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El Partido de los nuevos tiempos
A 80 años de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba
Dra.
Angelina Rojas Blaquier. Investigadora
del Instituto de Historia de Cuba.
Durante
los primeros 25 años del siglo XX se consolidó la dominación
neocolonial de Estados Unidos en Cuba, y aparecieron los rasgos de
la crisis estructural del sistema, ámbito propicio para el
nacimiento del primer Partido Comunista de Cuba.
Respuesta
consecuente de un pueblo que desde el siglo anterior había mostrado
su vocación independentista; y de una clase obrera que en 1890
conmemoró el primer 1º de Mayo; y que participó, con José Martí,
en la preparación y desarrollo de la Guerra de Independencia, y en
la fundación, para ella, del Partido Revolucionario Cubano.
El
acontecer en otros países latinoamericanos, la evolución del
movimiento revolucionario internacional, y particularmente la
Revolución de Octubre, en tanto demostración de que los
trabajadores podían alcanzar el poder, actuaron, simultáneamente,
en favor del rápido avance organizativo y político de las masas
trabajadoras, de una parte de los
intelectuales y también entre los estudiantes.
Como
parte de la sumamente rápida evolución ideopolítica de los
sectores populares cubanos, el 18 de marzo de 1923 se fundó la
Agrupación Comunista de La Habana, y sucesivamente las de
Guanabacoa, Manzanillo y San Antonio de los Baños.
Las
mismas prepararon las condiciones organizativas para la realización
del congreso que dejó constituido el primer Partido Comunista de
Cuba (PCC), el 16 de agosto de 1925, con la participación de 18
asistentes, entre delegados e invitados, y la colaboración directa
del comunista mexicano Enrique Flores Magón, en representación de
la Internacional Comunista (IC).
Mientras
Carlos Baliño había estado con José Martí, Julio Antonio Mella y
otros forjadores del partido proletario estudiaron y comprendieron
lo suficiente al Héroe Nacional para entregarse a la tarea de crear
el partido de los nuevos tiempos. Junto a ellos, el pequeño grupo
de dirigentes obreros que reconocía la importancia de la organización
del proletariado con sentido clasista, y el apoyo que significó la
llegada a Cuba de comunistas europeos como el joven Fabio Grobart,
también entre los fundadores.
Aquellos
primeros comunistas, guiados más por su sensibilidad clasista y la
interiorización del mundo en que vivían, que por su preparación
teórica, sintetizaron la tradición organizativa y política de los
revolucionarios cubanos para la representación y defensa activa de
los intereses de los sectores populares, y especialmente del
proletariado.
El
nacimiento del PCC, a pesar de su exigua membresía, fue recibido
con inquietud por la administración estadounidense y el gobierno de
Gerardo Machado. De inmediato los
comunistas fueron perseguidos, detenidos, impedidos de actuar por
cualquier medio, incluyendo los asesinatos. Tanto fue así, que el
31 del propio mes, fue detenido y expulsado del país el comunista
canario José Miguel Pérez, elegido Secretario General del Partido.
El resto de los miembros del Comité Central, y hasta el mexicano
Flores Magón, fueron encarcelados el 2 de septiembre.
El
partido de los comunistas cubanos, nacido en una etapa muy convulsa,
se vio obligado a constantes adecuaciones tácticas. Como la propia
Internacional Comunista, de la que era filial, en su primer decenio
pasó de las formas iniciales de lucha, al enfrentamiento ideológico
mediante la táctica de clase contra clase; y a la posterior
superación del izquierdismo, hasta llegar a la orientación y
conformación del frente único del proletariado, del frente popular
antimperialista, y adentrarse en la lucha contra el fascismo hasta
el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Hasta
1929, la dirección
partidista transitó con escasa y muchas veces ninguna orientación
de la Comintern, organización que entonces desconocía bastante las
características de la dependencia, especialmente en el Caribe, razón
por la cual algunas de sus orientaciones, válidas para el
movimiento comunista europeo o de otros continentes, no lo fueran
para la neocolonia cubana.
