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Cuba, 60 años de logros, resistencia y desafíos. Por Omar Mansur

Por Omar Mansur
Ministro para América Latina y el Caribe de la
República Árabe Sarahuí Democrática

60 años de Revolución Cubana: éxitos y aportes

A sus 60 años, la Revolución Cubana, en el plano nacional, logró los objetivos iniciales planteados en el histórico alegato La Historia me absolverá de Fidel Castro, considerado primer programa político y social de la Revolución, que fue pronunciado en forma de autodefensa ante las cortes del dictador Batista después del asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953. Es decir, soberanía nacional, redistribución de la riqueza, fin del latifundio, mejorar la calidad de vida de los cubanos e instaurar un sistema de democracia popular. En el plano internacional, la Revolución Cubana se caracterizó por su solidaridad, implicación activa en favor de las luchas de liberación nacional de otros pueblos y la intensa contribución a la articulación de alianzas alternativas que garantizan los intereses de los pueblos del Tercer Mundo. El objetivo de esta breve reflexión es subrayar las principales hazañas nacionales e internacionales de la gesta del 1ro. de enero de 1959.

El proceso de cambio profundo iniciado después del triunfo de la Revolución fue la coronación de un largo proceso de luchas colectivas y genialidades de un líder histórico que tuvo una fe sin analogía en la victoria final de su obra. Así, el fracaso del Moncada que llevó la dirigencia a la cárcel y al exilio, se convirtió en el principal estímulo que moldeó las capacidades de las fuerzas revolucionarias. En el seno del aludido revés, nació el Movimiento 26 de Julio y la militancia clandestina que aglutinó las distintas sensibilidades del pueblo cubano opuesto a la dominación imperialista, el empobrecimiento y el expolio de sus recursos naturales. De este modo, se tejieron las alianzas necesarias que superaron el mero marco de la lucha de clases para incluir la pequeña burguesía y todos aquellos sectores que aspiraban al cambio. Fue desde el exilio en México, donde el histórico líder, Fidel, trazó las líneas generales de lo que sería la Revolución que dará lugar a muchos procesos de transformación en el mundo. Con el desembarco del Granma en las costas cubanas el 2 de diciembre de 1956, comenzaron las epopeyas de la Sierra Maestra, protagonizadas por el Ejército Rebelde, referencia de la abnegación, la superación, el espíritu de grupo, el optimismo y la fe en lo imposible, cuyo resultado fue la entrada a La Habana en enero de 1959 y la posterior toma del poder. Una victoria que, si bien depuso la tiranía y sus agentes en la isla, fue considerada por la dirección el inicio de la verdadera labor revolucionaria tal y como se desprende del histórico discurso de Fidel a su llegada a la capital: “Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia, la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y, sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en adelante todo será fácil; quizás en adelante todo sea más difícil”.

Efectivamente, la visión profética de Fidel auguró una larga lista de intentos de derrumbar la recién naciente Revolución por el aparato represivo de la burguesía criolla y sus patrocinadores como reacción contrarrevolucionaria, por el mero hecho de sufrir seriamente los efectos de las reformas que dieron fin a sus privilegios. Se cita con especial hincapié la Reforma Agraria y las masivas nacionalizaciones de los sectores estratégicos tales como la energía, el sector azucarero, el sector banquero, la industria, la electricidad, el turismo, la ley de la Reforma Urbana con el objetivo de hacer asequible el alquiler y la propiedad de la vivienda por los más desfavorecidos, así como la Campaña de Alfabetización de 1961. La contrarrevolución emprendió, a gran escala, sus campañas de sabotaje y desestabilización. Desde el exterior, en enero de 1961, Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas con Cuba y en abril del mismo año se emprendió la fallida agresión de Playa Girón, cuya derrota consolidó aún más la victoria, la cohesión del bloque progresista y el carácter socialista de la Revolución. En ese momento se impuso el embargo financiero, económico y político a la isla, los múltiples intentos de atentado e intentos de liquidación física contra Fidel y los demás miembros de la dirigencia revolucionaria, y la agresión vía bandas armadas.

