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SAMID AL QASSIM

SAMID AL QASSIM (Palestina, 1939)

 

EN EL SIGLO VEINTE

 Aprendí a no odiar

durante siglos

pero me obligaron

a blandir una flecha permanente

ante el rostro de un pitón

a blandir una espada de fuego

ante el rostro del Baal demente

a transformarme en el Elías del siglo veinte

 

aprendí

durante siglos

a no proferir herejías

hoy azoto a los dioses

que estaban en mi corazón

los dioses que vendieron a mi pueblo

en el siglo veinte

 

aprendí

durante siglos

a no cerrar la puerta ante los huéspedes

pero un día

abrí los ojos

y he visto mis cosechas robadas

ahorcada la compañera de mi vida

y sobre las espaldas de mi hijo

surcos de heridas

entonces reconocí la traición de mis huéspedes

sembré mi umbral con minas y cuchillos

y juré en nombre de las cicatrices

que ningún huésped franquearía mi umbral

en el siglo veinte

 

durante siglos

no fui más que poeta

asiduo concurrente de los círculos místicos

 

¡pero me he transformado

en un volcán en rebelión

en el siglo veinte.

 

AÚN PERMANECE

La sangre de mis más remotos antepasados

corre en mí todavía

y siempre escucho

el relinchar de los corceles y el entrechocar de las espadas

llevo un sol en mi mano derecha

y repito

en las encrucijadas de la noche

el canto del dolor.

 

PORQUE NOSOTROS SOMOS

 Siento que nos morimos

porque no sabemos combatir

porque repetimos al Quijote

porque…

mi impaciencia de los hombres.

 

ASI

Como se planta una palmera en el desierto

como mi madre deja un beso sobre mi frente arrugada

como mi padre se cubre con su capa

y revisa con mi hermano la lección de lectura

como la espiga brota de la tierra

como sonríe a los enamorados una estrella

como un soplo que borra la fatiga del rostro del obrero

como se alza una fábrica entre las nubes

como cantan algunos amigos un refrán

como sonríe el extranjero al extranjero

como retorna el pájaro a su amado nido

como un niño que lleva sus cuadernos

como el desierto cuando recibe la lluvia

así late en mi pecho mi condición de árabe.

 

LOS LABIOS CORTADOS

 Yo habría podido relatar

la historia del ruiseñor asesinado

habría podido relatar

la historia…

si no me hubieran cortado los labios.

 

AUTORRETRATO

 Nací en Jordania, en la ciudad de Zarqah en 1939. Mi familia es de origen rural, drusa. Terminé mis estudios primarios en Ramah, Galilea. Considero que mi verdadero nacimiento tuvo lugar en 1948, puesto que las primeras imágenes que recuerdo son las de los sucesos de aquel año. Todo mi pensamiento y las imágenes de mi vida parten de la cifra “48”. El primer recuerdo que me viene a la mente es la alegría de los árabes cuando el Ejército de Socorro entró en Palestina… Después las lágrimas de la gente cuando el ejército se retiró. Recuerdo con precisión aquella retirada llena de desorden: los oficiales en vehículos, los soldados a pie. Más de una noche dormimos vestidos, listos para partir!. Recuerdo a los soldados israelitas destruyendo puertas, robando en las casas, separando a los habitantes en cristianos y drusos. Así comenzó la política confesionalista que las autoridades israelitas continúan practicando en nuestros días. Expulsaron a los cristianos de la aldea. Pero los aldeanos de Ramah plantearon firmemente su decisión: nos vamos todos o nos quedamos todos. Los soldados israelitas habían saqueado los graneros y las casas. Después trataron de acusar a los drusos. Pero su intento fracasó: También trazaron marcas en las puertas de las casas drusas para no efectuar registros en ellas. Pero los niños árabes trazaron marcas iguales en las casas cristianas. Volvió a fracasar el intento.

Hice mis estudios secundarios en Nazaret. Mi presencia en un establecimiento en el que se encontraban alumnos de todas las confesiones tuvo un efecto decisivo en mi orientación política. En el liceo, comencé a participar en los movimientos de huelga. En 1956, se organizó una huelga importante para denunciar la agresión contra Egipto. En 1958, una manifestación grandiosa tuvo lugar, a principios de mayo, en la cual participaron miles de personas. Choques sangrientos se produjeron con la policía. Muchas personas resultaron heridas en la gran Plaza de Nazaret. Esta plaza fue bautizada con el nombre de Plaza Roja. Por supuesto, yo participé en esta manifestación.

Cuando se publicó mi primera selección, en 1958, un estudiante quiso vender algunos ejemplares en un pueblo druso llamado Yarka. Y vendió muchos. Pero la policía obligó al estudiante a quitarle a los compradores todos los ejemplares y me los devolvió.

