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Fundamentalismo religioso en América Latina.

Hay conservadores que no son fundamentalistas. El fundamentalismo religioso apuesta a ciertos políticos para defender o proteger sus posiciones e intereses, pero esa alianza empieza a moverse: los propios fundamentalistas saltan a la política, ocupan cargos en el Parlamento o en el gobierno, y obligan a los políticos a contar con su voto no solo para ser elegidos, sino para poder gobernar. Para algunos religiosos y estudiosos del tema, el fundamentalismo –que no es privativo de ninguna fe en particular, y puede manifestarse en todas— surge, precisamente, cuando la religión se involucra en la política. Sus alianzas son muy volubles, en dependencia de lo que se oferte y se obtenga de unos u otros, pero en general, dado el carácter ultraconservador de sus dogmas y la creciente influencia de la llamada Teología de la Prosperidad, que establece el culto al dinero y al enriquecimiento individual, esas alianzas tienen por lo general un carácter retrógrado y en muchos casos contrarrevolucionario. Esto adquiere una expresión definida a finales de la década de los sesenta del siglo pasado, en parte como respuesta a la Teología de la Liberación. En los últimos años, el fundamentalismo religioso ha logrado aglutinar a grandes masas de creyentes, inseguras ante las devastadoras crisis económicas y los cambios climáticos. Este panel sesionó en el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) del Ministerio de la Ciencia y la Tecnología, y en él participaron la doctora en ciencias Ileana Hodge, jefa de su Departamento de Estudios Socio-Religiosos, el doctor en teología Reinerio Arce, exrector del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, el doctor en ciencias Maximiliano Trujillo, profesor titular de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana y el Master en Ciencias Pedro Álvarez, investigador del CIPS. (E. U. G.)

Enrique Ubieta Gómez: Empecemos por definir qué es el fundamentalismo religioso y cómo lo diferenciaríamos del conservadurismo en la religión.

 Ileana Hodge: Una cosa es conservar los elementos que pueden sustentar una teoría y otra es tomar esos elementos —buenos, malos, regulares, no vamos a clasificarlos— y hacer de ellos un dogma, “una verdad” que no admite otro tipo de raciocinio. En ese sentido fundamentalismo y conservadurismo tienen una diferencia muy grande.

Reinerio Arce: Ante todo, creo que hay que hablar de fundamentalismos. El fundamentalismo religioso es uno de los tantos que existen. Eso hay que dejarlo bien claro, porque siempre se habla del fundamentalismo religioso, y del cristiano, y se olvida que existen otras expresiones, como el fundamentalismo político, etc., etc. Yo diría que el fundamentalismo es un conservadurismo extremo, es decir, es el conservador que no tiene ya recursos y pasa a una nueva etapa en su forma de pensar, donde aparecen los fundamentos que él quiere defender de manera rígida, como verdades absolutas de su pensamiento en general.

La otra característica importante es que con el conservador se puede dialogar, con el fundamentalista es casi imposible el diálogo, porque ellos son los dueños absolutos de la verdad, sea en el campo que sea. Incluso, también hay que añadir, en el caso del cristianismo, la manera en que se hace referencia a las escrituras, en que se aborda el uso de la Biblia y de los pasajes bíblicos. Y hay una falta de contextualización del pensamiento teológico, bíblico. El fundamentalista no hace un análisis contextual, la verdad es absoluta para siempre.

Maximiliano Trujillo: Quiero insistir en lo que Reinerio ha dicho. En primer lugar, no existe un solo fundamentalismo religioso, los fundamentalismos que se dan en diferentes religiones. Están básicamente vinculados a religiones de libros, es decir, las religiones que producen teología, pero en los últimos años también han aparecido algunas actitudes protofundamentalistas incluso en sistemas religiosos que carecen de libros, lo que da la medida de que están infectados por otras actitudes que han aparecido en la sociedad. Coincido absolutamente con el criterio de que todos los fundamentalistas se auto reconocen como conservadores, pero no necesariamente todos los conservadores terminan siendo fundamentalistas.

El fundamentalismo cuando nace como actitud dentro de la religión, o por lo menos cuando se conceptúa como actitud ante la religión —que es un fenómeno diferente a cuando nace, porque este es un fenómeno muy antiguo, que viene quizás desde la propia Antigüedad— pero cuando se conceptúa, y lo hace a partir de la década del veinte en Estados Unidos, cuando ciertas iglesias, ante el avance de la modernidad en ese país, tras la llegada a su fase imperialista. Cuando comienza a desarrollarse el capitalismo industrial ya no solo en la parte norte de la nación sino también en el sur, que es donde se afinca mucho más el fundamentalismo, hay un grupo de iglesias y hay un grupo de líderes religiosos que temen que ese avance de la modernidad afecte los principios constitutivos, tanto teológicos como morales, que se desprenden presuntamente de la tradición cristiana y judeo cristiana, y comienzan a afincarse en una lectura literal de los textos sagrados, para defenderlos de las interpretaciones vinculadas a ese avance de la modernidad.