La Revolución Cubana siguió firme, contrariamente a los presagios de algunos, después del desmembramiento de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín y el de las repúblicas socialista de Europa del este. No funcionó la teoría del efecto dominó. Ni siquiera el cruel Período Especial en los años noventa pudo con la sólida construcción del proyecto revolucionario cubano. A ello se suma el empeño de 12 administraciones norteamericanas de cambiar, con mayor o menor intensidad, el régimen político. En definitiva, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y General de Ejército, Raúl Castro, sintetizó las contrariedades de entonces en su discurso pronunciado en la ceremonia conmemorativa del 60 Aniversario al afirmar que en aquellos tiempos nadie habría apostado por la continuación de la revolución. Aun así, Cuba no solo permaneció en vida, sino que afianzó su sistema político y forma de organización social e, incluso, se implicó en las luchas de los pueblos oprimidos alrededor del mundo.

Logros internos

Pese a lo mencionado anteriormente, es decir, el embargo, el aislamiento y los sucesivos intentos de desestabilización, lo que convirtió Cuba, como dijo el teólogo brasileño Frei Betto, en isla tres veces (por su condición geográfica, por el embargo y por ser el único país socialista durante años), el Estado goza de envidiables resultados en lo que concierne al desarrollo humano, lo social (salud, educación y deporte), lo económico en general, la calidad de su democracia, igualdad y convivencia interracial que acabó con siglos de esclavitud y subordinación.

Sesenta años después de aquel 1ro. de enero, la práctica atestiguó la solidez de la teoría sobre la que se basó la construcción del Estado naciente en el seno de La Revolución. Se consiguió cumplir el objetivo de instaurar una democracia inspirada en el contexto endógeno que garantizó una mayor participación popular en la toma de decisión. De este modo, distintos actores políticos y sociales (Partido, sindicatos, organizaciones de masas, etc.) garantizan la canalización de las demandas populares y la implicación ciudadana directa en la gestión de los asuntos públicos.

Una forma que permitió la construcción interna de una democracia sólida y sostenible en el espacio y en el tiempo. Es por ello, a nuestro juicio, el gran éxito que tuvo Cuba en lo que respecta a la adaptación a los efectos de la globalización. La transformación en la cual el país se encuentra inmerso es un ejemplo práctico de ello: el proceso adoptado para enmendar la constitución implicó, que pasase por una consulta popular a lo largo de varios meses, introduciendo cambios sobre el 60% de los artículos del borrador, antes de que fuera aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Último paso antes de someterlo a un referéndum el 24 de febrero. Lo cual fue visto como un ejemplo de adecuación y de construcción de modelos propios y adaptados a las circunstancias y la voluntad popular de cada país en cada momento histórico. Cuba, a diferencia del grueso de países africanos, latinoamericanos y asiáticos, lo logró sin imposición externa y preservando su soberanía nacional. Gracias a ello eludió sufrir los daños colaterales que azotan a gran parte de países de su entorno y que están generando desestabilización y regresión de las conquistas sociales.

De esta manera, la Revolución Cubana, aparte de la transformación a nivel orgánico, pudo conseguir una hegemonía cultural capaz de garantizar la continuación de la Revolución que se tradujo en el hecho de que el pueblo goce de un sentido común revolucionario, gracias a la labor del partido en cuanto a la vertiente ideológica y la creación de una cultura propia alejada de los modelos de reproducción explotadora. Es de subrayar en este respecto, el gigantesco rol que dio la Revolución a la cultura reflejado en un entramado institucional que permitió el auge de una cultura alternativa capaz de sostener la revolución (cine propio, literatura, música popular, folklore, etc.), que rescató el legado y la cultura de los sectores subalternos.