Esa
realidad provocó que, en determinadas coyunturas, la dirección
partidista asumiera posiciones que se distanciaban de la línea
trazada por la IC, creándole
dificultades con dicho organismo, aunque también trató de cumplir
orientaciones de dudosa realización en el país. Ello se reflejó,
particularmente, a partir de 1927, cuando la dirección partidista
precisó que la revolución en Cuba debía pasar por una etapa
democrático burguesa, y que el Partido, con su escaso número y
desde la más absoluta clandestinidad; con la Confederación
Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y el resto de las organizaciones
populares descabezadas e impedidas de actuar, necesitaba aliarse a
otras fuerzas de oposición, pues no estaba en condiciones de
desplegar una campaña política propia.
Así,
los conceptos unitarios de Mella y de Rubén Martínez Villena
matizaban el enrolamiento de los comunistas en la lucha política
antimachadista. Con ello también procuraban hacer avanzar el
proceso de crecimiento y reorganización de sus filas, y lograr fórmulas
para revitalizar al resto de las maltrechas organizaciones
revolucionarias, todas privadas de sus principales líderes.
Desde
1929 se ampliaron las relaciones con la IC, organismo que, bajo la táctica
de clase contra clase, no aprobó el procedimiento unitario del PCC.
Ello coincidió con la agudización de la crisis económica y política
de Cuba, expresada en el auge del movimiento huelguístico, cuya máxima
expresión fue la huelga general de marzo de 1930, organizada y
dirigida por Villena, considerada justamente por Fabio Grobart como
el inicio del gran movimiento popular que derrotaría a Machado y
profundizaría la lucha contra el imperialismo.
Por
exigencias de la Internacional, poco después fue elegida una nueva
dirección partidista. La misma, a partir del crecimiento de las
luchas antimachadistas y de la nueva orientación de la IC, aseguró
que Cuba había entrado en un período francamente revolucionario y
que la clase obrera, bajo su dirección, se preparaba para la
derrota de Machado y la conquista de sus demandas inmediatas y
finales; que la revolución democrática burguesa estaba próxima a
estallar, y que la misma sería transformada por los obreros y
campesinos en revolución proletaria, a la cual seguiría la
implantación de los soviets.
Esa
orientación, que implicaba un rápido viraje táctico, afectó
momentáneamente sus vínculos con otras fuerzas oposicionistas y la
masa que las seguía, sin embargo, favoreció la lucha por la
expansión del Partido hacia el interior del país para que la
revolución pudiera triunfar, mediante la conquista de las masas
obreras de las principales industrias, especialmente la azucarera.
Momento significativo de ese proceso fue la creación, en diciembre
de 1932, del Sindicato Nacional de Obreros de la Industria
Azucarera, en tanto sector que agrupaba a la mayoría de los
trabajadores del país.
A
ese ingente esfuerzo se unió el desarrollo y fortalecimiento de la
Liga Juvenil Comunista y de la sección cubana de Defensa Obrera
Internacional; la fundación, en febrero de 1931, del Ala Izquierda
Estudiantil, y en el mes de diciembre, la reorganización de la Liga
Antimperialista.
También
propició la realización de un esforzado y riesgoso trabajo para
atraer a los colonos pobres y medios, a la pequeña burguesía
urbana, a los desempleados, los negros, y a los soldados, marinos y
policías, no solo para la derrota de Machado, sino para respaldar
la lucha contra el avance del fascismo, la guerra imperialista, y en
defensa de la URSS y el pueblo chino entre otros. Desde el 24 de
diciembre de 1932, con las marchas de hambre de los trabajadores
azucareros, se recrudecieron las luchas contra el régimen
machadista, en un proceso que no dejó de crecer hasta su derrota el
12 de agosto de 1933. Al respecto, en marzo de 1933 Villena reconoció
el carácter nacional del movimiento huelguístico, precisando que acaso
era posible hablar de una nueva etapa en el ascenso del movimiento
revolucionario.
Pero
el derrocamiento de la dictadura machadista no propició el triunfo
de la revolución. Contribuyeron a ese desenlace: la aplicación mecánica
de conceptos de la IC con respecto al limitado papel de las huelgas
y a la necesidad de la lucha armada para su consecución, entre
otras orientaciones; la insuficiente función dirigente del Partido;
la falta de unidad entre los distintos grupos en lucha; la acción
de las fuerzas oposicionistas burguesas; y la armada norteamericana
rodeando las costas de Cuba.