Al inicio, puede parecer que estamos frente a un movimiento estrictamente conservador. Lo que pasa es que esa lectura de los textos bíblicos y de otros textos sagrados se produce de una manera diríamos “estrábica” en relación a las posturas tradicionales de los conservadores. Porque son lecturas absolutamente descontextualizadas, como si las verdades allí contenidas —escritas entre el siglo IX antes de la edad cristiana y aproximadamente el siglo II— hubiesen sido verdades trascendentes para cualquier tiempo, y no se permiten lecturas contextuales.

Por tanto, deviene de manera progresiva en una actitud acusatoria o denunciatoria de todo aquel que no asuma esas posturas, acusándolo de hereje, de falso cristiano. Muchas veces esa actitud ha generado en sus seguidores la autodestrucción, que es aún peor para la estabilidad y el equilibrio de las relaciones sociales en muchos contextos. Es un fenómeno que empieza a visibilizarse con mucha más fuerza a partir de la década del setenta del siglo XX, cuando se producen suicidios masivos vinculados a una evolución del capitalismo que antepone la construcción de lo simbólico a la construcción incluso de la racionalidad, y al avance arrollador de las relaciones de mercado que van dejando a Dios desposeído de toda autoridad tradicional dentro de las estructuras sociales, creando nuevos fetiches que la ciudadanía adora.

Enrique Ubieta Gómez: Aprovecho para introducir una pequeña cuña a mi pregunta: ¿qué relación existe entre el fundamentalismo religioso y el político? Frei Betto, por ejemplo, afirma que el fundamentalismo en la religión surge cuando el conservadurismo se alía al poder.

Pedro Álvarez: Hay una cosa que quería expresar refiriéndome a la diferencia entre conservadurismo y fundamentalismo. El fundamentalismo necesita encontrar nuevas vías para expresar sus posiciones antimodernas y en ese sentido, supera de una u otra manera al conservadurismo. Hay que tener en cuenta que el fundamentalismo, además de ser una corriente ideológico-política, también es un estado mental, es una construcción sicológica ante situaciones determinadas de la vida, cuando la persona no encuentra nuevas alternativas para la solución a sus problemas. Si halla voz y voto en una comunidad, en un grupo, en un partido, por supuesto que se convierte en una posición ideológica fundamentalista con respecto a cualquier expresión de pensamiento actual.

Reinerio hace un momento hablaba de los fundamentalismos en plural: hay fundamentalismos religioso, filosófico, político, científico, cultural, intelectual, como quieran llamarlo. Es importante también ver que el fundamentalismo, como busca nuevas formas también se ha transformado, ya no es el fundamentalismo tradicional de hace 50 o 60 años, los neofundamentalismos —como algunos especialistas lo llaman— se adecuan a la situación, e incluso toman elementos de la modernidad para darse a conocer; utilizan las redes sociales, los medios masivos de comunicación, por eso aceptan diferentes formas y expresiones de la vida cotidiana y moderna, que no entraban para nada en el antiguo esquema o en los programa de los fundamentalismos tradicionales, muy encerrados, muy introvertidos y muy esquemáticos. Son capaces de traducir su discurso a las necesidades y a las problemáticas del hombre y la mujer actuales, sin por supuesto dejar atrás los principios fundamentales de la negación y el odio al otro, que en mi criterio, es el miedo al otro que deriva en odio. Esos son los presupuestos fundamentales del fundamentalismo en cualquier época y en cualquier momento histórico.

Ahora, sobre tu pregunta sobre política y fundamentalismo religioso: la política desde el punto de vista más conservador e incluso desde el punto de vista de la derecha es la necesidad de mantener el orden impuesto y los fundamentalistas son altamente normativos, altamente tradicionalistas en lo que se refiere a la defensa del orden impuesto. Mucho más si es un orden neoliberal, como es el actual, un orden capitalista como el que vivimos desde hace muchos siglos: esa es su normatividad. Ese es su discurso, hay que respetar lo que dice la ley, hay que respetar lo que dicen los dirigentes  porque ellos son los que saben y los que por supuesto tienen la voz de Dios, hasta que lo determinen los dirigentes fundamentalistas.