En lo relativo a la salud, los indicadores de organizaciones de Naciones Unidas confirman datos que colocan a Cuba en la cima del ranking en esta materia, gracias a su sistema de salud universal y gratuito. De esta manera, a modo de ejemplo, según la Organización Mundial de Salud, Cuba tiene la tasa de mortalidad infantil más baja de América; un médico por cada 133 habitantes; un excelente sistema de prevención y control de enfermedades, etc. Lo cual facilitó la labor internacionalista de Cuba en este campo. Sus decenas de misiones médicas desplegadas en más de cien países, o su implicación en el combate contra el ébola en África es testigo de ello tal y como reconoció el propio ex presidente estadounidense, Obama.

En cuanto a la educación, plasmada en la Constitución como derecho inalienable, la UNESCO, afirma en sus informes que Cuba es el país latinoamericano con mayor índice de desarrollo de la educación y el único que cumple las metas y objetivos de desarrollo del milenio referentes a ella. Asimismo, el mismo organismo internacional, reconoce los avances en materia de deporte, que esta manifestado en los logros de los atletas cubanos en las sucesivas competiciones mundiales. En este sentido también se subraya el valor que otorga el gobierno cubano a la cultura física y al deporte en general con la finalidad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

En el contexto latinoamericano, Cuba cuenta con la tasa más alta de alfabetización, esperanza de vida y cobertura sanitaria. El Estado garantiza la plena seguridad. No hay bandas de narcotráfico ni zonas controladas por criminales al margen de la ley. De esta forma, más allá de los indicadores macro que avalan los logros, la experiencia cubana nos demuestra que, en panoramas adversos y desfavorables, se pueden construir senderos que lleven a la justicia social que es, al fin y al cabo, el factor principal que garantiza la paz social.

Cuba y el progresismo en América Latina

Desde su triunfo, la Revolución Cubana, ejerció considerable influencia intelectual y operacional sobre la izquierda en América Latina en lo que concierne a la forma de lucha. En opinión del intelectual brasileño Amir Sader, gracias al triunfo político y militar del proceso liderado por Fidel, los demás países latinoamericanos, acostumbrados de tener como referencia al modelo soviético y chino, pudieron ver el socialismo aplicado en una realidad con similares características. De esta manera, en un primer momento, aquel triunfo supuso la introducción del modelo insurreccional como forma de cambio mediante la toma del poder. Así, emergieron guerrillas izquierdistas en varios países de América Latina. En segundo lugar, es pertinente hacer hincapié en su aportación a las perspectivas de la revolución en el marco del pensamiento progresista. Asimismo, Cuba acompañó el ciclo que inició el triunfo electoral de Allende en Chile en 1970, y que abrió nuevas expectativas y nuevos horizontes abortados por el golpe de 1973 y las dictaduras militares en el Cono Sur.

No obstante, la influencia cubana sobre la región contribuyó enormemente a lo que fue la década de oro del progresismo latinoamericano que tuvo éxito gracias, entre otros factores, a la creación del mecanismo conocido por Foro de Sao Paulo fundado en 1990 por Fidel y el líder del Partido de Trabajadores de Brasil, Lula da Silva. Un espacio de encuentro de organizaciones y partidos políticos latinoamericanos y caribeños que, en definitiva, permitió la redefinición y reestructuración de las estrategias de la izquierda en la región. A ello se añade la articulación del Foro Social Mundial para canalizar la militancia de los movimientos sociales. A nuestro modo de ver, los mencionados foros y las distintas formas de militancia a nivel regional y nacional permitieron, por lo general, sostener el triunfo de Revolución Sandinista en Nicaragua, el triunfo electoral liderado por Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Néstor Kichner y Cristina en Argentina, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, Manuel Zelaya en Honduras, Lugo en Paraguay y Mujica en Uruguay.