Seis años después, mi segunda selección, Canciones de las calles, se distribuyó durante el curso de varias manifestaciones. Yo repetía mi poesía por varias partes, en la calle, en casas privadas, en las plazas públicas y en los círculos culturales. Llevé a cabo la batalla contra la movilización obligatoria de los drusos. Con dicha movilización las autoridades israelitas querían separar a los drusos de las otras confesiones con el objetivo de dar un golpe al movimiento de solidaridad nacional entre los árabes. Algunos viejos drusos estaban contra esa orientación y nos consideraban locos. Pero a veces cierta locura es necesaria para romper el hielo de las antiguas tradiciones.

Ese mismo año, y a causa de dichos sucesos, las autoridades me expulsaron del cuerpo de maestros. Constituyeron una comisión especial para realizar una investigación sobre mí y se me acusó de alentar el odio a los judíos porque tomaba la defensa del pueblo árabe.

Después de la publicación de esta segunda selección, me hice muy popular en los medios árabes. Recuerdo al respecto una cosa bastante simpática: una vez, había sido invitado al club Tayri para leer mis poemas. Antes de mi partida, escuché uno de los miembros de la dirección del club que decía a uno de sus amigos: A nosotros nos agrada Al Qassim, estimamos su poesía y su acción, pero no queremos un druso entre nosotros. Entonces fui al Tayri. Debía leer los poemas, pero pronuncié un discurso sobre el confesionalismo entre los habitantes árabes. La atmósfera desembocó pronto en el entusiasmo patriótico y nacional. El resultado fue que enseguida me invitaron varias veces al Tayri, y precisamente el mismo que se había negado a invitarme al principio. Debo señalar la clara diferencia entre mi primera y mi segunda selección. En esta última hay un ensanchamiento de la visión y una clarificación política más grande, en el sentido de la unión entre el movimiento de liberación árabe y el movimiento revolucionario mundial. Se ha dicho también que esta selección, literariamente hablando, constituye una mutación con respecto a la primera. Se dice también que se siente la influencia, en el plano de la escritura, de los libros religiosos: Corán y Tora. En efecto, aprecio mucho en el plano literario y pienso que El cantar de los cantares es una de las más bellas obras poéticas que se han escrito.

La mayor parte de los poemas de la primera selección tenían rima. Los de la segunda fueron compuestos según las normas modernas de la poesía árabe. Pero la naturaleza de nuestras responsabilidades nos obliga a conservar en la poesía moderna ritmos y tradiciones que están enraizadas en las masas populares. Así es que nuestros poemas llegan hasta el pueblo y desempeñan su función.

En 1965, publiqué un largo poema titulado “Irm”. Había escogido esta ciudad como símbolo de la felicidad y del trabajo. El primer canto llamaba a la edificación de una Irm virtuosa. El segundo era una afirmación de lo absurdo de las construcciones metafísicas y un himno al profeta nuevo. Este largo poema puede ser considerado como muy importante dentro de mi evolución. Provocó un gran debate. A principios de 1967, apareció una cuarta selección: Mi sangre sobre mi mano. Las distancias estéticas entre mis selecciones son manifiestas. En cada una traté de dar una coherencia global a la obra poética para que marcara una etapa nueva en mi creación.

En esta selección reuní poemas complejos, de voces múltiples, bastante cercanos a la novela o al teatro. Y esta tendencia se profundizó en mi última selección Humo de volcanes que apareció después de la guerra de junio de 1967. Y debo subrayar aquí algunas características de nuestra poesía después de la agresión: salimos de la prisión después de un mes de terribles sucesos. Habíamos escrito poemas llenos de amarguras y de dolor. Estábamos en el interior, mejor situados que cualquier otro para sentir esa profunda amargura y para expresar toda su extensión, porque habíamos tenido muchísimas esperanzas. De todos modos, si hemos expresado esta amargura no fue en tono quejoso o miserable.

Así que junto a los poemas de resistencia se encuentran en Humos de volcanes, otros que ofrecen una amarga autocrítica como Las lamentaciones antiaéreas. Este poema no está, por otra parte, inspirado por los sucesos del 5 de junio. Es un regreso a los recuerdos del año 1948. Otro poema: El hombre que visitó a la muerte pone en la escena a los resistentes palestinos. Es la otra cara luminosa que se opone a la amargura. La censura me lo hizo retirar de la selección. La guerra de Junio fue para nosotros una favorable autocrítica para ir hacia adelante y no para propagar el derrotismo.