Hay un elemento que se me había olvidado que es el papel del líder, el mesianismo del líder que es tan importante. Este es un elemento que los fundamentalismos modernos han impuesto: la propuesta del líder como creador de discursos, como creador y como constructor de toda una doctrina teológica o política también, que imponga una posición fundamentalista retrógrada, de negación del otro.

Ileana Hodge: En mi primera intervención no me refería específicamente al conservadurismo y al fundamentalismo religioso, hablaba en sentido general para establecer la diferencia entre uno y otro, porque pienso que hay tanto conservadurismo desde la política, desde la ideología, como desde la religión. El vínculo con la política está dado en la fundamentación de ese orden, teniendo en cuenta que es un orden capitalista. En este sentido el líder adquiere una importancia primaria porque va a llevar a su “rebaño” por el camino que él quiere, con sus propuestas, con sus manifestaciones, con lo que le aporta desde el punto de vista ideológico, porque lo construye no solo en una dimensión religiosa sino también con una conciencia política determinada. Ese  líder tiene también un poder económico y le promete al “rebaño” cierta prosperidad. Esa es una de las aristas, tiene otras, que lo ligan al poder político, ideológico y económico. Estos poderes se instauran a través del carismatismo también de esos líderes y de su juego con la conciencia y las condiciones sociohistóricas en que vive la comunidad. El rebaño es un juguete en manos de esos líderes.

Reinerio Arce: Yo creo que el fundamentalismo religioso en última instancia es una manera de apoyar o hacer fundamentalismo político, porque apoya cierta visión política y el mantenimiento, sin cambio alguno, de un sistema político determinado. Sin embargo, hay que hacer una diferenciación entre el líder fundamentalista y el pueblo que lo sigue. Es importante hacer esa diferenciación que a veces no hacemos, porque hay un factor que no es absoluto, y no es siempre, pero hay un factor económico en el líder fundamentalista. Hay muchos líderes carismáticos de iglesias fundamentalistas que viven de eso, y viven bien. Algunos han pedido a comunidades dinero para comprar un avión, porque con un avión privado pueden ir a otras partes del mundo a llevar el mensaje de Jesucristo y el evangelio, o el caso ahora reciente de ese hombre que está preso por abuso sexual en Estados Unidos. Esa es otra expresión de los líderes carismáticos, que se aprovechan de ciertas condiciones históricas, sociales, políticas y económicas del pueblo para manipularlo. Yo creo que ahí es donde nosotros debemos trabajar. ¿Cuáles son las causas para que un determinado grupo de personas siga a ese líder? Creo que no le hemos prestado mucha atención a ese tema esencial.

Enrique Ubieta Gómez: En el contexto de la América Latina actual ¿qué papel ha jugado el fundamentalismo religioso?

Maximiliano Trujillo: Yo quería hacer algunas precisiones. Realmente, entre el conservadurismo político y el fundamentalismo religioso hubo distancias durante mucho tiempo, mientras que el conservadurismo político supo y sintió que no necesitaba de ninguna otra construcción ideológica y espiritual para la garantía del orden en sus propias estructuras y sistema político.

Sin embargo, cuando el conservadurismo político empezó a sentir que su capacidad para controlar ciertas esferas de la vida espiritual de las sociedades capitalistas en crisis –porque son sociedades en crisis cíclicas por lo menos a partir de la Segunda Guerra Mundial– por la consolidación del bloque del Este con todas sus falencias, empezaron a  procurar alianzas de ese orden que son más que espirituales, son de orden ideopolítico, eso es lo segundo a tener en cuenta. Ahora, hay un fenómeno curioso en esas alianzas y es que en la medida en que el fundamentalismo religioso se ha extendido, ha aspirado también a posicionamientos políticos de sus propios líderes y no solo a tener voz mediante un político ajeno a la red eclesial o al sistema religioso del que forman parte.

En América Latina empieza a darse un fenómeno que antes solo parecía específicamente estadounidense, y es que algunos líderes religiosos devienen en líderes políticos y se han presentado en los últimos años a elecciones no sin poco éxito. Ahí están las elecciones en Costa Rica, donde hubo que ir a balotaje y uno de los dos candidatos era un líder religioso. Ahí está el avance en el Parlamento brasileño de varias iglesias y líderes fundamentalistas con voz política propia. Es decir, que no estamos frente a líderes políticos a la que una determinada  institución religiosa sigue, sino que esta ubica, posiciona, a sus propios líderes religiosos como líderes políticos.