El
Partido analizó ese resultado en noviembre de 1933, con la
presencia de representantes de la Comintern. Villena, en estado crítico
de salud, argumentó que en Cuba aún no existían las condiciones
subjetivas ni la suficiente organización y madurez partidista para
la instauración de los soviets, que esa táctica aislaba al
Partido, y que éste necesitaba avanzar más con procedimientos y
formas organizativas propias para garantizar el triunfo de la
revolución. En dicha reunión, entre otros importantes acuerdos, se
decidió la elección de Blas Roca como Secretario General interino
hasta la celebración del II Congreso partidista, donde fue elegido
oficialmente para el cargo.
El
cónclave reconoció la necesidad y oportunidad de la lucha por la
unidad entre los trabajadores, y la necesidad de preparar a las
masas para la realización de la revolución agraria antimperialista.
Sin embargo, conceptos izquierdistas orientados de la IC, afectaron
el proceso unitario, entre ellos, considerar que el Partido
Revolucionario Cubano (Auténtico) (PRC [A]) y la Joven Cuba eran,
en aquellas condiciones, el peligro principal para el movimiento
revolucionario. Ello obstaculizó temporalmente una posible alianza
táctica con Guiteras, quien también en ese momento difería de la
seguida por el PCC, y no pensaba en una unión con dicha fuerza. Esa
posición comenzó a modificarse desde finales de 1934 hasta que, en
el IV Pleno del Partido, en febrero de 1935, se adoptó un plan para
la concertación del frente único con dicha figura. También inició
gestiones unitarias con la dirección del PRC (A), presidido por Ramón
Grau San Martín.
En
ese enfoque influyó decisivamente el hecho de que los gobiernos que
sucedieron al de Machado, incluido el llamado Gobierno de los 100 días, al no poder resolver los problemas
generados por la crisis económica y política, tampoco pudieron
contener la lucha de las masas, y el movimiento huelguístico se
mantuvo con fuerza e ininterrumpidamente.
A
la luz de esa realidad, la dirección del Partido, sin renunciar a
la conquista del poder, se adentró en la concertación del frente
único entre los trabajadores de todas las
tendencias, mediante la creación de los Comités Conjuntos
de Acción que había propuesto Villena en 1933; y en organizar a
los campesinos y garantizar su participación en las crecientes
luchas, a tiempo que pugnaba por asegurar la participación del
Partido en las principales batallas políticas de la nación.
Se
encontraban en ese empeño cuando, en marzo de 1935, la potente
huelga general que cubrió al país fue brutalmente aplastada por la
dictadura de Mendieta – Caffery –Batista.
Esa
acción provocó el encarcelamiento y la cesantía de miles de
trabajadores, la virtual desaparición de las organizaciones
obreras, la liquidación de la CNOC; el sometimiento del Partido a
la lucha desde la más profunda ilegalidad; y el asesinato, unos días
después, de Antonio Guiteras y Carlos Aponte. Tan duro revés
impuso a los comunistas la búsqueda de nuevos derroteros para
continuar el enfrentamiento en las nuevas condiciones.
El
análisis de los resultados de la huelga fue esencial para el cambio
de la táctica partidista. A finales del propio mes de marzo, en
reunión del Buró Político, Blas Roca afirmaba que el
aplastamiento de la huelga había sido una pérdida muy seria para
el Partido, pero que los obreros comenzaban a reagruparse para
continuar las luchas, y los estudiantes mantenían sus protestas,
concepto que fundamentaba a su vez Lázaro Peña cuando afirmaba: La
revolución no ha sido derrotada, las luchas decisivas no se han emprendido todavía.
El triunfo puede debilitar momentáneamente la resistencia, pero no
puede acallar la indignación y odio contra la dictadura, ni
suprimir el hambre y la esclavitud que las alimenta.
La
táctica de frente único fue asumida como la fórmula para combatir
al imperialismo y sus parciales nacionales y continuar la lucha
revolucionaria en las nuevas condiciones. La misma se fue perfilando
hasta su consolidación en el VI Pleno, realizado en octubre, luego
de los debates y acuerdos del VII Congreso de la Internacional
Comunista. En este último, Jorge Dimitrov
había precisado que ante la coyuntura internacional, los
trabajadores estaban obligados a escoger, no entre la dictadura del
proletariado y la democracia, sino entre la democracia burguesa y el
fascismo.