Otra de las huellas que dejó la Revolución Cubana fue la aportación a la creación de alianzas que desafiasen las organizaciones de integración regional dominadas por los países e intereses foráneos. En este respecto se cita con especial énfasis la creación de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Tratado de Libre Comercio de los Pueblos (ALBA–TCP); así como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños CELAC, propuestas integradoras que constituyeron una propuesta contrahegemónica que pudo desactivar los efectos de la Doctrina Monroe sobre la región mediante la creación de procesos alternativos caracterizados por su carácter endógeno y creativos, lo que permitió mayor integración política y económica de los países y pueblos del continente.

Cuba, la descolonización de África y la construcción del Estado postcolonial

La implicación de Cuba en las causas de los países del Sur no solo se limitó a América Latina, sino que abarcó a pueblos de África y Asia, especialmente en lo que a la descolonización del colonialismo europeo se refiere. Sin lugar a dudas, la liberación de África no se comprende sin el apoyo de la Revolución Cubana a las luchas que culminaron los procesos de independencia nacional. Un apoyo desinteresado: las tropas cubanas no llevaron de África ni petróleo, ni diamantes, llevaron los restos de mártires caídos en combate por la libertad de otros seres humanos y el honor de haber cumplido un deber intrínseco de la Revolución, la solidaridad internacionalista.

De esta manera, en el campo de la lucha de liberación africana, Cuba contribuyó a instruir y organizar las luchas de los pueblos colonizados. Una misión que, aparte de garantizar la independencia de Angola, derrotó las tropas de Zaire, y aceleró la descolonización de Namibia. Por otra parte, cabe mencionar el respaldo militar de la Revolución al sostenimiento de independencia de países recién descolonizados: fue el caso de la Guerra de las Arenas (1963), en la que Cuba envió tropas para secundar la soberanía de Argelia frente a la agresión marroquí. Asimismo, su contínuo apoyo a la conclusión de la lucha llevada a cabo por El Frente Polisario para descolonización de la soberanía e independencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), ocupada por Marruecos, inmediatamente después de la retirada de España. Un compromiso que se tradujo en la capacitación y formación de los cuadros saharauis y la defensa de su causa saharaui a nivel diplomático, lo que dio lugar a una excelente relación entre ambos países. En el mismo sentido, se resalta el apoyo cubano a los gobiernos de Etiopía, Mozambique, Guinea Bissao, Cabo Verde, Congo en sus respectivas batallas por la reafirmación soberana a lo largo de más de una década (1977–1988).

A lo dicho habrá que sumar lo relativo a la contribución en la construcción de los Estados postcoloniales africanos. En este respecto, Cuba abrió sus universidades y Centros de Educación para la formación del capital humano necesario para ayudar a la reconstrucción y desarrollo de esos países a fin de superar la situación de injusticia y esclavitud sufridos a manos de las potencias colonialistas europeas. Se puso énfasis en la configuración de un sólido sistema institucional capaz de suministrar las funciones del Estado, así como compensar sus deficiencias mediante el envío de misiones específicas de profesionales de diversa índole, de educadores y de personal sanitario. En paralelo, la diplomacia cubana, con el fin de consolidar la soberanía nacional de los países del Sur y acomodarlos en el escenario internacional, defendió la instauración de un régimen mundial capaz de salvaguardar los intereses económicos y políticos de los citados países. El ejemplo más palpable de ello, fue el incesante activismo de Cuba en la ONU y la Organización de Países No Alineados, cuyo reconocimiento se plasmó en presidir el bloque afroasiático en dos mandatos, de 1979 a 1983 y de 2006 a 2009. Constituyendo un respaldo ejemplar a la acción llevada a cabo por los Líderes de los Movimientos de Liberación y de procesos revolucionarios Lumumba, Neto, Amilcar Cabral, Mandela, Sam Nujoma, Abdelazis, Samora Machel ,Chisano, Olivier Tambo ,Mugabe, Sankara …