En las últimas elecciones de Venezuela uno de los tres candidatos que se presentaron, a pesar del boicot de la derecha, fue un líder de una iglesia fundamentalista y ya sabemos luego el apoyo que tienen ciertos líderes políticos por las bancadas evangélicas, porque esos líderes políticos se apropian de discursos sobre todo de orden moral, ese es el primer frente donde hacen política, en defensa de los fundamentalismos religiosos. Es decir, ellos saben que van a obtener el apoyo de las iglesias fundamentalistas y de los movimientos fundamentalistas tan pronto, por ejemplo, hablen sobre combatir el aborto, combatir a las minorías sexuales, combatir los derechos de las mujeres, combatir los movimientos de izquierda o los movimientos sociales.

Hay algo que se ha puesto muy de moda en la derecha latinoamericana y que tiene todo el apoyo de los movimientos fundamentalistas: el uso peyorativo de los términos ideología de género y del llamado marxismo cultural, presuntamente la fuente filosófica e ideológica que defiende la ideología de género, ante una supuesta pérdida del horizonte de ese marxismo para ganar el poder por las vías tradicionales del siglo XX. Estos fundamentalistas dicen que ahora emerge el marxismo cultural defendiendo ciertas posturas morales para desintegrar los valores de la sociedad occidental. Eso, claro, genera una alianza que le conviene a ambos.

Es lo que acaba de ocurrir en Bolivia, pero lo que pasó en Bolivia tiene matices, no hay que inculpar solo a las iglesias fundamentalistas neopentecostales, hay también un posicionamiento del catolicismo, porque también hay fundamentalismo católico y eso es lo que explica por qué el Papa Francisco enfrenta tantas resistencias no solo en el Vaticano sino también fuera de él. De esto no escapa casi nadie, y lo mismo pasa con los judíos, y no hablemos del fundamentalismo islámico, que es el que demonizan los centros de poder, que tiene fuertes alianzas con el poder político en los países con estados confesionales, y que generan actitudes que son cuestionables y son cuestionadas por el sistema de las Naciones Unidas, porque laceran la dignidad y los derechos humanos de las personas.

Es un fenómeno tremendamente complejo porque en él ocurren muchas interacciones y lo curioso es que los posicionamientos del conservadurismo político que condicionan el fundamentalismo de este tipo, muchas veces subordinan sus propios discursos a los del fundamentalismo religioso, para así traerlos a sus propias bancadas, para traerlos a sus propios partidos. Quizás también para evitar que las bancadas de estas iglesias los desplacen de sus propias aspiraciones políticas.

Hay que ver lo que ocurrió en Brasil. Primero, las iglesias neopentecostales apoyaron a Lula y a Dilma, por políticas del PT indebidas en el orden moral y en otros órdenes, entre ellas, no haber aprobado una ley de aborto, que es una de las falencias del PT en el poder, y que a estas iglesias neopentecostales le parecían propiciatorias de sus propios valores y discursos, y luego, cuando Dilma empezó con la aplicación de ciertas políticas que desconfiguraban lo que ellos creían que eran sus valores, apoyaron un discurso emergente como el de Bolsonaro. Es decir que la movilidad política de estos fundamentalismos religiosos a veces es impredecible, porque depende de qué discurso tenga el sistema político o el partido político que esté en el poder. No significa que el fundamentalismo se subordina a los intereses de un partido, sino que subordina a ese partido a sus intereses en el orden sobre todo moral, que es donde han hecho mayor énfasis además de en el orden económico.

Obviamente, todos de forma general defienden la teoría de la prosperidad que está directamente vinculada a los principios lógicos del neoliberalismo y que implica que la pobreza es responsabilidad individual, que no responde a las estructuras deformadas de una sociedad que hace de la acumulación y del mercado el nuevo Dios para regular todo tipo de relación económica, que los culpables de ser perdedores son los perdedores. Por tanto si usted no quiere ser perdedor alíese a estas iglesias y estas y los líderes carismáticos lo ayudarán a encontrar el camino de la fortuna que según ellos, y contra lo que dice el cristianismo tradicional, es el camino de Dios. Porque lo que dicen estos teólogos es que Dios no quiere a nadie pobre, que eso es un invento de los traidores a la palabra divina, que Dios quiere a todo el mundo rico, que los que no son ricos son los que son fariseos, y eso es tremendamente peligroso porque se aviene muy bien con lo que el neoliberalismo defiende como doctrina económica, que es también fundamentalista en muchos órdenes.

Pedro Álvarez: Creo que para analizar y para combatir hoy esta ofensiva fundamentalista hay que ser crítico y autocrítico. Creo que las izquierdas han subestimado a las iglesias y a los grupos fundamentalistas que vienen haciendo un trabajo muy inteligente, muy bien planificado y organizado, por supuesto con una base financiera que sabemos viene de los Estados Unidos, pero que la han sabido utilizar muy bien, la han sabido multiplicar muy bien, eso es lo más interesante.