Con
ese enfoque el Partido se entregó, en condiciones muy difíciles,
a reconstruir la organización del proletariado, instruir
ideológica y políticamente a las masas, y alcanzar la unidad
necesaria para enfrentar al peligro fascista y transformar la
realidad política cubana, ante todo, mediante la conquista de la
democracia, entendida como una etapa imprescindible en la lucha por
la derrota del imperialismo en Cuba, el logro de la independencia
nacional y el establecimiento del socialismo.
Ello
fue facilitado por los cambios que se estaban sucediendo en la arena
internacional como resultado de la incontenible presión popular y
la inminencia del inicio de una nueva guerra, reflejados en la política
adoptada por el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt y
las adecuaciones adoptadas por los gobernantes del área, entre
ellos el propio Batista, que condujeron al Partido a asegurar que éste
había dejado de ser el centro de la reacción.
Dicho
colosal esfuerzo tuvo rápidos resultados en las distintas
prioridades del trabajo partidista, constatables, por mencionar las
más trascendentes, en las heroicas páginas escritas por los
internacionalistas cubanos en la defensa de la República Española;
en el respaldo al pueblo mexicano y al gobierno de Lázaro Cárdenas;
en la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba en
1939; en la participación de los comunistas en la Constituyente de
1940 y la calidad que imprimieron al texto constitucional; y en su
incorporación a la lucha política nacional, a fin de defender los
intereses de los trabajadores y del resto de los sectores populares
desde los órganos de gobierno, la única manera posible en las
condiciones de la Segunda Guerra Mundial.
La
nueva táctica estaba orientada a respaldar y exigir el cumplimiento
de todas las medidas que, salidas de cualquier fracción o figura
política, significaran el mejoramiento de las masas y el avance de
la democracia; a concertar alianzas con aquellas fuerzas cuyos
programas reflejaran tener en cuenta los intereses populares, aún
cuando se tratara del propio Fulgencio Batista, sin que esa unión
comprometiera su condición de partido de la clase obrera.
Dicha
táctica los llevó a integrar la Coalición Socialista Democrática,
logrando incluir en su plataforma
un conjunto de demandas de beneficio social, muchas de las
cuales conquistaron, tanto durante el gobierno de Batista, (1940 –
1944) como durante los primeros años del gobierno de Grau (1944 –
1946). Simultáneamente les permitió fortalecer el papel de los
trabajadores, desarrollar una amplia preparación ideopolítica de
las masas y dar una eficaz contribución a la derrota del fascismo.
Entre
los elementos que contribuyeron al afianzamiento del empleo de la vía
legal y pacífica para avanzar hacia la etapa democrático burguesa
de la revolución vale destacar: las conquistas que alcanzaban en
materia social; el desarrollo de la II Guerra Mundial; la
transitoria influencia de la teoría oportunista de Earl Browder al
augurar la posibilidad de cambios de beneficio social por el empuje
de las fuerzas progresistas en el aparato estatal y, sobre todo, el
sostenido crecimiento del respaldo al Partido, que tuvo su momento más
elevado en 1946, cuando para las elecciones parciales de ese año,
obtuvo 196 081 sufragios, 44 158 por encima de sus afiliaciones (151
923) lo que daba criterio de certeza sobre la táctica adoptada.
Si
bien en lo inmediato dicha táctica facilitó el logro de
importantes conquistas, y contribuyó a que las distintas fuerzas
políticas y sociales participaran en el proceso de modernización
estatal, la idea de avanzar hacia el socialismo mediante su
participación en los gobiernos, para desde ellos modificarlos
mediante el respaldo de las masas, fue una apreciación falsa y
coyuntural que la dirección partidista no tardó en rectificar.
Convencidos
simultáneamente de que el triunfo de la democracia que presuponía
la victoria aliada no impediría el reagrupamiento de las corrientes
dirigidas a someter a los
pueblos, mantuvo la validez de la existencia del Partido, distanciándose
con ello de la teoría de Browder.
Con
esa orientación, cuando Grau asumió la presidencia de la República,
el Partido precisó su posición, declarando que respaldaría todo
aquello que contribuyera a la unidad nacional y al progreso del país,
pero que su táctica estaría determinada por la actitud del
presidente con respecto a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y
al movimiento sindical.