Cuba y el Mundo Árabe

Más allá del internacionalismo de la Revolución Cubana a nivel de los países del Sur en general, es de suma importancia resaltar las líneas generales que condujeron la política exterior cubana hacia el Mundo Árabe. En este respecto, y aparte de lo previamente dicho sobre los vínculos de Cuba con Argelia y la RASD, el país caribeño se distinguió por su firme compromiso con las causas árabes. De este modo, se observan los fuertes lazos que unieron los históricos líderes de la Revolución Cubana con los exponentes de las luchas árabes como Ben Bella, Naser, Boumedien, Gadafi, Al Assad, Abdelfatah Ismail, Mohamed Abdelaziz y Arafat, entre otros.

Al respecto se subraya su inconfundible postura con la causa de Palestina que fue reflejada en su constante solidaridad con el pueblo palestino y los vínculos los movimientos políticos que abogan por su liberación. Una postura que se expresó, también, en los múltiples foros internacionales: reunión anual de Asamblea General de ONU, Comité de Descolonización, organizaciones regionales latinoamericanas y caribeñas, etc.

Por otra parte, es preciso recordar la inteligente posición de Cuba respecto a la mal llamada Primavera Árabe y todo el caos que se generó en torno a ella. A nuestro juicio, la propia experiencia cubana en lograr los cambios anhelados en base de la organización y la institucionalización y canalización de las demandas populares, constituyeron un elemento que influyó en el rechazo de los “cambios” importados que ningunean la soberanía nacional de los pueblos y sus especificidades internas. Así, Cuba expresó su firme rechazo de los planes neocoloniales destinados a la destrucción del mundo árabe con la finalidad de facilitar su sometimiento y el expolio de la riqueza de su suelo. De este modo, Cuba desaprobó la intervención militar en Libia y en Siria en el tiempo que manifestó su compromiso con los gobiernos legítimos de dichos países. El propio desarrollo de los hechos confirmó la repercusión de las agresiones militares contra gobiernos electos. Tanto la región del Sahel como Siria y su entorno geográfico experimentaron niveles de destrucción y terrorismo sin parangón en los últimos años, cuyo efecto repercutió no solo en el Mundo Árabe, sino también en los países occidentales vía los atentados que acabaron con la vida de civiles inocentes, así como el auge de la extrema derecha xenófoba y racista a modo de reacción.

Consideraciones finales

Después de haber expuesto, de forma somera, las realidades internas y externas de la Revolución Cubana, llegamos a la conclusión de que el modelo cubano ha cumplido en gran medida sus objetivos y sigue vigente. Por ello es injusto e inadmisible seguir sometiéndole a un criminal embargo económico y político que constituye un castigo colectivo y una flagrante violación de los derechos humanos contra el pueblo cubano. Después de 60 años de lucha y consolidación de Revolución Cubana, se demostró la inefectividad del bloqueo y las sanciones, como receta para doblegar este heroico pueblo y hoy más que nunca es legítimo que todos los pueblos se dirijan a los Estados Unidos y les reclamen el fin del bloqueo.

Es injustificable, denunciar y perseguir un país, que no se limitó a conseguir envidiables resultados a nivel interno, sino que se empeñó en contribuir a la solución de problemas que azotan a la humanidad: conflictos, pobreza, enfermedades, flujos migratorios descontrolados, subdesarrollo y cambio climático, cuyo primer defensor fue Fidel en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992. No se puede aislar sino felicitar a quien aporta al cese de las guerras y a la defensa de la paz, tal como fue el ejemplo del acuerdo de paz logrado, gracias a Cuba, entre el gobierno colombiano y las FARC, o el proceso de deshielo entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica firmado en La Habana recientemente. Para ello, es impostergable empezar a tratar al pueblo cubano en función de sus logros y aportaciones y no desde la mezquina perspectiva ideológica. La solidaridad y el altruismo de la Revolución Cubana merecen mejor respuesta del Mundo.

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