Eso pasó con las iglesias evangélicas en Brasil, en Perú, en Colombia, con el movimiento masivo de las personas hacia las ciudades y cómo en parte, por supuesto en parte, esta cultura campesina, que tiene una carga tradicional importante, no supo ser bien leída por las izquierdas tradicionales. Los fundamentalismos se aprovechan de las reformas de las izquierdas y las hacen aparecer como logros de sus iglesias, sobre todo de las neopentecostales, porque desgraciadamente, estas izquierdas han tomado el modelo de mercado como parte de su modelo de desarrollo, y lo han matizado con políticas de desarrollo social, aunque la esencia siga siendo el mercado.

Recuerdo las palabras del ministro de economía de Lula que decía: nuestro país puede contar con una clase media que puede ir al mercado y comprar con la tarjeta, cosa que nunca había podido hacer hasta el momento. La atomización de esa propia izquierda, la desvinculación del liderazgo con las masas, ha permitido que la vía sea tomada por la derecha. Eso ha sido muy bien aprovechado por las iglesias evangélicas conservadoras y fundamentalistas. Hay que señalar críticamente también la insuficiente utilización por parte de las izquierdas de las tecnologías, de las comunicaciones, de las TICs.

Hay que recuperar ese espacio, porque las iglesias evangélicas lo han tomado y lo han llenado de mentiras, de lecturas parciales de la Biblia. Es muy interesante comprobar la capacidad pragmática del neofundamentalismo, que le permite adecuarse a las situaciones históricas, a las necesidades y a las capacidades que tenga en cada momento. La creación de sistemas de ayuda mutua, que en estas democracias latinoamericanas se apoyaron en las transformaciones de la izquierda, lograron tener visibilidad, en Brasil, en Bolivia en Perú, en Colombia, un poquito menos en Ecuador, en Chile menos por supuesto, por la acción de la católica, en Argentina tuvieron también cierta visibilidad. Hay un reportaje que publica un periodista brasileño dos días después de la victoria de Bolsonaro en el que narra su experiencia en una de las favelas de Sao Paulo y cuenta que en una sola calle encontró cinco iglesias evangélicas pequeñitas llenas de gente, pero no encontró un solo local del PT.

Ileana Hodge: Pedro habló de la relación entre poder político y espacio social y yo voy a empezar por la crisis de credibilidad que enfrenta el mundo, tanto religioso como no religioso. No se confía en los partidos políticos y no se confía en algunas iglesias. Las personas están buscando dónde construir ese reino de Dios. Los fundamentalistas juegan a una construcción nueva, muy específica, de ese reino de Dios. Una de las condicionantes de este fuerte fundamentalismo con toda su capacidad pragmática, es la crisis de credibilidad. Y también, la socialización del sistema de ayuda mutua, porque las personas buscan una solidaridad que reciben de cierta forma en estos grupos fundamentalistas. Y hemos hablado de lo que pasó en América Latina, pero tenemos que mirarnos por dentro, ¿qué está pasando en nuestros barrios?, ¿qué está pasando con estas iglesias de diferentes cortes fundamentalistas?, ¿cómo mueven a las masas, dónde las ubican?, ¿qué necesidades le están ayudando a canalizar? Y ¿cómo se están preparando los nuevos delegados del Poder Popular para ser parte de sus bases, para buscar ese espacio social y esa movilidad social que nuestro propio sistema —por deficiencias, unas justificadas y otras no—, deja desatendido?

No es la Cuba de los años sesenta o setenta. Esas iglesias fundamentalistas le dan una vuelta de tuerca a ese conservadurismo y buscan nuevas vías de ascenso social utilizando nuestros propios espacios sociales.

Enrique Ubieta Gómez: ¿Cómo la comunidad religiosa tradicional ve este proceso?

Reinerio Arce: Durante la Segunda Guerra Mundial hubo un  intento por parte de los fascistas de controlar la Iglesia, no de participar, pero sí de controlar la Iglesia y el fascismo hizo negociaciones con la Iglesia evangélica, de ahí surge la Iglesia confesante, que es una crítica a la posición de las iglesias evangélicas en relación con el fascismo. En aquel momento se trataba de controlar, ahora estamos en una etapa de participación activa, con intereses propios.

A mí me parece necesario que al hablar del fundamentalismo en Estados Unidos y en América Latina, incluyamos los problemas de nuestro país. Porque ya lo tenemos aquí, con un proyecto político que crece y que es sumamente peligroso, porque detrás de su posicionamiento hay una intención política. Pero es necesario que diferenciemos a los líderes fundamentalistas del pueblo que los sigue, y estoy hablando de manera muy subjetiva. No es controlando a los líderes que vamos a resolver el problema. Y realmente, ya se mencionó: hay que trabajar con las personas y ver por qué hay grupos, incluso personas muy preparadas —si usted va a cualquier iglesia ve médicos, abogados, son personas muy preparadas— que participan.