En
1947, al amparo de la política de guerra fría, se produjo la
ilegalización por la fuerza de la CTC y la división del movimiento
sindical, que impuso el control de Eusebio Mujal
sobre la organización de los trabajadores. En respuesta a dicho
acto, el Partido Socialista Popular (PSP) abandonó el Bloque
Parlamentario gubernamental de la Cámara y el Senado, retiró su
apoyo al gobierno y se declaró independiente, precisando que
mantendría la lucha por la unidad, pero, a partir de ese momento,
mediante la formación de un bloque de fuerzas cívicas y
electorales por encima de las denominaciones de oposición y
gobierno, con una plataforma de solución a los problemas
nacionales, frente a la incapacidad o la imposibilidad de aquellas
para concretar un programa que satisficiera las necesidades urgentes
del país.
Como
expresión del cambio de táctica asumido,
se insertó en la campaña electoral de 1948 con candidaturas
independientes a escala nacional y provincial, llevando para la
presidencia y vicepresidencia de la república, al binomio Juan
Marinello – Lázaro Peña.
Las
elecciones llevaron a Prío a la presidencia. Tras ese resultado, la
táctica electoral del Partido, adoptada en su V Asamblea
—noviembre de 1948—, se centró en la reconstrucción de la
unidad de los
trabajadores y de todas las fuerzas progresistas, en
torno al Plan Cubano Contra la
Crisis.
Dicho
plan, concebido con sentido económico y político, se basaba en el
desarrollo de la producción nacional para el mercado interno,
frente a la reducción del mercado exterior y su secuela de
desocupación, rebajas salariales, miseria y estancamiento económico.
El
Plan Cubano contra la Crisis
fue un programa para la adopción de una política cubana
independiente de los imperialistas, que serviría para enfrentar la
crisis económica en proceso y para dar respuesta a las demandas
inmediatas y urgentes de las masas.
También
favoreció el desarrollo de una fuerte actividad dirigida a la
preparación ideológica y política de los trabajadores al retomar
la movilización popular como arma de lucha frente a la ofensiva
imperialista, y desarraigar los métodos legalistas de los últimos
años.
Su
efecto se apreció, fundamentalmente, en el crecimiento de la
movilización de las masas, el desarrollo de huelgas y la sustitución
de direcciones sindicales mujalistas, pero no produjo el mismo
efecto en la lucha electoral.
Para
las elecciones generales de 1952 el PSP se esforzó infructuosamente
por formar un frente único oposicionista. El resto de las fuerzas,
incluido el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo),
no aceptó la alianza con el PSP ni el programa elaborado por éste
para lograr un gobierno de Frente Democrático Nacional. No
obstante, el PSP, aún sin pactos,
llamó a votar por el candidato del Partido Ortodoxo, en
tanto figura capaz de aunar a las fuerzas oposicionistas y derrotar
al gobierno.
Pero
esta solución tampoco pudo alcanzarse. Sobrevino el golpe del 10 de
marzo de 1952. La dictadura de Fulgencio Batista, expresión de la
quiebra de las posibilidades reformistas del capitalismo en Cuba,
daba paso, simultáneamente, a la última etapa del proceso nacional
liberador cubano.
Como
es conocido, al iniciarse el movimiento revolucionario encabezado
por Fidel Castro, el PSP no veía posibilidades de triunfo a una
insurrección armada independiente de la lucha de masas, y que no
estuviera dirigida por la clase obrera; no obstante, los
comunistas supieron distinguir las posiciones revolucionarias de los
moncadistas, lucharon por su amnistía, y trabajaron desde muy
temprano por la unidad con esa fuerza emergente. A ello contribuyó
decisivamente la difusión de La Historia me Absolverá. Ello se evidencia desde los primeros
tiempos de la organización del movimiento tras la amnistía de los
moncadistas, en el inicio de los contactos con dirigentes del
Partido y la Juventud Socialista en busca de la unidad estratégica,
el primero de los cuales fue la entrevista sostenida en La Habana
entre Fidel y Raúl Valdés Vivó,
a la que siguieron las sostenidas en México por otros enviados del
Partido, primero, con Osvaldo Sánchez y Flavio Bravo, y después
con Antonio Ñico López,
principio del proceso unitario en relación a cuanto Fidel
representaba. Impuestos los comunistas por el propio Fidel del plan
que se proponía, la dirección del Partido instruyó a sus
dirigentes de la entonces provincia de Oriente para que organizaran
huelgas y otras formas de lucha cuando se produjera el desembarco de
las tropas de Fidel y empezara el levantamiento urbano.
