconstrucción y con ello resarcir los gastos de la guerra y obtener abundantes ganancias.  Fue una operación planeada como una gran inversión cuya recuperación, inmediata y abundante, consideraban asegurada.  Esto, de lo cual no se habla tanto, tal vez sea lo que más los está poniendo en crisis.  Antes de la guerra, la capacidad de exportación de crudo iraquí, bastante deteriorada por el bloqueo impuesto durante diez años, llegaba como máximo a 2,8 millones de barriles diarios.  El promedio que se lograba era más bajo, pero después de la ocupación, no han llegado ni a la mitad y por momentos, como en las últimas semanas, se ha reducido a alrededor de 500 mil barriles.

El oleoducto principal, que sale por Turquía al puerto de Ceyhan, ha estado la mayor parte del tiempo paralizado debido a los sabotajes y los que van al Golfo por el sur, también han sufrido afectaciones frecuentes.  La Resistencia tiene priorizado estos frágiles objetivos.

Las acciones contra los técnicos que trabajarían en los grandes negocios de la reconstrucción -muchos de los cuales se han ido- y la inseguridad general que hay en el país, están creando no calculadas dificultades a los planes de posesionarse de otros  importantes recursos con los cuales esperaban dominar la economía.  Lejos de obtener grandes utilidades, los gastos de la guerra son inmensos y continúan creciendo.

En el plano político, la resistencia a la ocupación es muy generalizada y llega hasta sectores que aparentemente no mantienen una actitud beligerante. Estados Unidos desconfía incluso y con razón, de algunos que se prestan a formar parte de las instituciones por ellos creadas. Su gran dilema es que no tiene base de apoyo dentro de la población.

Hace aproximadamente dos meses se celebró de forma pública en Bagdad, el Congreso Constitucional Nacional Iraquí, con más de 500 delegados en representación de organizaciones políticas, sociales y religiosas de todo el país.  Allí participaron nacionalistas árabes y kurdos, socialistas, patriotas de distinto pensamiento político,  sunnitas, chiitas y cristianos, así como miembros de una escisión del Partido Comunista llamado “Cuadros”.  El clérigo chiita Moqtada Sadr, les envió un mensaje de saludo.  Todos se pronunciaron contra la ocupación extranjera en lo que se estima pudiera constituir una especie de  Frente Amplio que jugaría un positivo papel de unidad y resistencia en el futuro.  La celebración de este evento también da una idea del poco control que puede ejercer el gobierno norteamericano en el país medioriental.

La última maniobra mentirosa del imperio, difundida con insistencia en los últimos días una vez más por los grandes medios, es tratar de identificar a la Resistencia patriótica con la organización terrorista Al Qaeda.  Tratar de hacer ver que tuvieron razón al atacar Iraq, por los vínculos que tenía  con terroristas relacionados con los ataques contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre.  Nexos que fueron desmentidos recientemente por la Comisión Gubernamental estadounidense que investigó estos sucesos.  Burdo intento de operación de limpieza de las grandes mentiras, que tiene bastante que ver con el proceso de las elecciones el próximo noviembre y las aspiraciones de reelección de George W. Bush y la permanencia en el poder del núcleo neofascista y prosionista que lo rodea.

Para apoyar esta última canallada, no debe excluirse que estén actuando en el escenario iraquí, grupos de los servicios especiales estadounidenses e israelitas organizando acciones terroristas contra la población civil y contra sectores religiosos determinados,  con el propósito adicional de crear rechazo a la resistencia y promover divisiones, luchas y conflictos internos tratando de evitar la consolidación de una unidad nacional contra la ocupación.  Se están sucediendo criminales acciones que apuntan en esta dirección y responden a esta lógica.

 

La mentira como política, es una característica del fascismo.  Denunciarlo sin descanso es nuestro deber.

 

 

Junio/2004

 

 


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