¿Por qué? En primer lugar, pienso que hay una pérdida de sentido de vida, y ellos le dan un sentido a sus vidas. En segundo lugar, creo que también —y ahora acabamos de participar en un evento sobre la crisis climática—, hay una inseguridad y un miedo al sufrimiento y a lo que va a pasar, sin solución, porque por mucho que hablamos de los cambios climáticos y de todo lo que vamos a hacer, la naturaleza se está destruyendo, entonces ¿esa es la acción de Dios?, ¿se aproxima el juicio final? Estos grupos le ofrecen seguridad a las personas, alivian el sufrimiento, por lo menos le dan un contenido falso a sus vidas, pero que les sirve. La consigna es: “¡No vas a sufrir más!” o “¡Para de sufrir!”

Tenemos que trabajar con esos grupos. La responsabilidad es nuestra, y todos tenemos que aportar en ese proceso, los políticos, las ciencias sociales, y nosotros las cristianas y cristianos que planteamos otra manera de entender el evangelio. El problema consiste en ver a las personas, no a los grupos, a las personas que participan, por qué lo hacen, y ofrecerles una alternativa: dar seguridad, explicar el hecho de que la crisis climática no tiene nada que ver con los planes divinos, los planes de Dios, al contrario, tenemos que ser sus colaboradores para solucionar los problemas que enfrenta la Tierra y de alguna manera tratar de incidir en esos grupos.

Se usa la Biblia como talismán, el golpista de Bolivia llevó la Biblia al Parlamento, pero la Biblia no es eso, lo que hay que entender es el contenido de la Biblia y cómo leerla de manera contextual, lo que nos dice, el mensaje, que es un mensaje de vida, de participación, de compromiso social.

La teología de la prosperidad chantajea a las personas: tú no eres rico porque no eres suficientemente activo en la iglesia, no eres rico porque no das suficiente dinero. Yo participé en un culto en Brasil hace algunos años de un grupo carismático pentecostal fundamentalista y había una mujer muy pobre y el pastor le decía: tú eres pobre porque no das dinero —la mujer no tenía dinero ni para comer— no me das dinero para la iglesia y entonces tú eres responsable de tu pobreza porque no das, porque no participas lo suficiente o porque no me sigues de alguna manera.

Insisto, tenemos que darle la importancia que tiene. Nosotros en las iglesias, pero también los políticos, los científicos sociales, porque eso es una realidad que pone en peligro el sistema, que pone en peligro lo que hemos construido durante todos estos años. Tenemos a veces, una respuesta muy autosuficiente, muy acrítica de los problemas, esta es la punta del iceberg, está demostrado que por ahí vienen, este es el tema y después se van a sumar otros, esta es la punta de lanza para destruir un proceso en el que hemos avanzado tanto.

Maximiliano Trujillo: En principio, nosotros tenemos una realidad que se diferencia de la del resto de América Latina en todos los órdenes, en cuanto a construcción de sistema político —y eso es una fortaleza— y también diferente en la manera en que este país, en estos 60 años, ha procurado producir y distribuir riquezas, lo que es una herejía frente a las “concepciones mundo” sobre la producción y distribución de riquezas. A todo ello se suma que tenemos una compleja historia de relaciones con las instituciones y los sistemas religiosos. Por tanto, en Cuba no puede funcionar la represión o la exclusión de esos grupos como solución, lo que significa que estamos en una situación más desventajosa que las que tienen otros países para enfrentar esa misma problemática. En Cuba el sistema político tiene que enfrentar a esos movimientos —es la única palabra posible en un contexto tan peligroso como este—, a base de inteligencia.

Hay un grave problema que sufre la sociedad cubana desde hace 30 años, por lo menos, y es la pérdida del horizonte, de la confianza del ciudadano en el futuro. En Cuba la actitud de resistencia que fue necesaria en los noventa, en algunos produce la sensación de que no es posible mejorar, porque lo único que hay que hacer es preservar y ya, lo que en sí mismo es una actitud conservadora. Y son espacios que dejamos abiertos para los que prometen prosperidad y futuro.