Así,
en contacto con Frank País y otros compañeros, se coordinaron las
acciones del Partido y de los Comités de Defensa de las Demandas
Obreras (CDDO) con las del Movimiento 26 de julio. Se acordó que el
PSP, mediante dichos comités, llamaría a la huelga el día 30 de
noviembre, en tanto el Movimiento 26 de julio convocaría al
alzamiento para la misma fecha. El llamamiento a la huelga apareció
en el periódico Oriente del día 29.
En
relación con el desembarco del Granma, el Comité Provincial del
PSP dio también instrucciones al Comité Municipal de Manzanillo
para que ofreciera a los expedicionarios toda la ayuda política y
organizativa que fuera posible.
La
entrevista sostenida en la Sierra Maestra entre Fidel y Ursinio
Rojas, dirigente del PSP y de los trabajadores azucareros, en
octubre de 1957, y otros contactos, propiciaron el estrechamiento de
la colaboración entre la organización comunista y el 26 de Julio.
Ya por entonces, la dirección del Partido había autorizado el ingreso de los militantes comunistas en la
guerrilla, aunque no como representantes oficiales del Partido.
La
comprensión del PSP acerca de
la oportunidad y validez del movimiento guerrillero, tuvo
importantes expresiones concretas a partir de marzo de 1958. Ese mes
se creó el frente guerrillero del PSP en Yaguajay, al mando de Félix
Torres, aunque todos los militantes integrados a las guerrillas, incluidos los de dicho destacamento, recibieron
la orientación partidista de ponerse a las órdenes del Estado
Mayor del Ejército Rebelde en el aspecto militar.
También se integraron, desde su apertura, al Segundo Frente
Oriental Frank País,
ampliando su incorporación general a la guerrilla tras el revés
del 9 de abril. La creación del FONU fue otra importante expresión
unitaria y de identidad con la guerra revolucionaria.
Para
Blas Roca, secretario general del partido de los comunistas cubanos
desde noviembre de 1933, no había dudas de que el jefe de la
revolución debía ser el jefe del partido, por ello, al producirse
la victoria del 1º de Enero de 1959, Blas reconoció en Fidel al líder
revolucionario, capaz de aglutinar a todas las fuerzas interesadas
en la lucha por la liberación nacional, y de conducir
victoriosamente la Revolución hasta la etapa socialista. Esa sagaz
visión política y su condición de comunista, hicieron que le
entregara a Fidel, incondicionalmente, las banderas del Partido.
Para él, afirmó el propio Blas, lo
importante fue comprender en el momento preciso que Fidel encarnaba
la unidad y que por ello desde los primeros encuentros, él fue el
dirigente para nosotros por eso pusimos nuestro partido a la dirección
de Fidel.
Como
precisara el investigador Lucilo Batlle con respecto a Blas: Su
actitud ante la vanguardia encabezada por Fidel no fue solo un acto
de profunda raigambre moral, sino, ante todo, un hecho de profundo
carácter cosmovisivo, teórico-práctico; un trascendental acto político,
patriótico y revolucionario inédito en la estrategia del
movimiento comunista internacional, sustentado en una sólida
formación teórica y un profundo conocimiento de las tradiciones
nacionales, que coadyuvó, de manera decisiva y personal, a la
conformación de una nueva vanguardia histórica revolucionaria de
la clase obrera y las masas populares
Fabio Grobart (1905-1993), polaco de nacimiento, llegó a Cuba
en 1924 y rápidamente se vinculó al movimiento comunista
cubano, estuvo entre los fundadores del PCC en 1925 y desde
entonces hasta el momento de su muerte fue un fiel militante y
dirigente, respetado y querido por muchas generaciones de
revolucionarios, y odiado y calumniado por reaccionarios de todo
el mundo. Al morir era el comunista de más antigua militancia
en Cuba.
Gerardo Machado Morales (1871-1939) General de la Guerra de
Independencia, devenido político y empresario a partir de 1900,
ocupó la presidencia de la república entre 1925 y 1933. Su
sometimiento a los intereses norteamericanos y la brutal represión
a que fueron sometidos los sectores populares convirtió su
gestión en una verdadera dictadura que tuvo a su haber, entre
muchos actos ignominiosos, el asesinato de Julio Antonio Mella.