Nuestras realidades nos imponen un combate permanente que se divide en varias luchas que tienen su origen común. Ya les he hablado de la lucha que tuve que desarrollar contra la política confesionalista. También hemos tenido que luchar contra la indiferencia nacionalista, contra la desesperación que las autoridades de la reacción tratan de propagar entre la población árabe. Afrontamos cotidianamente a las autoridades: han tratado por diversos medios de imponerme el silencio, de obligarme a renunciar a leer poesía en público. Fui excluido de mi puesto de maestro. Trataron de aplicarme el régimen de trabajo obligatorio en el ejército. Me negué. Me encerraron en prisión. Después me obligaron a impartir clases al ejército durante dos años. Encontraron el medio de acusarme de levantar a los soldados contra la autoridad. Me trasladaron a otro lugar. Trataron de corromperme dándome una plaza en la administración. Trabajé. Me pidieron que hiciera un acta que perjudicaba a los habitantes árabes. Me negué y presenté la dimisión. Entonces me enviaron a enseñar a una aldea drusa alejada. Trabajé allí. La población se agrupó a mi alrededor. Las autoridades se irritaron y el Ministro de Enseñanza se aprovechó de la aparición de mi selección Canciones de las calles para pronunciar mi exclusión del cuerpo de maestros.

Después de estos sucesos comencé a trabajar en la revista Al Jadid que publicaba el Partido Comunista. No era miembro del partido. Era simpatizante. Algún tiempo después el partido tuvo grandes dificultades financieras. Escribí entonces en Al Jadid de manera gratuita.

En ese momento Uri Avnery, que era miembro de la Knesset y que se presentaba como progresista, me propuso dirigir una revista, Ce Monde, que quería publicar. Acepté. Se suponía que la revista debía ser una tribuna libre para todos los elementos progresistas. Obtuvo un gran éxito. A través de ella pude llevar a cabo numerosas batallas ideológicas y políticas. Pero ocho años después tuve serias divergencias con el gerente de la revista con respecto a tres problemas: Las elecciones comunales de Nazaret. Yo había hecho un llamado al apoyo de los comunistas, Avnery los atacó y quiso confeccionar una lista contra ellos. Yo había expresado mi apoyo al gobierno sirio que derrotó al grupo de Al Baitar,porque consideraba que dicho gobierno tenía una orientación progresista. El propietario de la revista se opuso.

Por esa época un individuo llamado Abderrazzaq Al Jazairi vino a visitar Israel. La prensa y las autoridades israelitas le dieron una cálida acogida. Pusieron en relieve el hecho de que era el nieto del emir Abb-El Qader. Además era un hecho comprobado que se trataba de un traidor a la revolución argelina y que los medios sionistas lo utilizaban para su propaganda contra los países árabes entre la población árabe del interior de Israel. Escribí entonces un violento artículo contra dicho individuo, donde revelaba todas las traiciones que había cometido contra su pueblo y la nación árabe. El propietario se encolerizó y pretendió que aquel Abderrazzaq era “un árabe que hacía un llamado a la paz”. Entonces recogí mis bártulos y me negué a trabajar por más tiempo con aquel que pretendía ser progresista.

De nuevo fui invitado a trabajar en la prensa del Partido Comunista, en Al ittihad y Al Jadi. Volví a emprender la lucha en varios frentes, especialmente en el que concierne a la literatura y su función, al compromiso del escritor junto a su pueblo… El 5 de junio de 1967, nací de nuevo. Después de ese día, las autoridades me condenaron, como a todos los otros poetas progresistas, a residencia obligatoria. No podíamos ir a ninguna parte sin la autorización de las autoridades militares.

Nuestro objetivo es ganar el corazón del pueblo, ya sea con las formas nuevas que hemos creado o utilizando la poesía popular que el pueblo ha creado como ritmos y moldes poéticos. Personalmente, he escrito muchos poemas en ese sentido, utilizando de nuevo las técnicas de los cantores populares.

Somos hijos del pueblo árabe. Nos dejamos penetrar por esos ritmos y esos poemas, por sus cuentos y leyendas. Los tomamos y nos expresamos con ayuda de ellos. Los reutilizamos, los transformamos para llegar a nuestro objetivo: ganar el corazón de las masas populares y sensibilizarlos. La causa palestina es para mí parte integrante del movimiento de liberación árabe en su conjunto y del movimiento revolucionario mundial. Eso está claro en mi poesía. Viví la pesadilla de una “segunda Palestina” en Bahrein, por ejemplo, con el sur arábigo. La carnicería de Kafr Kassem, la situé en el marco de la agresión tripartita contra Egipto. Así fue como concebí los múltiples aspectos de nuestra causa.

Para mí la poesía quiere decir “estoy vivo, existo”. No puedo separar mi poesía de mí mismo. Impedirme escribir es para mí una condenación a muerte.

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