Tenemos un desafío ahí de orden ideológico y es cómo vamos a hablar, qué se le va a prometer a la ciudadanía y cómo se van a ejecutar esas promesas, porque además se invalidaría el sistema político también si promete lo que no sería capaz de cumplir. Y el desafío es aún más grande en condiciones de un bloqueo arreciado en los últimos años. Pero el bloqueo no puede convertirse en un impedimento para que el país genere una estrategia de futuro que promueva expectativas de mejoría en la población, porque si no le estamos entregando los espacios de socialización a esos sectores que sí prometen desde sus propias comunidades la solución a las problemáticas de vida cotidiana de los individuos.

En América Latina es común que se sumen a esas iglesias personas excluidas, ignorantes, pero no es lo que ocurre en Cuba. En Cuba hay médicos, ingenieros, profesores, etc., etc. Yo fui invitado por mis vecinos a una iglesia del apostolado y vi personas de todos los grupos y sectores de la sociedad cubana y lo peor es que asumen las posturas más radicales en relación con la moralidad, con las relaciones económicas existentes en el país, en relación con el sistema político del país, y uno no puede explicárselo, porque la mayor parte de ellos son lo que son gracias a las políticas públicas de la Revolución. Pero han roto con nosotros porque están pretendiendo un horizonte de fututo que no prometemos.

Enrique Ubieta Gómez: Creo que hay conciencia de ello. No por gusto se habla en nuestros documentos rectores de un socialismo próspero y sostenible y si nos fijamos bien, el discurso de nuestro Presidente siempre es optimista, esperanzador.

 Maximiliano Trujillo: Claro, ese es el nuevo horizonte que estamos construyendo, pero a veces en la base no se ve, allí el discurso parece inamovible, porque muchos no se dan cuenta de que hay que autogestionar el discurso en la misma medida en que hay que autogestionar los recursos. Si a los gobiernos municipales se les va a dar más autonomía, también los gobiernos municipales tienen que generar un liderazgo que movilice los discursos y los hechos, porque estas iglesias echan sus batallas en las comunidades, ahí es donde debemos ganar la batalla.

A esto se suma que las iglesias tradicionales también tienen que movilizar sus estructuras sin hacer concesiones, como ya han hecho algunas, creo yo, para enfrentar esta problemática, porque lo que ha ocurrido con algunas iglesias tradicionales, podríamos decir, las históricas menos, pero con algunas tradicionales, es que han hecho concesiones en el orden organizacional teológico para ganar feligreses y para ganar financiamiento, y cuando uno las mira, comprende que ya no son lo que eran, son otra cosa. Por tanto, la batalla es multidimensional, no es una batalla que tenga que enfrentar solo la estructura estatal, la tiene que enfrentar también la sociedad civil cubana con imaginación, con solidez y sobre todo con capacidad para convencer al otro de qué lado está la verdad.

Pedro Álvarez: Creo que en Cuba se ha desatendido desde hace muchos años la cultura religiosa. Cultura religiosa no quiere decir proselitismo religioso. Creo que hay que hacer más, no es que se haya dejado totalmente de las manos. Es importante el reconocimiento de la diversidad cultural del pueblo cubano, porque una de las bases del fundamentalismo evangélico es la afirmación de que en Cuba no existe otra cosa que el Evangelio y Cristo. Hay todo un discurso que sataniza toda expresión cultural religiosa y política que no sea la del evangelismo fundamentalista neoliberal o teología de la prosperidad.

El otro elemento que hay que tener en cuenta es el respeto a la laicidad. En estos últimos años, ya sea por desconocimiento, o por desatención de esa cultura religiosa, no se ha respetado la laicidad del pueblo y del Estado cubano. He visto ejemplos dentro de los medios de comunicación donde no se ha reconocido esa diversidad. Los espacios son para respetar a los demás.

Otro elemento sería la incertidumbre del día a día, a veces no tenemos en cuenta que esa incertidumbre es lo que se utiliza por parte de estos fundamentalistas. Hay que tener en cuenta que ellos lo que prometen lo cumplen, porque tienen una red de apoyo, no solamente interior sino exterior, que garantiza que ese motor del agua que le hace falta a aquella persona mayor que se le rompió llegue a los 25 días. Y eso, por supuesto, no lo puede garantizar ni el Partido, ni los órganos del Poder Popular desgraciadamente. Claro, estamos conscientes como revolucionarios e investigadores, que no es lo mismo darle de comer a 100 personas que darle de comer a 11 millones de personas, eso es matemática pura, pero hay que tener en cuenta el trabajo casa por casa, el trabajo persona a persona que hacen todos estos líderes mesiánicos evangélicos. Son capaces de conocer el nombre, los apellidos y las necesidades de cada persona, algo que no siempre hacemos nosotros en la base, porque estamos tan atorados o tan imbuidos en otras problemáticas que no nos damos cuenta de que esos pequeños huecos que dejamos, lo van a tomar los fundamentalistas.