Fue derrotado por una generalizada revolución popular el 12 de
agosto de 1933.
Trilogía que encabezó la administración del país tras el
golpe militar que derrocó al gobierno provisional de Ramón
Grau San Martín el 15 de enero de 1934. El coronel Carlos
Mendieta como presidente provisional; el devenido coronel
Fulgencio Batista, jefe del Ejército y poder real de la nación,
y el embajador norteamericano Jefferson Caffery, coauspiciador
de la maniobra reaccionaria que devolvería el poder a la
oligarquía cubana dependiente de Estados Unidos.
BP PCC: Acta de reunión,
marzo 29 de 1935, Archivo Instituto de Historia de Cuba, Fondo
IC, Caja 4, Doc. 43.
Dirigente comunista búlgaro, en 1935 fue elegido Secretario
General de la Internacional Comunista, responsabilidad que ocupó
hasta la disolución de ésta en 1943. Fue el primer presidente
de la República Popular de Bulgaria.
Entre esos cambios se destacan la legalización del PCC, la
libre circulación del periódico HOY, y la decisión de
convocar a la celebración de una asamblea constituyente previa
a las elecciones generales con garantía de participación para
todos los partidos.
Uno de los personajes más nefastos del movimiento sindical y la
política cubana, después de ser expulsado del PCC en 1933,
estuvo entre los fundadores y principales dirigentes del efímero
Partido Bolchevique Leninista (Trotskista), después de la
muerte de Guiteras se apropió de la dirección de Joven Cuba
para posteriormente
presidir la Comisión Obrera Nacional del PRC (A), al frente de
la cual fue el principal artífice de la ilegalización por la
fuerza de la CTC, la división del movimiento sindical y la
creación de una CTC oficial, orquestada por el gobierno de Grau
en cumplimiento de las exigencias de la política norteamericana
de guerra fría. Después del golpe de estado del 10 de marzo de
1952 abandonó al autenticismo para continuar, en alianza con
Fulgencio Batista, su obra de división y neutralización del
movimiento sindical, en tanto representante del reformismo
proimperialista. Abandonó el país en 1959 radicándose en
Miami, donde, enriquecido, fundó y dirigió hasta su muerte una
de las organizaciones obreras creadas por los cubanos en el
exilio.
Partido político fundado por Eduardo Chibás en 1947 como un
desprendimiento del autenticismo, cuya labor de denuncia y
condena a la corrupción política y administrativa de los
gobiernos auténticos y sus promesas de un gobierno basado en la
honestidad administrativa y en la solución de los principales
problemas de la nación les ganó el apoyo mayoritario de la
nación. El
suicidio de Chibás en 1951 fue un duro golpe para dicho
Partido, y aunque el anticomunismo y las diferencias estratégicas
de su dirección les impidieron aceptar cualquier tipo de
alianza con el partido de los comunistas cubanos, la masa que lo
seguía, y particularmente su sector juvenil, desarrollaron la
alianza tácita que determinaba la comunidad de sus objetivos de
lucha.
Valdés Vivó era en ese momento el Secretario General de la
Juventud Socialista en la Universidad de La Habana. Véase:
Lionel Martín, El joven
Fidel, Editorial Grijalbo,
pp. 185 – 186. Valdés Vivó participó junto a Fidel,
en 1946, en una difícil asamblea estudiantil, en la
cual una valiente intervención del último impidió
la expulsión simbólica de los estudiantes comunistas de la
Universidad, propugnada por agentes de la Embajada
norteamericana.
La huelga convocada por el CDDO no se planteaba que fuera para
facilitar el desembarco del Granma, pues ello alertaría a las
fuerzas del gobierno, sino que se planteó como parte de la
lucha de los trabajadores contra el push que preparaban grupos
politiqueros en contubernio con Trujillo. Tanto Fidel como el
PSP se habían pronunciado contra esos intentos que solo
buscaban sustituir a Batista por otro no menos reaccionario.
Véase: Lionel Martin, El joven... Ob. Cit., p. 223.
Blas Roca, Entrevista,
Revista Bohemia, La
Habana, 28 de julio de 1978.
Blas Roca: Entrevista,
Revista Verde Olivo,
La Habana, 23 de julio de 1978.
Julio/2006 |