Necesitamos con urgencia construir una alianza entre política, academia y religión, como mismo se establecen alianzas entre los sectores políticos conservadores y las iglesias fundamentalistas en América Latina, tiene que haber una alianza urgente entre estas alternativas de la izquierda a nivel regional y a nivel nacional.

Hay una campaña de estigmatización de la historia nacional por parte de estas iglesias evangélicas. Hay una utilización de la posverdad, como decía Frei Betto hace unos días, una abierta y total manipulación de la historia y por ahí comienza la deconstrucción de toda la identidad cubana, que es el objetivo final de estos movimientos fundamentalistas en Cuba; la destrucción de la nacionalidad cubana, aunque algunos de ellos se auto titulan patriotas.

El reconocimiento de que existe una búsqueda de sentido y de espiritualidad en el cubano y eso el Partido, el Estado, el Gobierno, todos, tenemos que reconocerlo; no es solo a través de la búsqueda económica, llenándonos el estómago, que vamos a resolver el problema, también hay una búsqueda de espiritualidad, de sentido en el cubano, cada vez más fuerte. Esto lo hemos visto entre los grupos neopentecostales del país, yo he visto llegar a un pastor y decir: vamos a convertir el acero quirúrgico en oro y habían más de 400 personas en ese lugar ansiosos por convertir sus anillos, sus aretes y otras prendas en oro y no se dieron cuenta de la manipulación burda que le estaba haciendo esa persona que había venido de otro país de América Latina.

Es la misma manipulación burda de decir que María llegó a Jerusalén llena de oro porque necesitaba demostrar que era rica, y que Jesús llegó a las puertas de Jerusalén montado en un burro Mercedes-Benz, y todas las personas que estaban ahí, que eran muchas, aplaudían a trueno. Como esos hay innumerables ejemplos.

Reinerio Arce: Yo creo que ese es el trabajo que tenemos que hacer como Iglesia. Ellos están prometiendo el reino de Dios y el fin del mundo y no llega, manipulan las necesidades de las personas, pero sí prometen y cumplen otras cosas. Yo quiero enfatizar algo: primero la necesidad de la que hablaba Pedro de esa alianza, tenemos que fortalecer la alianza de la cual precisamente hablaba Fidel, la alianza estratégica entre los cristianos, los marxistas y todo el que quiera participar en la construcción de esta Cuba mejor que estamos tratando de hacer con gran esfuerzo. En ese sentido pienso que el presidente Díaz-Canel está haciendo un esfuerzo en esa dirección. Hace unos días en una reunión con los ministros utilizó una frase: “los dirigentes tienen que ir a los municipios porque ahí es dónde está el pueblo”, estoy parafraseando la idea desde luego, pero enfatizaba esto, los dirigentes tienen que ir a donde está la gente y eso lo hacen los fundamentalistas, pero no lo hacemos siempre nosotros. Yo creo que en ese sentido el Presidente está haciendo un esfuerzo porque se cumpla esto, porque ese espacio que se deja libre es el espacio que ellos utilizan. Hay que enfatizar en la alianza, el trabajo conjunto, la ayuda mutua para trabajar juntos en esa dirección. Y las ciencias sociales, la psicología particularmente, tiene que estudiar este aspecto personal de cómo la gente encuentra en esas falsas promesas el sentido espiritual, cuáles son los mecanismos psicológicos y sociales que utilizan para manipular de esa manera burda a personas educadas, preparadas. Eso es un reto para las ciencias sociales.

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Un comentario

  1. No puedo estar más de acuerdo con los entrevistados. Creo que muy poco se está tratando este tema en nuestro país. Como siempre he dicho, aunque no soy religioso, estoy orgulloso de vivir en un país donde existen todo tipo de religiones y creencias y todos nos llevamos bien. Pero estamos en peligro de perder esa tranquilidad. Hay que tener en cuenta que muchas de esas personas que pertenecen a esos cultos son también dirigentes en algún lugar. Hay que tener mucho cuidado con nuestras Fuerzas Armadas y los órganos de seguridad. No es que no existan religiosos, el problema se da cuando el fundamentalismo empieza a aparecer en esos sectores.
    Para mi lo ocurrido en América Latina es un aviso de lo que podría ocurrir en Cuba. Personalmente conozco cristianos que poco a poco se radicalizan, aunque ni siquiera se dan cuenta de que pierden la racionalidad al analizar las Sagradas Escrituras o una medida del gobierno que favorece al pueblo.
    Quisiera que este artículo se publicara también en Cubadebate. Tal vez algunos logren reaccionar o al menos se hagan las preguntas correctas sobre el camino que están tomando sus vidas.

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